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En Costa Rica las bicicletas tenían placa y un tico conserva dos de estas joyas invaluables para la historia

Alajueliteño maneja dos bicicletas que tienen placas metálicas, las cuales son un recuerdo de la época en que las bicicletas también debían estar inscritas para circular por Costa Rica

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En pleno centro de Alajuelita vive un joven que tiene dos tesoros sobre ruedas. No son bicicletas eléctricas ni modelos modernos de esos que llaman la atención por su tecnología, sino dos antiguas de la marca inglesa Raleigh que, además, guardan un pedacito de la historia costarricense.

Se trata de Ángel Núñez Montenegro, de 27 años, quien conserva dos bicis que, según cuenta, tienen más de un siglo de historia.

Alajueliteño Ángel Núñez maneja dos bicicletas que tienen placas metálicas las cuales son un recuerdo de la época en que las bicicletas también debían estar inscritas para circular por Costa Rica.
Ángel Núñez Montenegro tiene 27 años y conserva dos antiguas bicicletas Raleigh que todavía utiliza para ir a trabajar por las calles de Alajuelita. (Eduardo Vega Arguijo/Eduardo Vega Arguijo)

Pero hay un detalle que las hace todavía más especiales: ambas mantienen sus placas metálicas, de cuando en Costa Rica las bicicletas debían estar identificadas para circular por las calles.

Una se llama La Negra y la otra La Militar. Ángel no las tiene guardadas para que acumulen polvo, sino que las cuida, las repara y hasta las utiliza para trasladarse al trabajo.

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La Negra perteneció a su abuelo, Hugo Núñez Ramírez, quien falleció hace cuatro años. Don Hugo utilizaba aquella bicicleta para viajar desde Alajuelita hasta su trabajo en el centro de San José, por el sector del Paseo de los Estudiantes.

Alajueliteño Ángel Núñez maneja dos bicicletas que tienen placas metálicas las cuales son un recuerdo de la época en que las bicicletas también debían estar inscritas para circular por Costa Rica.
Las placas metálicas son uno de los detalles más especiales de las bicicletas de Ángel, pues recuerdan la época en que estos vehículos debían estar identificados para circular en Costa Rica. (Eduardo Vega Arguijo/Eduardo Vega Arguijo)

Ahora es su nieto quien continúa la tradición y pedalea en una bicicleta que representa mucho más que un medio de transporte.

“Es algo de traspaso familiar, ya por herencia. Estos modelos clásicos todavía siguen en función, ya restaurados de acuerdo con cómo eran en su época. Se utilizan para ir y volver del trabajito mío”, contó Ángel.

El joven forma parte de la quinta generación de una familia cletera. Su deseo es que la tradición no termine con él y que quienes vengan detrás también puedan conocerlas y utilizarlas.

“Las mantenemos para la siguiente generación, para que las vayan a disfrutar”, aseguró.

Alajueliteño Ángel Núñez maneja dos bicicletas que tienen placas metálicas las cuales son un recuerdo de la época en que las bicicletas también debían estar inscritas para circular por Costa Rica.
Ángel aprendió de su abuelo a reparar bicicletas antiguas y hoy mantiene viva esa enseñanza al restaurar sus propias joyas y ayudar a amigos que también las coleccionan. (Eduardo Vega Arguijo/Eduardo Vega Arguijo)

El cariño por estos vehículos también lo llevó a aprender mecánica. Su abuelo le enseñó a repararlos y hoy él continúa con esa enseñanza, restaurando las bicicletas familiares y ayudando a amigos que también conservan modelos antiguos.

Las placas metálicas son uno de los detalles más llamativos de las Raleigh de Ángel. En Costa Rica, las primeras placas para bicicletas datan de 1930 y las últimas se fabricaron en 1968.

Cuando estos vehículos comenzaron a popularizarse, las autoridades pusieron requisitos para regular su circulación. Quienes querían andar en bicicleta debían inscribirla, obtener licencia y colocarle la placa metálica correspondiente.

