Mientras más de un millón de escolares y colegiales costarricenses aprovechan las vacaciones de medio año para dormir un poco más, salir con los amigos, ver los partidos del Mundial de la FIFA o pasear con la familia, “cuatro olímpicos” jóvenes cambiaron el descanso por tubos de ensayo, fórmulas químicas y exámenes de altísimo nivel al otro lado del planeta.
Tamara Garrote Villalobos es del Colegio San Francis; Leonor Obando Umaña, es del Colegio Científico de Alajuela; Juan Pablo Valverde Cordero del Científico de Pérez Zeledón y José Chávez Rodríguez del Centro Integral de Educación Privada (CIDEP) son los “cuatro olímpicos”.
Ellos representan a Costa Rica en la 58 Olimpiada Internacional de Química (IChO), que se realiza en Uzbekistán desde el 10 y hasta el 19 de julio y reúne a los mejores estudiantes de secundaria en química del mundo.
Llegar hasta ahí no fue cuestión de inteligencia únicamente. Detrás de ese viaje hay más de un año de sacrificios, incontables horas de estudio, prácticas de laboratorio y una selección en la que solo cuatro lograron ganarse el derecho de vestir los colores de Costa Rica.
Sueño comenzó en el colegio
Todo empezó en febrero del 2025, cuando los cuatro se inscribieron en la Olimpiada Costarricense de Química. Conforme avanzaron las distintas etapas demostraron que estaban entre los mejores del país y lograron llegar a la final nacional.
Después vino un proceso todavía más exigente. De los 18 estudiantes que aspiraban a integrar la selección nacional, únicamente 12 avanzaron a la siguiente ronda. Finalmente, una superfinal con pruebas avanzadas de teoría y laboratorio terminó definiendo a los cuatro representantes nacionales.
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Su preparación tampoco terminó ahí. Durante junio participaron en un intenso entrenamiento basado en los problemas oficiales de la Olimpiada Internacional, resolviendo ejercicios que normalmente forman parte de carreras universitarias de Química.
Amor por la ciencia
Para Tamara, estudiante de undécimo año, el sueño empezó mucho antes de imaginar un viaje a Asia.
“Toda la vida me han llamado muchísimo la atención las olimpiadas y me gustan mucho las ciencias. Llevo estudiando química desde noveno y, cuando me propuse llegar a una olimpiada internacional, tuve que organizar muy bien mi tiempo. Ha sido una experiencia muy bonita, pero también muy retadora”.
Leonor, de décimo año, asegura que nunca sintió el estudio como una obligación.
“Lo que más me llevó a participar fue el amor por esta ciencia y la competitividad.
“Todos los meses de estudio se disfrutan mucho porque a uno le gusta la química; además, conocer a las personas que participan motiva muchísimo”.
Su consejo para otros jóvenes es sencillo: “Esfuércense desde el principio y créansela porque nadie se la va a creer por ustedes. Estudien y den lo mejor de ustedes”.
Juan Pablo considera que esta oportunidad resume años de dedicación.
“Me gusta pensarlo como el resultado del esfuerzo de toda la vida, desde iniciar clases en la escuela hasta el trabajo que he puesto en química el año pasado”.
Mientras tanto, José reconoce que un profesor fue quien despertó definitivamente su interés por esta ciencia.
“Principalmente porque me gustaba la química y porque tengo un profesor en mi colegio que me ha motivado mucho. Espero hacer todo lo que pueda y, si es posible, ganar algún premio”.
Por los momentos, secreto total
El doctor Manuel Sandoval Barrantes, jefe de la delegación costarricense, explicó desde Uzbekistán, que la competencia tiene una particularidad: durante las pruebas, profesores y estudiantes permanecen completamente incomunicados.
Los líderes de cada delegación deben revisar, aprobar y traducir los exámenes oficiales, por lo que no pueden tener contacto con sus estudiantes. Incluso, los competidores entregan sus teléfonos celulares y otros dispositivos electrónicos para garantizar la transparencia del certamen.
“Hasta el día de la premiación sabremos cómo les fue. Ningún país comparte sus resultados y todos los conocemos al mismo tiempo”, explicó Sandoval.
Sandoval está junto a otros dos profesores como parte de la delegación tica: el doctor Cristian Campos Fernández de la Universidad de Costa Rica, como profesor mentor y el máster José Pablo Sibaja Brenes subdirector de la Escuela de Química de la Universidad Nacional.
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El resultado final se conocerá el 19 de julio. Pero, más allá de una posible medalla, estos “cuatro olímpicos” muchachos ya consiguieron algo extraordinario: mientras miles de colegiales disfrutan sus vacaciones, ellos decidieron cruzar medio mundo para demostrar que el talento, la disciplina y el amor por la ciencia también es bien ¡pura vida!






