A don Gonzalo Chanto Méndez le brillaban los ojos el pasado domingo 10 de mayo mientras veía a buena parte de su familia reunida para celebrarle los 96 años de vida.
El excombatiente de la Guerra Civil de 1948 y de la invasión de 1955 no ocultó la emoción al ver la mesa llena, los abrazos sinceros y a sus hijos cantándole cumpleaños con un orgullo que prácticamente se podía tocar.
Fue un homenaje de amor para un hombre que arriesgó su vida por defender la democracia costarricense.
“A mis 96 años celebro la vida, la paz y que seguimos sin ejército”, dice con voz firme.
Don Gonzalo, quien vive entre California y Costa Rica porque varios de sus hijos residen en Estados Unidos, continúa siendo un enamorado absoluto de esta tierra y de la paz que “costó sangre y dolor conseguir”. Él peleó en el bando de José Figueres Ferrer, don Pepe.
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“Yo le doy gracias a Dios por permitirme llegar a esta edad rodeado de mi familia, viendo hijos, nietos y bisnietos crecer en un país libre y sin ejército. Todo lo que vivimos en aquellos años fue muy duro, pero uno entiende que luchamos para que las nuevas generaciones nunca tuvieran que vivir entre balas y miedo”, expresó don Gonzalo, todavía conmovido por la celebración.
“Las armas solo dejan dolor”
Quienes conocen a don Gonzalo saben que hay un tema que siempre toca con enorme seriedad: el peligro de romantizar la guerra.
“Muchos jóvenes no saben lo que significa vivir entre disparos, perder amigos y ver familias destruidas por las batallas. Yo sí lo viví. Perdimos compañeros muy queridos y eso nunca se olvida. Por eso siempre digo que las armas solo dejan dolor. Nosotros empuñamos armas precisamente para que Costa Rica pudiera vivir después en paz y sin ejército. Esa es la gran herencia que le dejamos al país”, comentó.
El excombatiente recordó también cómo, pese a los años, sigue sintiendo una emoción enorme cada vez que participa en las actividades relacionadas con la abolición del ejército, una fecha que considera sagrada para Costa Rica. Incluso el año pasado viajó desde California solamente para estar presente en la celebración del 1° de diciembre, Día de la Abolición del Ejército.
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“Yo puedo estar en cualquier parte del mundo, pero cuando llega diciembre necesito venir a Costa Rica a celebrar que somos un país diferente, un país que apostó por la educación y la paz. Eso no existe en muchos lugares y debemos cuidarlo siempre”, dice quien también viajó de Norteamérica a Tiquicia para estar con su gente amada en su cumpleaños 96.
“Mi papá nos enseñó a amar este país”
Su hija, Vilma Chanto, desde Desamparados donde le organizaron la fiesta, aseguró que celebrar los 96 años de su papá fue profundamente especial porque toda la familia sabe el enorme significado que tiene su historia de vida.
“Mi papá nos enseñó desde pequeños el amor por Costa Rica, por la democracia y por la paz. Él nunca nos crio con odio ni con resentimientos, aunque vivió cosas muy duras en la guerra. Más bien siempre nos inculcó el respeto por los demás, el valor de trabajar honradamente y la importancia de cuidar este país tan privilegiado que tenemos. Verlo cumplir 96 años todavía tan lúcido y con ese amor por la vida nos llena el corazón”, expresó Vilma.
La hija del excombatiente reconoce que hay momentos en los que escuchar las historias de guerra todavía les estruja el alma a todos.
“Cuando él habla de compañeros que murieron o de familias destruidas uno entiende por qué defiende tanto la paz. Nosotros crecimos escuchando esas historias y aprendiendo que Costa Rica tomó una decisión histórica al abolir el ejército. Mi papá siempre dice que no hay mayor orgullo que ver niños crecer sin miedo a una guerra”, comentó.
“Es un héroe para nosotros”
Por su parte, Gonzalo Chanto hijo aseguró que más allá de ser un excombatiente, su padre es el gran ejemplo de la familia.
“Para nosotros él es un héroe, pero no solo por haber combatido, sino por la forma en que vivió toda su vida. Es un hombre humilde, trabajador y profundamente agradecido con Costa Rica. Mi papá siempre nos enseñó que el verdadero valor no está en las armas, sino en construir paz, en ayudar a los demás y en mantenerse firme en los principios.
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“Celebrarle estos 96 años es una bendición enorme porque todavía podemos sentarnos a escucharlo hablar y aprender de él”, expresó.
“Él podría pasar horas hablando de la guerra, pero siempre termina hablándonos de la paz. Eso dice muchísimo del tipo de ser humano que es. Nosotros estamos orgullosísimos de él y queríamos que sintiera todo el amor de su familia en este cumpleaños”, aseguró.
Don Gonzalo sigue siendo un testimonio viviente de una Costa Rica que decidió cambiar las armas por la educación, la cultura y la democracia.
Y mientras apagaba las velitas de cumpleaños rodeado de abrazos, dejó clarísimo que su mayor deseo sigue siendo el mismo de hace décadas: que este país jamás vuelva a conocer la guerra.






