Las vacaciones de medio año traen paseos y mucho calor, pero antes de comprarle ese antojito dulce a su hijo todos los días, lea los valiosos consejos del Colegio de Profesionales en Nutrición para refrescarlos sin pasarse de la raya con el azúcar.
Con estos calores y los chiquitos en la casa por las vacaciones, es facilísimo caer en la tentación de comprarles un heladito o un granizado a media tarde para que se refresquen.
Muchos de estos productos de la calle están cargadísimos de azúcar, grasas saturadas y otros ingredientes que, si se consumen en exceso, les pueden pasar una factura muy cara a la salud de nuestros pequeños.
Ni prohibir ni abusar: el secreto es el equilibrio
La nutricionista Elizabeth Delgado Montero explica que no se trata de satanizar el heladito de la tarde, sino de entender que este nunca debe reemplazar las comidas principales, las frutas ni mucho menos el agua.
“Las vacaciones son para disfrutar y un helado de vez en cuando forma parte de esos momentos. Sin embargo, la clave está en el equilibrio“, detalló la especialista.
Elizabeth aclara que si durante el día los chiquitos comen bien, con sus vegetales, frutas frescas y toman bastante agua, comerse un helado ocasional no va a representar ningún problema.
Lea las etiquetas y no use el dulce como premio
Antes de pagar por ese antojo frío, la experta recomienda que, como papás, nos pongamos vivos y revisemos la etiqueta nutricional. Hay que ponerle especial cuidado al tamaño de la porción, la cantidad de azúcar, las grasas y hasta el sodio.
Otro consejo de oro que nos da el Colegio es evitar usar los helados como un premio o recompensa si los chiquitos se portan bien. Esta costumbre hace que, desde muy pequeñitos, creen una relación poco sana con la comida.
Si usted quiere darles algo rico, que quite el calor, pero que sea más sanito, hay alternativas maravillosas. Por ejemplo, anímese a hacer en casa paletas con pura fruta natural o usar yogur congelado bajo en grasa y sin azúcar añadida.
Otra idea que a los niños les encanta son las frutas congeladas o bien refrigeradas. Picar trocitos de sandía, melón, piña, mango o uvas y meterlos a la refri es un éxito total que los refresca y les aporta las vitaminas, fibra y agua que necesitan para crecer fuertes.
Los helados no hidratan
Finalmente, hay un mito que debemos dejar de lado: el Colegio nos recuerda que los granizados y las bebidas de sabores artificiales no sirven para hidratar, pues solo están llenos de colorantes y azúcar.
“La mejor bebida para mantener hidratados a los niños sigue siendo el agua potable“, nos recalca la doctora Delgado. Ella aconseja andar siempre con una botellita y ofrecerles agüita a cada rato, incluso antes de que ellos digan que tienen sed.
Si quiere variar un poquito, hágales en una jarra agua con rodajas de limón, naranja, pepino o unas hojitas de hierbabuena, ¡sin necesidad de echarle azúcar! Enseñarles estos hábitos saludables desde chiquillos es, sin duda, el mejor regalo de vida que les podemos dar.


