Hay romerías que se hacen con el alma llena de agradecimiento, que nacen del corazón. La de Gabriel Romero comenzó mucho antes de dar el primer paso rumbo a Cartago desde Pérez Zeledón.
El vecino de General Viejo, en Pérez Zeledón, recorrió cerca de 120 kilómetros para cumplir una promesa hecha a la Virgencita de los Ángeles junto a su esposa, Tatiana Zúñiga, cuando vivieron uno de los momentos más difíciles de sus vidas. Su hija Nahomy apenas tenía unos meses cuando la enfermedad golpeó el hogar.
Todo empezó cuando la pequeña presentó problemas de salud, pero el asunto no quedó ahí. Poco después, doña Tatiana se comenzó a enfermar gravemente. Los médicos le hicieron examen tras examen, pero no encontraban qué estaba provocando el deterioro de su organismo.
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“Mi esposa se enfermó mucho del hígado. Fue tanto clamar y clamar a Dios y a la Virgen que ella intercedió y nos regaló un milagro de salud.
“Es por eso que hice la romería desde Pérez Zeledón, es la primera vez que la hago. Se la había prometido a La Negrita y tenía que cumplirle. Aquí estamos como familia dándole las gracias a ella”, contó Gabriel en las afueras de la basílica, muy adolorido, pero feliz y llorando lágrimas de agradecimiento.
Doña Tatiana recuerda aquellos días con mucha emoción. Dice que llegó un momento en que sintió que no lo iba a lograr y que se perdería el ver crecer a su hija.
“Pensé que iba a morir y dejar a mi bebé. Le decía al Señor: ‘¿Por qué me dio una bebé si la voy a dejar sola?’. Hasta tuve que dejar de darle pecho una semana por un tratamiento que me mandaron, pero yo seguía orando”, recordó la mamá.
Los especialistas sospechaban distintas enfermedades e incluso valoraban remitirla a otros expertos, pero los resultados seguían sin dar respuestas claras. Solo se sabía que tenía un enorme problema en el hígado.
Fue entonces, durante una visita a una iglesia en Pérez Zeledón, cuando le clamó a la Patrona de Costa Rica. Doña Tatiana sintió una paz que hoy recuerda como inexplicable.
“Salí de la capilla y le dije a mi esposo: ‘Aquí lo dejamos todo’. Después me hicieron nuevos exámenes y mi hígado volvió completamente a la normalidad. Yo me declaré sana y gracias a Dios así fue”.
Mientras ella luchaba por recuperarse, ambos hicieron una promesa: si todo salía bien, agradecerían a la Virgen de los Ángeles con una romería.
Cada paso fue una oración
Ese compromiso se convirtió este año en realidad. Gabriel emprendió el recorrido desde Pérez Zeledón hasta Cartago, mientras doña Tatiana y la bebita Nahomy lo esperaban para reunirse con él al final del camino.
“Yo no caminé con mis pies, pero caminé con el corazón en cada paso que él dio. Cuidé a nuestra bebé y hoy estamos aquí juntos como familia”, asegura la mamá.
Gabriel reconoce que el recorrido fue extenuante. El frío del cerro de la Muerte, el cansancio y el dolor muscular hicieron que por momentos dudara de sus fuerzas.
“Fue muy duro. Mucho dolor en los pies y en los músculos. El primer día caminamos unos 40 kilómetros y el Cerro de la Muerte es muy pesado por el frío. Pero para agradecerle a la Virgen no hay dolor ni sufrimiento que valga”.
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Los tres llegaron juntos hasta los pies de La Negrita. Para ellos, la romería no fue solamente un recorrido de 120 kilómetros, sino el cierre de una promesa nacida en medio del miedo y convertida, paso a paso, en un profundo agradecimiento por la salud, la familia y la esperanza.

