Eduardo Vega.27 julio, 2018
Hasta el día de hoy, Julián sigue con el tratamiento de quimioterapia, pese a eso, inició bachillerato este viernes. Foto José Cordero.
Hasta el día de hoy, Julián sigue con el tratamiento de quimioterapia, pese a eso, inició bachillerato este viernes. Foto José Cordero.

“Es muy difícil de explicar el gran trauma sicológico que significa ver como tu pelo se cae. Cada vez que uno se baña se le caen lo puños de pelo. Me resulta casi imposible contar con palabras lo que uno siente al ver como poco a poco quedas pelón, por eso, mi pelo significa el triunfo de la vida, por eso lo uso largo porque quiero vivir mucho. Mi pelo es la felicidad del triunfo de la salud sobre el cáncer”.

Esta es la respuesta que nos dio Julián Barquero Campos, cuando le preguntamos por qué decidió poner un recurso de amparo en contra del Colegio Nuestra Señora del Pilar, en Escazú, porque no lo dejaban andar con el pelo largo.

La Sala Cuarta le dio la razón al estudiante de quinto año, quien ahora luce con orgullo y justa razón sus colochos.

Julián nació el 26 de diciembre de 1999 en La Aurora de Alajuelita, como él mismo dice, es alajueliteño de la pura cepa.

Esta semana su nombre saltó en los medios de comunicación y redes sociales porque ganó un salacuartazo que le puso al colegio porque le exigía andar el pelo corto, tal y como dice el reglamento interno de la institución, así como lo hacen todos los demás estudiantes.

Pero es que este alumno de la 11-B no es un estudiante común de Nuestra Señora del Pilar. En el 2016 le diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda, un cáncer en la sangre que arranca sus daños en la médula ósea. A partir de ahí, Julián comenzó un fuerte tratamiento médico a base de quimioterapia que, incluso, mantenía el pasado jueves 26 de julio, día en que nos visitó para la entrevista.

Su guerra contra el cáncer comenzó hace dos años. Un dolor de garganta y una gran fiebre no le bajaron ni con antibióticos, por eso, terminó internado en el Hospital San Juan de Dios para que le realizaran una aspiración de médula osea como parte de sus exámenes. Fue esa aspiración la que confirmó la leucemia.

El sexto piso del San Juan
Este es el primer tatuaje que se hizo el luchador en su pecho. Foto José Cordero.
Este es el primer tatuaje que se hizo el luchador en su pecho. Foto José Cordero.

Fue ese mismo año que este amante de las piruetas en patineta conoció el sexto piso del Hospital San Juan de Dios, ese al que solo llegan los que tienen algún tipo de cáncer.

“No tenía ni idea de lo que tenía, tuve que pedirle explicación total a los doctores. Los seis primeros meses creo que fueron los más difíciles, los más duros porque es cuando atacan con todo a la leucemia y la quimioterapia es fuertísima, en esos meses fue cuando perdí el pelo.

“Para un joven que siempre usó el pelo algo largo ver cómo me iba quedando pelón fue duro, pero entendí que no podía darle pelota a eso, debía concentrarme en vivir, en usar todas mis fuerzas para superar la quimioterapia, o sea, tenía cosas más importantes porque luchar que el pelo… aprendí a vivir un día a la vez porque con la quimio de los primeros seis meses se me bajaron las defensas y, entonces, me enfermé de todo: neumonía, varicela, herpes, neuropatía”, explicó Julián.

Que un colegio católico lo presionara para que usara el pelo corto ni siquiera es una batalla para Julián, quien sigue luchando la guerra de la vida, y va ganando por goleada, por eso, va dejando señales alegres en el camino, sobre todo en su cuerpo.

En el 2017, por ahí de setiembre, le anunciaron que su médula ósea estaba pura vida, por lo que decidió hacerse un tatuaje en el pecho, cerca del corazón, con la frase “Dios mío a ti clamé y me sanaste”. Es una cruz que tiene un lazo anaranjado en el cual puso “Dr. Vásquez” para que sea eterno el agradecimiento al compañero de batalla que tuvo en el San Juan de Dios.

Segundo tatuaje

Cuando le volvieron a decir que todo avanzaba pura vida llegó el otro tatuaje en la piel, ese es más reciente, es del 2018. “Señor, me salvaste de la muerte, me diste vida, me libraste de morir”, se puede leer en su brazo derecho.

El segundo tatuaje fue en su brazo derecho. Foto José Cordero.
El segundo tatuaje fue en su brazo derecho. Foto José Cordero.

Son señales alegres porque también las hubo tristes cuando todo se complicó en el 2016, una de esas fue el tener que aceptar que le era imposible ir al colegio a causa de la quimio, no pudo comenzar cuarto año, eran los días de noches interminables vomitando y caídas de pelo.

“El pelo en el suelo significa cáncer, muerte; el pelo en mi cabeza significa salud, vida”, explica todavía con grandes dudas del por qué en su cole le hacen más caso a un reglamento frío y duro que a un guerrero de la vida.

“Los amigos son fundamentales para ganarle la guerra al cáncer”. Julián Barquero, sobreviviente de cáncer.

Pero para él ya pasó el capítulo del pelo, sobre todo ahora que entiende que la vida se debe disfrutar toda y a cada segundo, por eso, está concentrado en objetivos a corto y mediano plazo, el primero, ganar bachillerato (este viernes hizo la prueba de redacción y ortografía).

Dentro de varias semanas continuarán las pruebas de bachillerato y Julián les dará con todo, por ahí lo tiene algo nervioso inglés porque dice que es malitico, pero le tiene fe a biología.

Una vez logre ganar bachillerato piensa ir a la Universidad de Costa Rica y estudiar Ingeniería Civil, tal vez Sicología o Ingeniería Industrial, incluso podría ser Microbiología, lo cierto es que está como muchos jóvenes de quinto año en estos momentos que no han definido que estudiarán.