En El Porvenir de Desamparados, en San José, hay una casa donde tres pequeños chihuahuas mandan más que los humanos. Lo curioso es que la dueña del hogar, doña Milagro Monge León, durante buena parte de su vida no soportaba ni tener un perro cerca.
Hoy, a sus 56 años, esta comunicadora y mercadóloga reconoce que los perros no solo cambiaron su rutina, sino también su corazón.
Todo empezó en enero del 2021, cuando su hijo (Esteban Sequeira; tiene otro hijo, Sebastián) llegó con un diminuto chihuahua de apenas dos meses de edad llamado Dobby. Aquella visita no le hizo ninguna gracia.
“Yo era de esas personas que no soportaban los perros. De verdad que no. Ningún tipo de animal. Si un perro iba en un carro, yo no me montaba en ese carro.
“Cuando mi hijo me dijo que quería uno, le advertí que si lo traía tenía que ser un perro que le entrara en el cuarto, porque yo no iba a permitir que anduviera por toda la casa”, recordó entre risas.
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Sin embargo, ese pequeño peludo terminaría derritiendo su resistencia.
Una noche que lo cambió todo
Al principio, Dobby vivía prácticamente encerrado en el cuarto del hijo. Pero un día el muchacho tuvo que salir y le pidió a su mamá que vigilara al perrito por unas horas.
Doña Milagro aceptó, aunque dejó claro que el chihuahua no debía salir del cuarto. La madrugada de ese mismo día ocurrió algo que nunca olvidará.
“El perrito empezó a raspar la puerta y a arrastrar la cobijita. Yo lo escuchaba y me daba cosa. Entonces le dije: ‘Bueno, venga’. Le pasé la camita para mi cuarto, pero él empezó a rasguñar la cama porque quería dormir conmigo.
“No quería, pero esa noche lo dejé. Desde ese día nació algo muy lindo entre nosotros. Ahora ese perro me quiere más a mí que a mi hijo, quien es el dueño”, contó.
Desde ese momento, el rechazo que sentía por los perros comenzó a desaparecer.
La familia peluda empezó a crecer
Con el paso del tiempo, Milagro y su esposo (Alexánder Calderón) se dieron cuenta de que Dobby quedaba solo cuando ellos salían de viaje, algo que les gusta hacer fuera de San José al menos una vez al año. Por eso decidieron buscarle compañía.
Así llegó Lía, una pequeña chihuahua que tenía apenas dos meses. “Ellos se entretenían muchísimo. Jugaban todo el día y parecían hermanitos”, recordó. Pero la historia tuvo un giro inesperado cuando la perrita entró en celo.
“Yo le ponía pañal para evitar problemas, pero un día fui a traer otro pañal a un cuarto y cuando regresé los dos se habían metido debajo de la cama y se pegaron. Llamé al veterinario y me dijo que no creía que con una sola vez quedara embarazada… pero sí pasó”, explicó.
Lía dio a luz a tres cachorros. Dos de ellos encontraron hogar, pero Milagro no pudo separarse de la única perrita que quedó. Así llegó Melody, la “bisnieta”, como ella misma la llama entre risas.
De no querelos a celebrarlos
Hoy en esa casa viven Dobby (4 años), Lía (2 años y 8 meses) y Melody (1 año), tres chihuahuas blancos que para Milagro son parte fundamental de su vida.
“Yo los odiaba, les tenía asco a los perros. Ahora los amo con todo mi corazón. Les tengo coche, ropa, y hasta les celebro los cumpleaños con queque. Invito a los hijos de ellos y hasta al gatito de mi nuera. De un solo queque comen todos”, contó.
Los tres duermen en la misma cama con Milagro y su esposo. “Nosotros terminamos durmiendo en las orillas porque ellos se adueñan del centro de la cama”, dijo alegre.
Tres perritos muy chineados
Los chihuahuas también tienen una rutina llena de cuidados. Comen alimento especial mezclado con pollo, carne molida o menudos, cada uno en su propia tacita. “Ellos diferencian perfectamente cuál es su taza y respetan la de cada uno”, explicó.
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Incluso tienen un rastreador GPS de Apple para saber dónde están en caso de escaparse, algo que ha pasado más de una vez.
“Son muy callejeros, pero en el barrio ya los conocen. Si se me pierden, me los devuelven. Ya hasta me identifican como ‘Mila, la de los chihuahuas’”, contó.
Además, los tres aparecen en videos de TikTok en la cuenta “Milamungel”, donde doña Milagro conversa con la gente y comparte momentos con sus mascotas.
Regalo inesperado le dio paz
Para esta vecina de Desamparados, la presencia de los perros significó mucho más que compañía.
“Siempre dicen que los perros lo escogen a uno. Yo siento que Dios me los mandó. En mi casa ocupábamos paz y ellos son blancos, el color de la paz. Muchas veces son mi única compañía y me llenan el corazón”, dijo.
Y aunque alguna vez no soportaba ni verlos cerca, hoy asegura que no podría vivir sin ellos.
“Jamás imaginé volverme loca por los perros. Los tengo bien cuidados, con vacunas al día y su veterinario. Ya no veo mi vida sin ellos. He visto historias de gente que pierde a sus perros y ni siquiera quiero pensar en ese día. Creo que me muero si llega”, confesó.