Alajueliteño Ángel Núñez maneja dos bicicletas que tienen placas metálicas las cuales son un recuerdo de la época en que las bicicletas también debían estar inscritas para circular por Costa Rica.
La placa se podía pegar adelante o atrás, lo importante era andarla siempre y visible. (Eduardo Vega Arguijo/Eduardo Vega Arguijo)

Entre 1940 y 1960, además, el permiso debía renovarse cada año y había que pagar derechos de circulación. El marchamo era pequeño y se pegaba en la placa para demostrar que la bicicleta estaba al día.

Las reglas también incluían varios temas de seguridad: no se podía circular de noche sin luces y la placa debía estar visible. De incumplir las disposiciones, el ciclista podía exponerse al decomiso de su bicicleta y una multa.

Ángel explica que, con el paso del tiempo, muchos marchamos se despegaron y las placas dejaron de utilizarse. Por eso, encontrar ejemplares antiguos que todavía las conservan resulta especialmente llamativo.

Alajueliteño Ángel Núñez maneja dos bicicletas que tienen placas metálicas las cuales son un recuerdo de la época en que las bicicletas también debían estar inscritas para circular por Costa Rica.
La Negra perteneció al abuelo de Ángel, Hugo Núñez Ramírez, quien viajaba en ella desde Alajuelita hasta su trabajo en el centro de San José. (Eduardo Vega Arguijo/Eduardo Vega Arguijo)

La historia de estas placas también deja una pregunta pendiente: ¿dónde quedaron los registros de aquellas bicicletas inscritas hace tantas décadas?

En aquella época, los trámites estaban vinculados con la Dirección General de Tráfico. Sin embargo, no se ha podido confirmar qué ocurrió con los expedientes históricos ni dónde se conservan.

El Registro Nacional nos explicó que el Registro de Bienes Muebles tiene entre sus competencias la inscripción de derechos sobre bienes muebles y la adjudicación de matrículas de los bienes inscribibles. Esa información describe sus funciones actuales, pero no permite confirmar si conserva los registros de las antiguas placas de bicicletas.

Alajueliteño Ángel Núñez maneja dos bicicletas que tienen placas metálicas las cuales son un recuerdo de la época en que las bicicletas también debían estar inscritas para circular por Costa Rica.
Eso que está viendo, sobre todo para los jovencitos, es el pito, dos cornetas de aire que al apretar eso negro de hule provocaban sonido. (Eduardo Vega Arguijo/Eduardo Vega Arguijo)

Las placas metálicas para bicicletas se dejaron de hacer y asignar en 1968 y el Registro Nacional se fundó en 1972.

Mientras tanto, las Raleigh de Ángel siguen rodando y sus placas mantienen viva la memoria de una época en la que hasta las bicicletas debían tener su identificación.

Don Josué Barrantes publicó en Fotos Antiguas de Costa Rica la licencia de su abuelito.
Don Josué Barrantes publicó en Fotos Antiguas de Costa Rica la licencia de su abuelito que es de 1939 extendida por la Dirección General de Tráfico. (Facebook/Tomada de Facebook)

La historia de Raleigh comenzó en Nottingham, Inglaterra, en el siglo XIX. La marca tomó su nombre de Raleigh Street, la calle donde se encontraba el taller que dio origen a una empresa que llegaría a convertirse en una de las más reconocidas de la industria de las bicicletas.

Eduardo Vega

Eduardo Vega

Periodista desde 1994. Bachiller en Análisis de Sistemas de la Universidad Federada y egresado del posgrado en Comunicación de la UCR. Periodista del Año de La Teja en el 2017. Cubrió la Copa del Mundo Sub-20 de la FIFA en el 2001 en Argentina; la Copa del Mundo Mayor de la FIFA del 2010 en Sudáfrica; Copa de Oro en el 2007.