En el corazón de Cartago, entre las piedras centenarias de Las Ruinas, volvió a escucharse el murmullo del agua que durante décadas había quedado en silencio.
La Fuente del Pastorcillo, una pequeña escultura francesa de hierro fundido cargada de historia, regresó a su lugar tras pasar más de treinta años olvidada en bodegas de la municipalidad de Cartago.
El rescate de esta pieza patrimonial no fue solo una obra técnica, sino una historia humana, llena de casualidades, manos solidarias y decisiones que, como dicen quienes participaron en el proceso, parecieron guiadas por un pequeño milagro.
De un patio familiar al corazón de Cartago
La historia del pastorcillo se remonta a inicios del siglo XX, cuando formaba parte del patio de la emblemática Casa Pirie, una construcción levantada en la década de 1860 y que con los años se convirtió en un importante centro médico, familiar y social de la ciudad, ahora cuna del arte brumoso.
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Se cree que la fuente fue traída desde Europa o Canadá por el doctor Alexander Pirie para embellecer la vivienda, posiblemente como regalo para su esposa tras su matrimonio.
“Durante décadas, la pequeña figura del pastor se convirtió en parte de la vida cotidiana de la casa: mientras el médico atendía pacientes y la botica preparaba remedios, el agua de la fuente corría entre lirios y peces, dando vida al patio familiar.
“En 1974, la escultura fue trasladada al estanque central de Las Ruinas de la parroquia, donde se convirtió en uno de los símbolos más queridos por generaciones de cartagineses”, explica el historiador cartaginés y escritor Sergio Orozo Abarca, quien nos aportó toda la historia del pastorcillo para esta nota.
Pero la historia cambió de golpe con el terremoto de Limón de 1991. Los daños obligaron a retirar la fuente, que terminó rota y guardada en bodegas municipales, donde se llenó de polvo, humedad y olvido durante más de tres décadas.
¿Perderla para siempre?
Con el paso de los años, el pastorcillo quedó reducido a piezas sueltas, carcomidas y quebradas. Incluso, faltaban partes del surtidor y el pedestal original.
Sin embargo, hubo personas que se negaron a dejarla desaparecer. Según el ingeniero José Segura, encargado de la restauración, fueron trabajadores del museo municipal quienes, sin saber del todo su valor histórico, decidieron resguardar las piezas.
“Esta complicidad de ellos en mover, acomodar, almacenar y cambiar de lugar definitivamente salvó la fuente”, explicó Segura.
Gracias a esos cuidados silenciosos, todas las partes de la fuente se mantuvieron juntas, lo que permitió pensar, años después, en una restauración completa.
Cirugía de hierro y paciencia
El proceso de rescate comenzó en 2025 y duró cerca de dos meses. La fuente estaba en cuatro pedazos, con tuberías internas destruidas y una quebradura grave en el pie del pastor, que era el punto donde se sostenía toda la escultura.
Para devolverle estabilidad, los restauradores diseñaron una nueva estructura interna con una tubería de cobre que sirviera tanto para el agua como para reforzar la pieza. Además, el interior de la pierna dañada se rellenó con zinc fundido para que el niño volviera a sostenerse como en su diseño original.
Luego vino una limpieza profunda, soldaduras especiales, reconstrucción de piezas faltantes y un sistema de pintura de alta resistencia.
“En total, la pieza ocupó unas dieciséis capas de pintura, y se invirtieron tres días completos de trabajo únicamente en esta fase”, detalló el ingeniero Segura.
El regreso más esperado
“El 14 de diciembre de 2025, tras 34 años fuera de su estanque, el pastorcillo volvió a Las Ruinas. Su instalación fue celebrada como el regreso de un viejo amigo, un símbolo que parecía condenado al olvido y que hoy vuelve a ser parte del paisaje cartaginés.
“Más que una escultura, el pastorcillo representa la memoria de la ciudad. Su rescate demuestra que el patrimonio no se salva solo con técnica, sino también con cariño, sentido común y el esfuerzo de personas que, muchas veces en silencio, deciden proteger lo que vale la pena”, agrega don Sergio.
Hoy, el niño de hierro vuelve a sostener su plato con agua, como lo hacía hace más de un siglo, recordándole a Cartago que su historia sigue viva, gota a gota.
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El alcalde de Cartago, Mario Redondo, explica que la restauración del pastorcillo forma parte de la estrategia cantonal para atraer turismo, motivar la cultura y embellecer el cantón.
“Hemos venido invirtiendo en varios lugares de interés patrimonial, arquitectónico, entre ellos el lugar conocido como Las Ruinas, que es el templo inconcluso de Santiago Apóstol, en donde hace 2 años pusimos iluminación permanente externa e interna, igual la pileta y la Fuente del Pastorcillo, con enorme valor histórico”.
La arquitecta María de la Cruz Calderón, quien lideró la restauración, dijo: “El pastorcillo se restauró de forma precisa y profesional para poderla colocar de nuevo en el estanque y funciona perfectamente”.
Terremoto la quitó
Explica el historiador Orozco. que la Fuente del Pastorcillo no formó parte del traspaso del edificio Pirie al Instituto Tecnológico en 1971. Conscientes de su valor histórico y simbólico, las autoridades municipales conservaron la pieza, con el propósito de ubicarla, posteriormente, en un espacio más visible y significativo de la ciudad.
“Esa intención se concretó en 1974, cuando el Pastorcillo fue instalado en el estanque central de “Las Ruinas”. Por orden del jefe del Departamento de Cañerías Municipales, don Carlos Luis Aguilar Piedra, el trabajo de instalación lo realizó don Bernardo Gómez Mora.
“Durante casi dos décadas, la pieza se convirtió en uno de los referentes más queridos del lugar, especialmente para generaciones de estudiantes que vieron en ella una fuente de los deseos, una diminuta Fontana di Trevi.
“El terremoto de Limón de 1991 obligó al cierre del sitio y provocó daños severos en la escultura, que fue retirada y almacenada en bodegas municipales, donde permaneció, relegada al olvido, por más de treinta años”, nos recuerda don Sergio.






