Este 2026 la celebración de la Virgen del Mar tuvo un significado especial por la despedida de un obispo que durante muchos años estuvo muy cerquita de los pescadores.
Durante la solemne misa que se llevó a cabo en Puntarenas, monseñor Óscar Fernández Guillén recordó con cariño los años vividos junto con los pescadores, las mujeres que pelan camarón y todas las familias costeras. Él aprovechó la ocasión para despedirse de su pueblo, ya que le llegó la hora de jubilarse.
Conoce bien los males de los pescadores
Con un corazón lleno de gratitud, monseñor reconoció que, aunque se retira, su preocupación pastoral por las comunidades sigue intacta.
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“He visto en ustedes un pueblo trabajador, humilde y creyente. Un pueblo que ama a su familia, que se siente orgulloso de sus hijos, que valora la honradez, que conserva una fe sencilla en Dios y que sabe agradecer incluso en medio de las dificultades. He visto comunidades que aman su tierra, su mar, sus tradiciones, sus procesiones, sus fiestas, sus pangas, sus redes, sus manglares y la memoria de quienes les enseñaron a vivir de este oficio.
“Pero también he visto el cansancio de muchas familias. He escuchado la preocupación por la falta de trabajo, por la inseguridad, por la droga que amenaza a los jóvenes, por el alcoholismo, por la violencia, por los problemas de agua, por la incertidumbre sobre la tierra, por la destrucción del mar, por el irrespeto a la veda y por la dependencia casi total de una pesca cada vez más difícil”, manifestó el obispo.
Él aseguró que como pastor no puede ignorar los sufrimientos del pueblo.
“Como pastor, no puedo mirar esas realidades con indiferencia. La Iglesia no puede limitarse a bendecir embarcaciones y celebrar fiestas religiosas si al mismo tiempo no escucha el clamor de quienes sufren, si no defiende la dignidad de las familias y si no recuerda a las autoridades su responsabilidad moral con los sectores más vulnerables”, agregó.
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¡No más obstáculos para trabajar!
Uno de los puntos más fuertes de su homilía fue el llamado urgente a las autoridades por la seguridad jurídica de los pescadores artesanales. Para monseñor, es inaceptable que tantos trabajadores deban vivir en la informalidad, exponiéndose a decomisos y sin los beneficios del Estado.
“La formalización de los pescadores artesanales no debe ser una carrera de obstáculos, sino una prioridad nacional“, sentenció con firmeza.
Según el obispo, el acceso al mar no es un privilegio, sino un derecho humano fundamental para la subsistencia de miles de hogares.
El religioso también dedicó palabras de consuelo a los afectados por la situación del sector camaronero, expresando que, aunque la supresión de la pesca de arrastre fue muy dolorosa, mantiene la esperanza de encontrar soluciones que equilibren la justicia social con la protección del mar.
Por otro lado, celebró el gran logro de los molusqueros y molusqueras, quienes hoy trabajan formalmente y reciben pagos por servicios ambientales al proteger el manglar, un espacio vital que el obispo calificó no como “monte inútil”, sino como la casa y el futuro de las comunidades.
Un mensaje final: “Cuiden lo más valioso”
En su despedida, monseñor Fernández pidió a los puntarenenses que sigan unidos, cuidando la familia, los valores y a los jóvenes, para evitar que caigan en la droga o la violencia.
“Cuiden el mar, porque en él está escrita buena parte de su historia”, fue su última gran invitación.
Con su bendición, puso a todas estas comunidades bajo el amparo de la Virgen del Mar, pidiendo que ella sea la luz que guíe siempre sus embarcaciones a “buen puerto”.





