Salir de Costa Rica con una bebé de seis meses en brazos y sin dominar el inglés no fue fácil para María Fernanda Beita, una joven generaleña de 28 años que decidió apostar todo por el llamado sueño americano.
Nació en Pérez Zeledón, fue criada entre Convento y Volcán de Buenos Aires, y su historia es la de miles de ticos que cruzan fronteras con la esperanza de construir un futuro mejor, pero también es el reflejo de cómo la identidad y las raíces pueden convertirse en el motor de un emprendimiento exitoso.
“Al principio fue muy difícil, como todo hispano en este país. Llegué con mi bebé, tenía que buscar trabajo, ver quién me la cuidaba y además enfrentar el idioma. Si uno no sabe inglés, todo cuesta el doble”, recuerda María Fernanda.
Valentía y una oportunidad
La necesidad de generar ingresos la llevó a mirar hacia sus propias manos. Ahí estaba la respuesta: la cocina, ese legado que comenzó a formarse desde su paso por el Colegio Técnico Profesional de Buenos Aires de Puntarenas y que terminó de florecer gracias a su abuela, doña Sonia Ramírez, de 78 años, y su madrina, Lorena Fajardo.
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“Mi abuelita fue quien me dio la cuchara generaleña. Ella me enseñó a cocinar y mi madrina también, poco a poco. Nunca imaginé que eso iba a ser lo que me iba a sacar adelante en otro país”, cuenta.
Sin trabajo y con una bebé pequeña, tomó una decisión que cambiaría su vida: empezar a vender un postre.
“Yo dije: ‘tengo que hacer algo, tengo que generar un ingreso’. Empecé con un tres leches y ese fue el que me abrió todas las puertas”.
De regalar postres a construir un negocio
Lo que comenzó como un gesto entre familia, pronto se convirtió en un negocio. Su esposo, Huberth Guzmán, llevó porciones de tres leches a su trabajo, donde el sabor hizo lo suyo. Ella viajó al sueño americano con su esposo y él rapidito encontró trabajo.
“Al inicio yo lo regalaba, pero los compañeros de mi esposo le dijeron que me dijera que eso no se podía regalar, que tenía que venderlo”, recuerda entre risas.
Así nació, en 2018, un emprendimiento que empezó sin nombre, sin carro y con muchas limitaciones. Pero con algo clave: determinación e ilusión.
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Los fines de semana, su esposo caminaba largas distancias por Manville, Nueva Jersey, cargando hieleras para ofrecer los postres en restaurantes.
“Usted tiene el sazón y yo el carisma para venderle a todo el mundo”, le decía él. Y así fue. Poco a poco comenzaron a llegar los pedidos. Huberth siempre volví a con las hieleras vacías, vendía todo.
Kindy’s Pastry 506
Con el crecimiento del negocio, llegó también la identidad. Así nació Kindy’s Pastry 506, un nombre cargado de amor y raíces: el apodo de su hija Jimena, el oficio que la sostiene y el código que la conecta con Costa Rica.
Hoy el emprendimiento ofrece una amplia variedad de repostería y comida típica costarricense: desde tres leches, flanes y queques, hasta enchiladas, pasteles de carne, cachitos y pañuelos.
“He tratado siempre de innovar, pero manteniendo el mismo sabor de Costa Rica. Los ticos aquí me han recibido muy bien. A la gente le encanta y los clientes siempre vuelven”, afirma.
Tradición que emociona y se hereda
Durante la pasada Semana Santa, María Fernanda preparó cerca de 100 empanaditas de chiverre, además de opciones de guayaba, piña y dulce de leche, un producto altamente buscado entre la comunidad tica.
Aunque el proceso es distinto en Estados Unidos, donde consigue el chiverre en conserva en supermercados latinos, el sentimiento sigue intacto.
“Cuando hago empanaditas de chiverre me da mucho sentimiento. Me acuerdo de mi abuelita haciendo la miel desde cero, el arroz con leche… ahora me toca a mí hacerlo para mi familia y para mis clientes”, expresa.
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Ese amor por la cocina también lo hereda su hija Jimena, de 8 años, quien ya muestra interés por aprender.
“A ella le encanta la cocina, le fascinan las empanaditas de chiverre. Poco a poco va aprendiendo y eso me llena el corazón”.
El sueño sigue creciendo
A pesar del éxito, hay un anhelo que sigue latente: regresar a Costa Rica. “Tengo ocho años de no volver. Es mi sueño poder regresar, ver a mi familia, compartir con ellos”, dice con nostalgia.
Mientras tanto, continúa trabajando con dedicación, agradecida por cada oportunidad.
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“Jamás imaginé que la cuchara tica me iba a dar para un emprendimiento. No creí que mi sueño americano iba a estar en un don que tengo en las manos. Le doy gracias a Dios por lo que estoy viviendo y a los ticos que valoran lo que hago”, dice con tremenda alegría.
Para los ticos en Nueva Jersey pueden escribirle a María Fernanda al WhatsApp: +1-908-644-9471.






