Entre la música, los colores y la multitud de la Marcha de la Diversidad 2026 en San José, resalta la voz de Alina Trejos.
Ella es una joven trans originaria de Esterillos Oeste, un lugar que describe con una sonrisa como “el más precioso de toda Costa Rica”. Alina empacó sus maletas hace cuatro años para descubrir el mundo más allá de su pueblo costero.
Hoy, camina por las calles de la capital no solo para celebrar, sino para alzar la voz por una comunidad que sigue abriendo brecha en el país.
Más que una celebración: Una marcha de resiliencia
Para Alina, participar en el Pride 2026 va mucho más allá de los reflectores o la fiesta. Su presencia en las calles josefinas tiene un propósito claro y contundente: la defensa de los derechos humanos.
“El objetivo principal de estar en esta marcha no es andarme mostrando. Significa venir a luchar contra la homofobia y por los derechos humanos para las personas de la comunidad. Es un día para decirle al mundo: ‘Aquí estamos, desde el respeto y la comunicación’”, afirma Trejos.
La familia: El puente entre el temor y la aceptación
Uno de los procesos más íntimos y complejos para las personas trans suele ser la aceptación familiar. Alina confiesa que, al principio, ella misma construyó barreras mentales, asumiendo que su familia no la iba a aceptar. Sin embargo, su madurez y empatía le han enseñado una lección invaluable que hoy comparte con las nuevas generaciones.
LEA MÁS: Este fue el anuncio de Nogui Acosta sobre un tema clave para Costa Rica
“No hay un manual para los papás de cómo tener un hijo trans, y no hay un manual para los hijos trans de cómo tratar y comunicarse con sus papás”, aseguró.
“De nada me sirve odiar a mi papá. Es mejor acercarme a mi familia y decirle: ‘Papá, acéptame, porque aquí está tu creación’”, reflexiona con evidente emoción, haciendo un llamado a la comunicación genuina en los hogares costarricenses.
Entre la discriminación y el respaldo institucional
Alina es consciente de la realidad nacional. Reconoce que, a nivel social, Costa Rica aún enfrenta retos importantes en comparación con naciones europeas donde la diversidad se abraza con mayor naturalidad. Los estigmas y la discriminación aún laten en las calles.
Sin embargo, a pesar de los dolores que esto genera, su corazón está lleno de gratitud porque en Costa Rica se le ha permitido existir legal y plenamente como la mujer que es.
El Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) respaldó su cambio de identidad. Su cédula, sus títulos educativos están a nombre de Alina Trejos.
“Me siento orgullosa y feliz de ser ciudadana costarricense. Puedo mirar a otros países en el mundo donde ni siquiera podría ser yo misma, y saber que aquí hasta el Gobierno me respalda”, concluye Alina, antes de sonreír para una de las tantas fotografías que le piden durante la marcha.
Su historia es un recordatorio de que, aunque el camino es largo, Costa Rica sigue dando pasos hacia el respeto y el amor.






