Hace apenas unas semanas, el nombre del fotógrafo sancarleño Henry Quesada Agüero dio la vuelta al continente cuando una macroimagen de un girasol le permitió ganar un importante concurso internacional en Argentina.
Acostumbrado a recorrer montañas, bosques y senderos buscando pequeños detalles de la naturaleza, esta vez cambió el canto de las aves por el ruido de miles de aficionados que caminaban rumbo al Levi’s Stadium, en Santa Clara, California.
El escenario era completamente distinto, pero el objetivo seguía siendo el mismo: encontrar emociones reales.
Mientras miles de personas pensaban únicamente en el partido entre Jordania y Austria, correspondiente al Mundial 2026, don Henry tenía la mirada puesta en otro lado. Su cámara no buscaba el balón ni las figuras del fútbol. Buscaba rostros. Y encontró cientos de historias encerradas en encuadres fotográficos.
Un lente para capturar la verdad
Desde mucho antes de llegar al estadio, comenzó a sentir que el Mundial era algo diferente. En la autopista ya aparecían largas caravanas de vehículos adornados con banderas y camisetas, mientras decenas de aficionados saludaban con entusiasmo a cualquiera que compartiera su emoción.
“Fue una experiencia muy importante porque nunca había estado en un evento de esta magnitud. Ver personas de diferentes culturas, idiomas, religiones y colores de piel reunidas por un mismo motivo realmente impresiona.
“Desde que íbamos por la autopista vimos caravanas completas de aficionados. Yo iba tomando fotografías desde la ventana del carro y muchos comenzaron a pitar, a saludar y celebrar cuando vieron la cámara. Al principio pensamos que les molestaba, pero era todo lo contrario, estaban felices de que alguien documentara ese momento”, contó.
Ya en los alrededores del Levi’s Stadium tomó una decisión que terminó marcando toda la cobertura.
En lugar de acercarse a los aficionados, montó en su cámara un lente de 150-600 milímetros para fotografiarlos desde lejos.
“Quería evitar las sonrisas preparadas para una fotografía. Me interesaba captar la emoción verdadera, la expresión auténtica de cada persona. Me alejaba unos 40 o 50 metros para que la gente actuara con naturalidad y no cambiara su comportamiento por verme cerca.
“Los rostros mostraban esperanza, alegría, incertidumbre, orgullo y una enorme ilusión por vivir un Mundial. Eso era justamente lo que quería encontrar”, explicó.
El Mundial une más que el fútbol
Aunque intentó pasar desapercibido, el enorme lente terminó llamando la atención de muchos aficionados.
Varios comenzaron a posar espontáneamente, otros saludaban a la cámara y hasta un joven árabe le pidió el contacto para saber dónde podrían aparecer publicadas las fotografías.
“Eso no me lo esperaba. Algunos preguntaban si pertenecía a algún medio de comunicación y cuando les explicaba que estaba haciendo fotografías personales igual querían salir.
“Incluso un muchacho árabe pidió el enlace de la publicación porque quería verse después. Eso demuestra la alegría que se vive alrededor de un Mundial”, recordó entre risas. Sin embargo, hubo una imagen que lo hizo detenerse unos segundos.
Entre miles de camisetas, banderas, tambores y cánticos apareció un hombre caminando con una cruz de madera sobre sus hombros y la palabra “Emmanuel”, que significa “Dios con nosotros”.
“Me llamó muchísimo la atención. Parecía una escena fuera del ambiente del fútbol, pero al mismo tiempo recordaba que entre tantas culturas, religiones, idiomas y costumbres siempre existe una esperanza que va mucho más allá del resultado de un partido. Fue una fotografía muy especial para mí”, afirmó.
Rostros entre el fútbol
Henry asegura que esta experiencia confirmó que la fotografía va mucho más allá de capturar imágenes bonitas.
Así como hace poco emocionó a un jurado argentino que lo declaró ganador con una macrofotografía de un girasol tomada en Costa Rica, ahora encontró belleza en abrazos, miradas, banderas y sonrisas de personas que probablemente nunca volverá a ver.
Porque mientras el marcador dirá que Austria derrotó 3-1 a Jordania, las fotografías del sancarleño conservarán para siempre otro resultado: el de un Mundial donde miles de desconocidos demostraron que el fútbol también puede unir culturas, emociones y esperanzas bajo un mismo cielo.
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