La emoción invade a José Javier Carvajal Camacho y a Lilia María Durán Alfaro, los papás de monseñor Elímar Carvajal, quien este jueves 6 de agosto es ordenado obispo en la parroquia de Esparza como el nuevo obispo de la diócesis de Puntarenas.
Los vecinos llegaron a felicitarlos, el teléfono no dejó de sonar y ellos todavía intentan asimilar que su hijo, monseñor Elímar Carvajal, fue nombrado nuevo obispo de la Diócesis de Puntarenas.
Pero para doña Lilia esta historia comenzó mucho antes.
Hace siete años, una persona a la que apenas conocía le hizo un comentario que nunca pudo sacar de su cabeza: le aseguró que su hijo algún día sería obispo. Ella escuchó aquellas palabras con respeto, pero también con dudas.
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“Puede ser cierto o puede que no. El tiempo lo dirá”, recuerda que pensó en aquel momento.
Y el tiempo habló.
Ahora, con el nombramiento oficial, aquella frase volvió a su memoria y cobró un significado muy especial.
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Sus papás aseguran que desde pequeño Elímar era distinto a los demás niños. Nunca tuvieron que llamarle la atención por su comportamiento; era tranquilo, obediente y muy sereno.
“Él era un chiquito diferente a los demás. Eso le nacía, nosotros nunca tuvimos que decirle que cambiara”, contó su mamá.
Aunque en la escuela algunos compañeros le decían en broma que iba a ser sacerdote, él nunca hablaba en casa sobre esa posibilidad. La noticia de que ingresaría al seminario tomó por sorpresa a la familia.
Don José Javier se encontraba trabajando en Estados Unidos, donde manejó un camión durante siete años, cuando recibió la llamada que le cambió la vida. Su respuesta fue inmediata: apoyaría a su hijo en el camino que decidiera seguir.
Los años pasaron y la vocación de Elímar se fortaleció. Como sacerdote se ganó el cariño de cientos de fieles, quienes destacan la cercanía y la sencillez de sus homilías.
“No lo digo porque sea mi hijo, pero sus homilías llegan mucho a la gente”, afirma con orgullo doña Lilia.
Aunque el nuevo obispo ahora tendrá una gran responsabilidad en Puntarenas, sus padres saben que seguirá el camino que siempre lo ha caracterizado: servir a Dios y a las personas.
Este jueves no esconden que habrá lágrimas.
“Son lágrimas de alegría. Solo le pedimos a Dios que lo acompañe y que le vaya muy bien en esta nueva misión”, dijeron con una sonrisa que refleja el orgullo de toda una vida.




