Hace 25 años, Carolina Medina Umaña perdió mucho más que al comunicador Parmenio Medina, a quien miles de costarricenses escuchaban cada semana por la radio.
Perdió al abuelito que la llamaba “Coralina”, al hombre que nunca olvidaba llevar un regalito para cada uno de sus 14 nietos cuando regresaba de un viaje y al que siempre encontraba tiempo para un abrazo, un beso o una palabra de cariño.
Hoy, con 34 años, convertida en periodista y productora audiovisual, todavía siente un vacío que el tiempo no ha logrado llenar.
“Lo que más me hace falta es un abrazo. Escuchar su voz llamándome ‘Coralina’. Uno hasta extraña un jalón de orejas. Me hubiera encantado que él hubiera visto en lo que nos convertimos todos sus nietos, que conociera a sus bisnietos y a su tataranieta. Lo único que quisiera es que hubiera podido disfrutarnos un poquito más”, dice con la voz entrecortada.
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Cada vez que habla de él, las emociones siguen intactas. Han pasado 25 años desde aquella mañana en que la violencia apagó la vida de Parmenio Medina Pérez, pero para Carolina el tiempo parece detenerse cuando recuerda al hombre que llenó de amor su infancia.
“Creo que para todos mis primos ha sido un sentimiento de ausencia muy grande, porque mi abuelo era un abuelo al cien por ciento presente. Era el primero que llegaba al hospital cuando nacía un nieto, el primero en querer conocerlo, el primero en estar ahí si algo pasaba. Siempre encontraba tiempo para nosotros”, recuerda.
Parmenio tuvo cinco hijos y, cuando murió, ya disfrutaba de 14 nietos. Ninguno era tratado como uno más. A todos los conocía por un apodo especial, una muestra de que para él cada niño tenía una personalidad única.
“Mi primo Fabio lo recordó hace poco. Mi abuelo nos tenía un apodo a cada uno. Eso demuestra cuánto nos conocía. Nos hacía sentir especiales de manera individual”, cuenta Carolina.
Pero si hay un recuerdo que nunca abandonará su memoria ocurrió apenas ocho días antes del asesinato.
Parmenio acababa de regresar de un viaje por Cuba y Chile. Carolina acompañó a su papá a visitarlo y esa sería la última vez que lo vería con vida.
“Me dijo: ‘Coralina, te traje algo. La otra semana te lo doy’. Él siempre llegaba con un detallito para todos los nietos. Después de que falleció nos entregaron esos regalos que ya tenía separados. El mío era un bolsito tejido con la imagen del Che Guevara y una boina. Lo guardé durante muchísimos años. Ese fue el último regalito que me trajo mi abuelo”.
Carolina atesora el gesto
Porque así era Parmenio cuando apagaba el micrófono. Un abuelo chineador, presente, detallista y muy cariñoso.
Un hombre que convertía cualquier viaje en una oportunidad para enseñarles a sus nietos que el mundo era mucho más grande que Costa Rica.
“Ahora entiendo que esos regalos también eran una forma de educarnos, de enseñarnos que existían otras culturas y otras realidades. Él siempre buscaba dejarnos una enseñanza”.
Los nietos también formaban parte de la otra gran pasión de su vida: la radio.
Cuando Parmenio grababa La Patada, su hijo, Rodolfo Medina, llevaba a sus hijos al estudio. Ellos observaban cómo nacía el programa que marcaría una época en Costa Rica y hasta participaban durante la grabación.
“Nos daban la campana o nos pedían que aplaudiéramos. Él siempre buscaba que fuéramos parte de su trabajo y de su vida. Hoy ese es un legado que sinceramente reclamo, porque siento que nos hubiera podido enseñar muchísimo más”.
Hizo historia en la radio
Para el resto del país era Parmenio Medina, el comunicador que durante casi tres décadas denunció irregularidades, incomodó a poderosos y revolucionó la radio costarricense con el programa radial La Patada. Para Carolina y sus primos simplemente era “el abuelito”.
Sin embargo, conforme fue creciendo, comenzó a descubrir que aquel hombre que la llenaba de abrazos también era considerado uno de los comunicadores más brillantes que ha tenido Costa Rica.
“Con el proyecto ¿Qué pasó con Parmenio?, que iniciamos mi hermano Fabián y yo hace unos cuatro años, empezamos a conocer facetas de mi abuelo que nosotros, por la edad que teníamos cuando murió, nunca habíamos conocido.
