Shirley Sandí.Hace 4 días

El mecánico de mantenimiento tico que salió en un reportaje del prestigioso periódico estadounidense The New York Post, destacando su valentía y entrega ante la pandemia, resultó positivo con COVID 19.

Hans Arrieta, tico que vive en Estados Unidos y trabaja en la lucha contra el coronavirus. Tomada de New York Post.
Hans Arrieta, tico que vive en Estados Unidos y trabaja en la lucha contra el coronavirus. Tomada de New York Post.

Se trata de Hans Arrieta, quien trabaja como mecánico de mantenimiento del NYU Langone Hospital, en Brooklyn, y a diario permanecía cerca de pacientes con el nuevo coronavirus.

“Trabajamos en el hospital y nuestra misión es salvar vidas y eso significa mucho para mí, porque mañana puedo ser yo, puedes ser tú, puede ser tu madre, mañana podría inclusive ser mi hijo” dijo Arrieta en aquella publicación del 30 de abril. Y efectivamente, le tocó a él.

Arrieta salió positivo en el examen que le hicieron para detectar la presencia del virus.

“Nadie puede predecir lo que va a pasar, debemos enfrentar lo que la vida nos ponga en frente. Por el momento he tenido síntomas leves, espero mejorar y poder donar mi sangre para intentar encontrar una cura y ayudar a personas enfermas con mi plasma”, aseguró este valiente compatriota.

Arrieta reconoce que tiene miedo, pero mantiene el pensamiento de que todo estará bien y que volverá la normalidad, porque “Diosito lo protege”.

Desde el inicio de la pandemia, Arrieta tuvo que armarse de valor y tomó la difícil decisión de enviar a su familia (su esposa Elena y su hijo) a Boston desde hace más de 60 días, al lado de otros seres queridos, para evitar un contagio de la enfermedad, que en el país norteamericano ya contabiliza 1,6 millones de casos y 95 mil fallecidos.

La Teja había conversado con Hans hacía unos días.

“Mi hijo se llama Hans también, tiene 4 añitos, y entonces intento tener una conexión más emocional con él cada vez que hablo por internet, jugamos. Pero como seguimos expuestos al virus, quiero asegurarme que todo esté bien para ellos, que estén aparte. Fue una muy buena decisión, cuando uno ama a su familia hace lo que debe, pero me hacen mucha falta”, reconoció.

Nos contó que salir en el reportaje le significó sentirse más conectado con su comunidad, sintió felicidad y aceptación de toda la nación por la labor que realizaba.

“Muchos de mis amigos ni siquiera imaginaban que yo trabajaba en un hospital, empezaron a llamarme. Algunos me dijeron que estaba arriesgando mucho, otros me aplaudían y me daban mensajes positivos. Vieron que habíamos personas enfrentando la crisis y que estábamos respondiendo por la vida de ellos en la línea del frente y que no daríamos marcha atrás”, nos dijo.

Hans Arrieta trabaja en un hospital en New York.
Hans Arrieta trabaja en un hospital en New York.
Pendiente de máquinas

Y es que Hans tiene un trabajo muy importante. Detrás de cada máquina de oxígeno y ventilador que mantiene vivos a los pacientes hay alguien como él que se asegura de que las líneas que salvan vidas funcionen correctamente.

The New York Post destacó que Hans forma de un equipo de mantenimiento en el hospital que trabaja detrás de escena para asegurarse de que su sistema de escape esté filtrando adecuadamente las partículas nocivas de COVID-19, que las tuberías de agua estén libres de contaminación y las habitaciones de los pacientes estén equipadas con todo lo que necesitan para mantener a los pacientes vivos.

“Los ticos podemos enseñar mucho al mundo, este mundo no solo es dinero y materialismo. No tenemos que perder el espíritu humanitario para ayudar a los demás y la vida siempre nos da pruebas para ser mejores. El virus no discrimina a nadie”, opinó este hombre, quien recalcó ser un emigrante en EE.UU. que trabaja desde su trinchera para ayudar a todo el que lo requiera.

“Nosotros como ticos debemos llevar el espíritu del pura vida a todo lado, como lo llevo yo todos los días al hospital”, Hans Arrieta, mecánico.
42 años tiene el tico que trabaja en el NYU Langone Hospital
Como una película

Arrieta nos contó que los números de contagios en Gringolandia habían bajado mucho últimamente, pero que al inicio fue como una película. Los equipos de protección, como mascarillas y protectores faciales se agotaron en cuestión de horas.

“Yo decía ¿esto es verdad? Cuando vi que en el hospital se salían las cosas de control, control en el aspecto de que era masivo, que se veían doctores y enfermeras llorando y se sentía desesperación para que una puerta automática se abriera lo más rápido, que un elevador llegara rápido para llevar unas medicinas. Las ambulancias se escuchaban cada cinco segundos. Se sentía el estrés, todos dando su parte para sacar esto adelante, personal durmiendo en sus carros para estar alejados de sus familias y protegerlos. Dio miedo, todos los cuartos del hospital llenos, fue increíble, pero también el profesionalismo con que se enfrentó esto y cómo agarramos el toro por los cachos”, comentó.

Añadió que vio mucha gente morir, pero también vio mucha recuperarse, pasar por el lobby y salir a saludar a sus familias.

Recalcó que el hospital cuenta con muchas medidas de seguridad y salubridad, como áreas en cuarentena que desinfectan constantemente. Todo el personal recibe el equipo de protección necesario y chequean la temperatura tres horas antes de ir a trabajar por medio de una app del teléfono.

Aún así no pudo evitar que el COVID tocara a su puerta.

Hans le envió un saludo a su mamá Aurora Dompedro, al taller Montero y a sus amigos de Heredia.