Cristina Obando Treminio dejó hace 30 años su natal Nicaragua y se vino para Costa Rica en busca de trabajo para mandarle dinero a su familia.
Cuando llegó al país tenía solo 18 años y empezó a trabajar en casas como trabajadora doméstica.
Tres años después conoció al amor de su vida: René Hernández Altamirano; se fue a vivir con él y tuvieron siete hijos.
La pareja construyó una familia amorosa. Con mucho esfuerzo y trabajo fueron sacando a sus hijos adelante; sin embargo, el sueño de verlos crecer felices se convirtió en una pesadilla hace tres años.
A Cristina y René les dieron una casa de bien social en el proyecto Villas Marcel, en Carrillo, Guanacaste, y se fueron a vivir ahí con sus chiquitos.
Según relata Cristina, un terrible día unos vecinos de ese lugar llamaron a su hijo de 10 años que estaba jugando en la calle, lo metieron a una casa y lo intoxicaron con drogas. El pequeño quedó grave y tuvo que ser llevado al hospital.
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A raíz de eso, ellos pusieron una denuncia judicial, lo que enojó mucho a los hombres que habían cometido el terrible acto. Eso hizo que empezaran una serie de amenazas.
Un escudo de amor: El asesinato de su esposo
Desde hace 16 años, Cristina es vendedora ambulante; hace elotes y yoles, que son unos tamalitos de elote tierno. Su hijo mayor, José Manuel, la ayudaba a vender sus productos desde que tenía 11 años, pues era muy empunchado.
Un día, cuando ella y el muchacho regresaban a la casa de trabajar, se toparon con los hombres que habían intoxicado al pequeño de 10 años y estos comenzaron a decirles cosas terribles.
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“Faltaban dos días para el juicio. Le avisamos por teléfono a mi esposo que nos estaban siguiendo y él llegó para protegernos. Me iban a disparar a mí y él se metió como un escudo; recibió tres balazos. Murió hincado, dando la vida por mí y sus hijos”, narró con dolor.
Una nueva pérdida: El adiós de su “mano derecha”
Tras el asesinato de René, la tragedia no dio tregua. Su hijo José Manuel cayó en una profunda depresión tras presenciar el crimen de su padre y eso lo llevó a la muerte.
“Se fue consumiendo como una esponjita. No resistió la muerte de su papá. Hace 10 meses le dio un paro y se me murió. Era mi mano derecha, mi apoyo”, cuenta doña Cristina.
Actualmente, el muchacho que había sufrido la intoxicación afronta graves secuelas psicológicas por ese episodio y por haber presenciado los fallecimientos de su papá y su hermano. Todo esto ha llevado a la familia a vivir una situación de extrema vulnerabilidad.
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Tuvieron que dejar la casa que les dieron porque solo uno de los hombres que participó en el homicidio fue encarcelado; los demás están libres y eso les da temor.
Ahora viven en Santa Cruz y luchan por salir adelante, pero ven la vida cuesta arriba.
El sueño de la estabilidad a base de elotes y yoles
Cristina no se rinde. Ella es muy conocida por los ricos productos que vende y todos los días sale a las calles a ofrecer los elotes y los yoles para llevar el sustento a su hogar.
Su sueño, y el que era el plan de su hijo José Manuel, es establecer un puesto fijo o una pequeña soda.
“La gente ya conoce mi producto, es bueno. Mi sueño es tener paz y una sodita donde pueda estar estable con mis hijos”, comentó.
La familia vive en condiciones precarias en un lugar prestado. La situación es crítica, no tienen camas y en un solo colchón duermen hasta tres personas.
Durante unos meses estuvieron recibiendo ayuda del IMAS, pero ya se acabó. Hace unos días fue a solicitarla de nuevo y quedó en lista de espera.
“Tengo que ir a renovar mi residencia porque ya se venció y así no puedo ir al EBAIS ni nada y necesito estar en tratamiento porque tengo la presión alta y por otras dolencias. Lo que pasa es que la renovación cuesta 180 mil colones y no tengo esa plata”, contó.
A pesar de todo, su hija Heidy está a punto de graduarse en Administración de Empresas, lo cual es un rayo de esperanza entre tanta oscuridad.
Además, su hijo de 25 años trabaja en construcción y le ayuda a su mamá con lo que puede.
¿Cómo ayudar?
Si usted quiere ayudar a esta familia, ya sea con víveres, camas o dinero para que ella pueda renovar su residencia y ayudarse con los gastos de la casa, puede contactar a Heidy al celular 6028-0310 (doña Cristina no tiene celular). También puede hacer transferencias por SINPE Móvil a ese mismo número.
“Yo veo el cielo y recuerdo lo que me decía mi hijo: ‘Mamá, nunca dejes caer la base de la familia, sigue adelante’. Eso es lo que hago todos los días por mis hijos”, finalizó doña Cristina.





