Andrés González, un joven de 23 años vecino de Cervantes de Cartago, decidió hace nueve años que las dificultades económicas no iban a impedirle hacer lo que ama y, con una computadora sencilla, mucha disciplina y sacrificio, encontró en la música una herramienta para transmitir un mensaje de amor y fe.
Él asegura que ha tenido que ingeniárselas con los recursos disponibles y combinar durante años su pasión con el trabajo para salir adelante.
“Yo estoy llevando el mensaje del amor de Dios”, resumió el joven sobre aquello que intenta comunicar con sus composiciones.
Ante la falta de ingresos suficientes para comprar costosos equipos, utilizó una computadora de oficina que, según recuerda, costó alrededor de ¢100 mil.
“Como no tengo tanto ingreso, ahí es donde me las tuve que ingeniar. Con una computadora de oficina de ¢100 mil, por decirlo así, ingeniármelas para con eso haber producido 116 canciones”, relató.
Tampoco estudió producción para comenzar. Recurrió a videos de YouTube, experimentó con programas y aprendió a punta de práctica.
“Al principio los resultados eran muy, muy tristes, de baja calidad, pero con el tiempo se ha ido mejorando bastante. Lo que me inspira es contar lo que para mí significa Dios o contar lo que desde mi perspectiva puedo observar de Dios”, explicó.
Madrugadas para no abandonar lo que ama
La falta de recursos no ha sido el único obstáculo. Encontrar tiempo también se convirtió en una lucha.
Hasta hace poco Andrés trabajaba como oficial de seguridad. Su jornada comenzaba cuando buena parte del país todavía dormía.
Se levantaba todos los días a las 4:30 de la mañana y dedicaba aproximadamente una hora a orar y leer la Biblia. Luego hacía ejercicio y, entre las 6 y las 8 a. m., aprovechaba para producir música, editar videos o crear contenido.
A las 9 a. m. salía hacia su trabajo, ubicado a unas dos horas de su casa. Laboraba hasta las 8 p. m. y regresaba aproximadamente entre las 9:30 y 10 de la noche.
Esta rutina acaba de terminar y actualmente se encuentra buscando trabajo.
Su esposa también forma parte importante de ese esfuerzo. Andrés reconoce que ambos han debido organizarse para cuidar su relación mientras cada uno persigue sus propias metas.
“La libertad que me da no tiene precio”
Andrés sirve actualmente como director de alabanza en su iglesia, donde también ha tenido oportunidad de interpretar sus composiciones en actividades, conciertos y noches de adoración. Su proyecto musical, sin embargo, le genera muy pocos ingresos.
Por eso sabe que escogió un camino complicado. Incluso ha considerado estudiar una carrera que le permita conseguir un trabajo con mejores condiciones para sostenerse y, al mismo tiempo, continuar dedicándole tiempo a la música.
A pesar de las dificultades, asegura que no cambiaría la tranquilidad que ha encontrado.
“Yo he tenido que sufrir muchas cosas por haber elegido este camino, pero la libertad que me da no tiene precio. Sentirme libre de expresarme, sentirme en paz conmigo mismo, sentirme en paz con Dios”, afirmó.
Su mensaje para otros jóvenes que sienten miedo de perseguir aquello que quieren también nace de lo que él mismo ha vivido.
“Solo hay una vida, solo hay una oportunidad. El mejor día para empezar es hoy porque es el día más joven que va a tener nunca”, expresó.
Y añadió: “Si es lo que usted quiere, si es lo que a usted le gusta, si es lo que algún día le gustaría hacer, encuentre la manera, hágalo, porque solo tiene un chance”.
Andrés todavía está construyendo su historia, continúa haciendo música y aferrándose a una idea que ha guiado buena parte de sus 23 años: las dificultades pueden complicar el camino, pero no necesariamente tienen que decidir hasta dónde puede llegar una persona.
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