Karen Fernández, Eduardo Vega.16 marzo
Esta es la presentación más pequeñita del Pintico. Foto: Lilliam Arce.
Esta es la presentación más pequeñita del Pintico. Foto: Lilliam Arce.

El gallo pinto en lata regresa, por tercera vez en la historia, a tratar de salvarle la tanda a todos esos fiebres de ese platillo típico que no tienen tiempo para estar haciéndolo en las mañanas.

La marca Sabanero de Coopeliberia R.L. se mandó con el “Pintico” en dos presentaciones, una para usted solito (155 gramos) y otra para compartir con su pareja o un amigo. Si usted es bien comeloncito, la presentación de 320 gramos lo dejará satisfecho.

Este completísimo alimento podrá llevarlo donde vaya, sea a la oficina, a la playa, a la escuela o al colegio, o simplemente si se quiere alzar en “huelga” y no complicarse cocinando un domingo en la mañana.

Ambas presentaciones vienen con abre fácil con porciones nutricionalmente balanceadas para ayudarle a alimentarse sanamente.

Es un gallo pinto tostadito, como se acostumbra en algunas regiones guanacastecas (principalmente del centro), con ingredientes naturales y condimentado con salsa tica de vegetales.

“Es vegetariano, bajo en sodio, y su proporción de frijoles negros es una excelente fuente de hierro”, Paula Delgado, nutricionista.

Pero si usted lo prefiere, puede agregarle el huevito, natilla, queso, maduro o su carne favorita y tiene el desayuno de campeones completo.

“Pintico” está disponible en los comercios de Guanacaste, Limón, la Zona Sur, San Carlos, Heredia, Alajuela y San José, pero ya están extendiéndose a todo el país.

“Aunque habíamos escuchado de algunos intentos de gallo pinto en lata, el proceso de investigación que desarrollamos y culminó con el lanzamiento del producto, se inscribe en la estrategia comercial de la cooperativa de generar productos que contribuyan a la calidad de vida de los costarricenses, ampliando la oferta para los consumidores”, Adrián Villalobos, gerente comercial de Coopeliberia R.L.

Idea de don Pepe

La gran idea de vender gallo pinto enlatado no es nada nueva, de hecho, es una idea que para el otro año se vuelve cincuentona, porque en 1970, impulsada por el entonces presidente de la República, José María “Pepe” Figueres Ferrer, la empresa Tesoro del Mar, que era de capital tico, sacó al mercado el gallo pinto con atún enlatado (Ver nota en la otra página).

El gallo pínto es uno de los platillos favoritos de los ticos. Foto: Rafael Pacheco
El gallo pínto es uno de los platillos favoritos de los ticos. Foto: Rafael Pacheco

Y aunque a usted lo dude, al pintico con atún enlatado no le fue nada mal, de hecho, se vendió muy bien en las pulperías de la época. Era un producto de buena rotación, sin embargo, el asunto se frenó en seco ocho años después, cuando comenzó la presidencia de Rodrigo Carazo Odio (1978-1982).

Más adelante, en en 2011, la empresa Fincas de Oro, con su marca Quickie’s, fue la segunda que se animó a enlatar la comida más típica de los costarricenses, que si bien se come mucho en el desayuno, a cualquier tico le viene bien un pintico a cualquier hora del día.

Don Federico Heigold, gerente general de Fincas de Oro en aquel entonces, nos contó (ver nota aparte) que, una vez más, al tico le encantó la idea y las ventas iban puras tejas hasta que situaciones ajenas al mercado lo obligaron a suspender el negocio. Recuerda don Federico que cada lata de 300 gramos costaba 700 colones.

¿Cuándo nació el pintico?

De acuerdo a la leyenda, por allá de 1930, Don Bernabé, un ricachón del barrio San Sebastián al sur de San José, intentó sorprender a sus vecinos con una gran comilona en honor al santo patrono de la comunidad. Le dijo a todos los que quisieron oírlo y hasta a quienes no, que iba a matar un gallo pinto, manchado, que tenía ya bien gordito desde hace meses y que todos comerían a cachete inflamado.

Como se lo dijo a todo el mundo, San Sebastián entero y gente de otros lugares que llegó para aprovechar la invitación, estaban puntuales a la cita. Claro, era tanta la gente, que por más gordito que estaba el gallo pinto, no alcanzó para todos.

Cuando las cocineras de don Bernabé vieron que tenían un broncón porque había muchas bocas para tan poco gallo, no tuvieron más remedio que hacer de tripas chorizo y lo único que tenían a mano y que les salvó la tanda fue un poco de arroz y frijoles. Los revolvieron y se los dieron a la gente que estaba con buen filo.

Como el gallo pinto bien gordo de don Bernabé no alcanzó para tanto invitado, sus cocineras revolvieron arroz y frijoles y se lo dieron a la gente que se sintió engañada. Foto Archivo.
Como el gallo pinto bien gordo de don Bernabé no alcanzó para tanto invitado, sus cocineras revolvieron arroz y frijoles y se lo dieron a la gente que se sintió engañada. Foto Archivo.

Imagínese usted, llegar a una pachanga porque prometieron gallo y que terminen dándole a uno arroz y frijoles revueltos. Lógicamente la gente se sintió engañada y por mucho tiempo después don Bernabé fue la burla de los barrios del sur, porque la gente, en forma de vacilón, se preguntaba entre sí: ¿usted sí logró probar el gallo pinto de don Bernabé?

Fue a partir de ese año, pese a que no hay datos oficiales que confirmen la historia, que el arroz y los frijoles revueltos se comenzaron a llamar gallo pinto en Tiquicia y se le dejó de decir tentempié, como se le decía al revoltijo hasta 1930, sobre todo en los barrios del sur de Chepe, que ya era muy popular en las fiestas y siempre acompañadito de aguadulce.

Tentempié, arroz y frijoles, gallo pinto, pintico, como quiera decirle, lo cierto es que para los ticos es parte de su cultura, así ha quedado demostrado en diferentes estudios, uno de ellos, la primera Encuesta Nacional de Cultura, que hizo el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en la cual el 65% de los costarricenses aseguró que el gallo pinto es de lo primero que se le viene a la mente cuando se habla de tradiciones ticas.