Franklin Arroyo.18 mayo

Luis Espinoza, un tico que vive en Nueva York, derrotó al COVID-19 con un respirador artificial que él se inventó y que usaba en su casa cuando le faltaba el aire.

Él fue diagnosticado con COVID-19 a principios de mayo y como lo mandaron para la casa porque no tiene seguro médico, el hombre puso la imaginación a volar.

Luis Espinoza en plena lucha contra el COVID-19 en su casa. Foto: Cortesía.
Luis Espinoza en plena lucha contra el COVID-19 en su casa. Foto: Cortesía.

Don Luis, de 43 años, tiene dos factores de riesgo: es asmático y padece de presión alta y por la misma situación había comprado con anticipación cosas que le ayudaran a mantener su organismo con las defensas altas, como vitaminas e instrumentos para medir la presión, los niveles de glucosa y de oxígeno. Para armarse bien gastó unos mil dólares, (unos ¢565 mil)

Pese a todas esas previsiones, don Luis fue a dar a emergencias de un hospital con síntomas de asma y fue atendido y estabilizado.

Sin embargo, él cree que salió de ahí pegado con el coronavirus. Lo peor es que contagió a su esposa e hijos.

La primera que presentó síntomas fue la esposa de don Luis, doña Irma Menéndez, por lo que acudieron a una clínica que hace pruebas en la calle.

Las personas van en carro y no se bajan, les aplican el test allí mismo y a los dos días les dicen los resultados. Doña Irma dio positivo.

Este es el momento en que don Luis se hace la prueba en el carro. Foto: Cortesía
Este es el momento en que don Luis se hace la prueba en el carro. Foto: Cortesía

Para que les hagan la prueba, el paciente debe llamar a una clínica y hablar con un doctor sobre sus síntomas. Entonces, el doctor remite una prescripción médica, con la que puede realizar esa prueba que se hace sin necesidad de bajarse del carro.

A los días de que su esposa diera positivo, don Luis presentó síntomas, pero de forma leve, por lo que después de hacerse el test se fue para su casa y siguió usando las cositas que había comprado para subir las defensas.

“Cuando me dieron el resultado y estaba positivo me quedé en la casa porque aquí uno no puede hacer nada. En el hospital lo atienden solo si es emergencia. Es complicado, pero nos recuperamos, creo que con las cositas que estábamos haciendo”, cuenta don Luis, quien tiene 17 años de vivir en Estados Unidos.

Lo peor

Sin embargo, unos cuatro días después, don Luis recayó y acudió al hospital, donde le confirmaron el diagnóstico de COVID-19, pero lo mandaron para la casa porque había pacientes más graves.

Don Luis y doña Irma con sus hijos Luis Espinoza y Karla Espinoza. Foto: Cortesía.
Don Luis y doña Irma con sus hijos Luis Espinoza y Karla Espinoza. Foto: Cortesía.

“Aquí no es como allá, que lo internan, lo atienden y hasta sicólogo le ponen. Aquí nadie se interesa por uno. Me devolví a la casa y sentía la falta de aire, pero no estaba tan grave como otros”, dijo el costarricense.

Don Luis sabía su nivel de oxígeno en la sangre con ese aparato. Lo normal, dice él, es entre 95 y 99%. Foto: Cortesía
Don Luis sabía su nivel de oxígeno en la sangre con ese aparato. Lo normal, dice él, es entre 95 y 99%. Foto: Cortesía

Entonces, su esposa le sugirió que inventara algo que le proporcionara oxígeno, pues sabe que su marido es bien curioso y bueno para inventar aparatos.

“Fue cuando empecé a hacer la máquina. Me sentía enfermo, empecé a las diez de la noche y terminé a las tres de la madrugada”, recuerda el tico.

Para ello utilizó puras cosas de la casa como una tina plástica, manguerillas y botellas.

“Desde pequeño hago cosas así. Soy bachiller de colegio en Costa Rica y cuando lo saqué me fui por Química, se me da y por iniciativa propia soy medio inventor.

"Sé cómo se saca el oxígeno de la molécula del agua, lo que necesitaba era llevarlo a la nariz. El proceso de separación del oxígeno y del hidrógeno del agua, por medio de la electricidad, se llama electrólisis del agua. Eso me funcionó, me salvó la vida”, aseguró Espinoza.

La máquina consiste en tres botellas grandes de agua, dos más pequeñas con un huequito para meter un electrodo y poder realizar la descomposición.

“Yo le digo a los costarricenses que aprovechen, que hagan caso. Hay un sistema de salud muy bueno. En Nueva York es increíble la cantidad de gente que muere. Se abarrotan los lugares y los mandan a la casa porque hay otras personas más graves. Eso me pasó a mí”, dijo.

Don Luis cree que la máquina, los instrumentos que compró y los remedios caseros le salvaron la vida.

“Me daba cuenta cómo estaba la presión arterial o el oxígeno y entonces tomaba las medidas del caso”.

Amigazo

Espinoza dice que un amigo suyo, llamado Alfredo, dueño de una pizzería, se comportó con él como si fueran familia.

“Le mandó pizzas varios días a mis hijos para que no murieran de hambre, no era que no teníamos para comer o comprar, es que no podíamos cocinar”, dijo.

Hoy en día, la familia está en cuarentena, aislada por voluntad propia y con un gran sentido de la responsabilidad y de vez en cuando, su amigo Alfredo le manda pizzas.