La historia del emprendimiento costarricense Itanwix no nació en una oficina, sino en la mesa de una casa en Santa Ana.
Ante la frustración de ver a su hijo, -a quien le dicen Itan (pero en realidad se llama German)-, sufrir para aprender las tablas de multiplicar, doña Laura Ortiz García tomó una cartulina, sacó sus lápices y creó una forma diferente de enseñarle las tablas.
Lo que empezó como una solución casera, doce años después, es un negocito que exporta juegos educativos y desarrolla proyectos para la salud cerebral.
Doña Laura, con formación en Recursos Humanos, recuerda con claridad cuando comprendió que la dificultad de su hijo era una realidad compartida por miles de familias.
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“Mi hijo no tenía manera de aprenderse las tablas de multiplicar, era todo un problema en la casa. Entonces agarré una cartulina y le hice un juego ahí mismo para enseñárselas yo. Claro que usted comprenderá que yo siempre le enseñaba de esa manera, no fue que de un pronto a otro se me ocurrió.
“Cuando la maestra de la escuela me preguntó qué le había hecho a mi hijo porque la semana pasada no sabía nada y ahora se sabía las tablas perfectamente, le conté del juego. Ella me pidió prestada la cartulina porque tenía dos chiquitos en el aula que no había forma de que aprendieran”, recuerda la mamá de Itan.
Y así nació una gran idea. “Le presté la cartulina y los dos chiquillos se aprendieron las tablas rapidísimo. Ya después me buscaban otras maestras, la tía, la sobrina y todo el mundo. Agarré la cartulina y me fui a una fotocopiadora grande a hacer copias.
“Abro la cartulina y una señora en la fila me dice que si eso era para las tablas y que si le regalaba una copia. Me quedé haciendo la fila pensando si sería que más de una mamá tenía mi mismo problema o si seríamos todas. En ese momento doblé la cartulina, me salí de la fila y me dije que esto podía ser un buen negocio”, explicó
El salto de fe con tarjeta de crédito
Sin capital inicial para una producción masiva, doña Laura usó sus tarjetas de crédito para dar el primer paso de un posible emprendimiento. Con la cartulina bajo el brazo y junto con su hijo, buscó una imprenta para darle vida a la idea. La primera tirada de 300 ejemplares fue un éxito inmediato.
“En realidad yo no tenía plata para invertir. Hice un Excel para ver cuánto me cobraban por cada copia y busqué la mejor opción para tirarme al agua. Cuando a mí me preguntan qué fue lo más difícil, fue transmitir lo que tenía en mi cabeza a un diseñador, porque traducir eso a dibujos bonitos fue todo un tema”, dijo.
“Hice solo 300 juegos porque tenía mucho miedo. En esos primeros juegos no gané un cinco porque imprimir poquito sale caro, pero me duraron un mes y la gente me los arrebataba de la mano”, reconoce para agregar que su presencia en un programa televisivo fue el chispazo que necesitaba para despegar el emprendimiento porque hasta se le hizo una lista de espera.
Pensando internacionalmente
Con los años, la línea de productos se orientó hacia la educación financiera, llegando a llamar la atención de bancos tanto dentro como fuera del país, incluso logró vender en Sudamérica.
“A raíz de todo el pegue que tuvo el primer juego, saqué el de educación financiera cuando mi hijo estaba más grandecito. El Banco Nacional aquí me buscó para comprarlo y después lo empezamos a exportar a República Dominicana.
“Así llegamos a Perú y Panamá. El logo de nuestra empresa se llama ‘un ratico feliz’ porque queremos transmitir que el estudio no tiene por qué ser feo ni causar estrés. Queremos que la gente deje el celular a un lado y se siente a jugar en familia”.
De la infancia al adulto mayor
Los juegos siguen creciendo hacia la estimulación cognitiva para la prevención del alzhéimer con el juego Todos Juegan. Además, doña Laura trabaja en proyectos para restaurantes con juegos en manteles individuales para aprovechar el tiempo de espera.
Doce años después, el hijo de doña Laura estudia mecánica de aviación, una carrera de alta exigencia matemática.
“Si pudiera hablar con la Laura del 2014, le diría que siga enseñando de esa forma, porque esa es la ruta correcta. Enseñar a un hijo con amor es el plan principal que tenemos las madres en la vida.
“Mi hijo tomó el camino de la mecánica de aviación y ahí utiliza muchísima matemática. Verlo hoy como un hombre seguro es la prueba de que todo el esfuerzo valió la pena. Además, salir adelante con un emprendimiento que nació del amor de madre es la satisfacción más grande”, concluye esta orgullosa mamá y emprendedora.
Para pedidos de algún juego, porque hay varios tipos, puede llamar al 8845-9299.





