Cuando la pandemia obligó a miles de personas a bajar las cortinas de sus negocios, Milena Barrantes Cabezas sintió que el mundo se le venía encima.
Su emprendimiento de venta de verduras, Mi Frutica Fresca, desapareció de un día para otro, mientras las cuentas seguían llegando y la desesperación crecía en su casa, donde debía velar por sus dos hijos.
La vecina de Aguas Zarcas de San Carlos recuerda que hubo momentos en los que no sabía qué hacer.
El trabajo que había construido con tanto esfuerzo simplemente dejó de existir porque la gente permanecía encerrada y el temor al contagio frenó las ventas de frutas y verduras.
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“Me sentí atada de manos. Me preguntaba qué iba a hacer porque ya no tenía trabajo y las facturas crecían día con día. Fue un momento de mucha desesperación”, recuerda.
Sin embargo, en lugar de rendirse decidió buscar una alternativa. Escuchó que varias personas necesitaban viajar desde Aguas Zarcas hasta San José para asistir a citas médicas, retirar medicamentos, hacer mandados o llevar encomiendas. Entonces creó un grupo de WhatsApp y comenzó a organizar los viajes.
Tres años después, ese pequeño y desesperado intento de salir adelante se convirtió en su principal fuente de ingresos.
Una ruta que cambió su vida
Hoy Milena recorre todos los días 93 kilómetros desde Aguas Zarcas hasta San José y otros 93 de regreso. Son 186 kilómetros diarios, de lunes a sábado, en jornadas que muchas veces empiezan antes de las cinco de la mañana y terminan entrada la tarde. También muchos domingos hace el viaje.
Las presas, las rotondas y el intenso tránsito de la capital fueron, al principio, uno de sus mayores retos.
“Como sancarleña no estaba acostumbrada a manejar en San José. Al principio dependía completamente del Waze y hasta me tocó dar vueltas varias veces en una rotonda porque no sabía cuál salida tomar. Siempre le pedía a Dios que me guiara y poco a poco fui perdiendo el miedo”, cuenta.
Aunque los viajes generalmente duran entre dos y tres horas, dependiendo del tráfico, asegura que ya aprendió a convivir con las desesperantes presas josefinas y alajuelenses.
Mucho más que transportar pasajeros
Su trabajo no consiste únicamente en llevar personas de un lugar a otro.
Milena recoge adultos mayores en la puerta de sus casas, los espera cuando salen de consultas en hospitales como el México, lleva niños donde familiares, transporta medicamentos, encomiendas y hasta hace paradas cuando algún pasajero necesita tomar un café o ir al baño.
“Me gusta servir. Si un adulto mayor necesita que lo espere, lo espero. Si alguien ocupa parar un momento, paramos. El cliente es quien me da trabajo y yo trato de que siempre quede satisfecho”, asegura.
Esa forma de trabajar le ha permitido construir algo que considera invaluable: la confianza de sus pasajeros. Muchas familias ya le confían a sus hijos para viajar y otras la recomiendan porque saben que recibirán un trato cercano y responsable.
El esfuerzo dio frutos
El servicio comenzó con un automóvil, pero el crecimiento del emprendimiento le permitió dar un paso que jamás imaginó cuando perdió su negocio de verduras.
Gracias a los viajes pudo comprar un vehículo nuevo de siete pasajeros, con el que ahora atiende la creciente demanda. Incluso, conserva el primer carro, que también lo tiene trabajando.
“Jamás pensé que este trabajo me iba a permitir comprar otro vehículo y nuevo de agencia. Hoy es la única entrada económica que tengo y gracias a Dios se está pagando solo”, afirma con orgullo.
Milena sabe que todavía hay días pesados, con presas interminables y jornadas agotadoras, pero cuando recuerda las nubes bien oscuras durante la pandemia entiende que cada kilómetro recorrido ha valido la pena.
A veces la vida obliga a cambiar de camino. Ella dejó atrás las verduras, pero encontró una nueva ruta que, además de llevar pasajeros entre San Carlos y San José, también transporta los sueños de una madre que nunca deja de luchar por sacar adelante a su familia.




