Son muchos los cartagineses que se levantan en medio del clima frío y las brumas de la provincia para enrumbarse a sus labores en San José cada día.
Para trasladarse, una gran mayoría opta por utilizar el transporte público, aun en medio de los constantes cuestionamientos que tanto los buses como el tren enfrentan.
Desde temprano, los usuarios hacen fila buscando un espacio en el tren. La hilera de personas que se forma por fuera del perímetro de la estación de Cartago es considerable: estudiantes rumbo a la universidad, trabajadores, pacientes con citas médicas o personas que, simplemente, necesitan llegar a la capital a tiempo para cumplir con sus compromisos.
Al salir el viaje de las 6:01 a.m., la fila avanza, pero muchos no hallan espacio. Se quedan esperando 20 minutos más para intentar subir al próximo tren de las 6:20 a.m. y, mientras el reloj avanza, la aglomeración se incrementa.
Cuando finalmente se escucha la bocina y la máquina se asoma desde el sector de Los Ángeles, la espera parece terminar. Sin embargo, un anuncio espontáneo pone a correr a los presentes:
“El tren viene lleno, y solo cinco personas pueden pasar, lo siento”, mencionó el cobrador que se encontraba en el portón de acceso.
La molestia no se hizo esperar entre quienes aguardaban desde hacía poco más de 20 minutos. El tren había salido desde Paraíso y, al llegar a Cartago centro, ya no daba abasto.
Quienes necesitaban llegar pronto a su destino, sin pensarlo dos veces, se fueron corriendo hasta la terminal de autobuses de Lumaca, que por fortuna queda al costado norte de la estación; pero, al llegar allí, se presentó otro problema.
Una importante fila de varios metros aguardaba por el servicio directo. Es decir, de una u otra manera llegarían tarde.
Esta es una problemática que se ha denunciado anteriormente: los buses no salen con la frecuencia que los usuarios esperan, por lo que muchos optaron por tomar el autobús colectivo que viaja por San Pedro de Montes de Oca.
Ya dentro de este autobús, a sabiendas de que por las presas llegaríamos tarde a nuestro destino. Conversamos con Juan Pablo Rojas, un usuario que primero hizo fila para el tren junto a su padre, un adulto mayor que iba para una cita en el Hospital Calderón Guardia.
“Nosotros íbamos a tomar el tren porque nos queda más cerca para ir al Calderón. Ahí nos topamos con la sorpresa de que había mucha gente esperando, entonces tomamos la decisión de venirnos en bus, también con la duda de si había, porque suponíamos que iba a estar totalmente lleno, porque todo el mundo iba a hacer lo mismo”, relató.
Rojas agradece que, por haber salido con tiempo, pudieron optar por el autobús para no perder la cita médica, aunque aseguró que le pareció extraño que en la estación del tren solo dejaran pasar a “x cantidad de personas”.
Esta situación, vivida en días recientes, es un ejemplo del calvario que aqueja a muchos brumosos que buscan movilizarse entre la Vieja Metrópoli y la capital. Se trata de incidencias que no son un secreto para nadie y que continúan afectando la calidad de vida de la población cartaginesa.