“Ese proceso ha sido muy sanador porque nos permitió entender quién era él como ser humano, no solamente recordarlo por el asesinato o por la denuncia que terminó quitándole la vida”.
Aunque en la familia hay varios comunicadores, Carolina asegura que nunca han sentido la obligación de convertirse en un nuevo Parmenio Medina.
“Hay un compromiso muy grande, pero también entendemos que no va a existir otro Parmenio Medina. Todos hemos tomado caminos distintos dentro de la comunicación y nunca ha sido nuestra intención imitarlo. Él fue único”.
No lo dice solo por el cariño de nieta. Lo dice como periodista.
La Patada, adelantado a su época
La Patada fue mucho más que un programa de radio.
Con un estilo irreverente e innovador, Parmenio mezclaba investigaciones periodísticas, sátira política, humor, personajes, imitaciones y denuncias en una fórmula que durante años gustó a miles de costarricenses.
Mientras muchos programas se limitaban a informar, él lograba que el público entendiera temas enredados riéndose, pero también reflexionando.
Para Carolina, ese talento era producto de una inteligencia extraordinaria. “Escucho una Patada y lo único que puedo pensar es que mi abuelo era un genio de la comunicación.
“Era impresionante la forma en que combinaba el humor, la crítica, la denuncia, la parte comercial... Era demasiado visionario. No solo creó La Patada. Produjo radioteatros, radionovelas, narró vueltas ciclísticas y abrió muchísimos caminos en la radio costarricense”.
Su capacidad para investigar, desarrollar fuentes y transformar la información en un programa entretenido hizo que La Patada se convirtiera en un fenómeno que marcó a toda una generación.
El silencio que dejó un crimen
El 7 de julio del 2001, cuando regresaba a su casa en San Miguel de Santo Domingo de Heredia después de grabar el programa, Parmenio fue asesinado a balazos. Tenía 61 años.
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Su muerte sacudió al país y se convirtió en uno de los golpes más duros contra la libertad de prensa en Costa Rica.
Pero mientras el país lloraba al periodista, una familia lloraba al papá, al esposo y, sobre todo, al abuelo que nunca volvió a cruzar la puerta con un regalo escondido para cada nieto.
“Yo lo que reclamo es que nos lo quitaron muy pronto. Él hubiera disfrutado muchísimo ver crecer a sus nietos. Nos hubiera enseñado tantas cosas... Eso es lo que más duele”.
Un legado que sigue vivo
Curiosamente, la ausencia de Parmenio también sembró una semilla. Tres de sus nietos eligieron la comunicación como profesión.
Carolina estudió Periodismo y Producción Audiovisual; uno de sus hermanos también se dedica al mundo audiovisual y otro es ingeniero de sonido.
Ella cree que esa pasión nació, en parte, de un abuelo al que apenas pudieron disfrutar durante nueve años.
“Mis papás siempre nos dejaron escoger nuestro camino. Nunca sentimos la presión de seguir los pasos de mi abuelo, pero sí creo que hay un hilito de sangre que nos llevó hacia la comunicación. A los tres nos apasiona profundamente lo que hacemos”.
Como profesional, también siente que hoy hacen falta periodistas con la independencia que caracterizó a su abuelo.
“Hace falta defender con más fuerza la libertad de expresión y que los periodistas tengan respaldo para investigar y denunciar sin miedo. Mi abuelo logró eso porque creó un espacio donde podía ejercer el periodismo con responsabilidad, pero también con independencia”.
Aun así, cuando deja de hablar como periodista y vuelve a ser simplemente Carolina, la respuesta cambia por completo.
Si pudiera pedir una sola cosa, no sería una entrevista más con él. Ni una conversación sobre periodismo. Ni siquiera un consejo. “Lo que más extraño es un abrazo”.
Y, 25 años después de aquella despedida que nunca imaginó, sigue hablándole al abuelo que un día le prometió un regalo y nunca pudo entregárselo con sus propias manos.
El pasado 7 de julio la Universidad Latina de Costa Rica develó un busto de Parmenio en su sede de San Pedro, ahí asistió “Coralina” y pudimos ver como abrazó con tremendo cariño la imagen de su abuelito.
Además, el sábado 11 de julio desde las 10 de la mañana, en el Parque Morazán la familia Medina Castrillón con apoyo de la Municipalidad de San José, realizaron un homenaje a su legado e hicieron un llamado por la paz.







