El polémico video que publicó el Ministerio de Justicia en sus redes sociales, en el que se ve al ministro de esa cartera, Gabriel Aguilar, enfrentar a reos que denomina “jachudos”, ha generado muchas críticas.
La actitud que muestra el ministro no es la que los costarricenses están acostumbrados a ver en un jerarca y las actitudes del ministro encienden las alarmas.
En el video se ve a Aguilar retar a los privados de libertad y decirles que los “jachudos” serán llevados a máxima contención; incluso le pregunta a uno que por qué se ríe. Además, se ve que los oficiales sacan de la celda a dos privados de libertad para llevarlos a máxima contención. Los ponen en el suelo, los esposan y se los llevan, todo delante de los demás para darles “una lección”.
Psicóloga analizó la actitud del ministro
La psicóloga María Ester Flores analizó el comportamiento del ministro en el video y lo que dijo preocupa.
Ella dijo que hay que entender lo que pasó desde lo más sencillo: si para ganarse el respeto de sus hijos un papá se la pasa pegando gritos, amenazando con castigos crueles y hasta poniéndolos al piso. ¿Cree usted que esos hijos lo van a admirar?
La respuesta es un rotundo no. Para recibir respeto, primero hay que dar respeto. En un hogar donde el papá es autoritario y manda a través del miedo, solo se crían hijos rebeldes y un ambiente totalmente tóxico, violento y disfuncional.
La peligrosa “psicología del terror”
María Ester aclaró que no puede hacer un diagnóstico clínico porque el ministro no es su paciente, pero sí hizo un análisis de las actitudes que todos vieron en esa grabación pública.
Para la experta, usar una investidura policial, un uniforme y el respaldo de otros oficiales para imponerse con amenazas es, ni más ni menos, que aplicar la psicología del terror.
“Está diciéndole el mensaje implícito: ‘Si me caés mal, si me hacés una mueca o no obedecés exactamente a mis caprichos, te castigo’”, explicó con preocupación la especialista.
Un doloroso retroceso para Costa Rica
Según detalla Flores, ver a una figura de poder actuando de esa manera refleja una actitud de matonismo o bullying, donde parece que se busca hacer un “show” ante las cámaras para demostrar grandeza maltratando a otros.
El gran problema es que el jerarca está llevando la ley y el orden a un plano puramente personal. Mandar a alguien a máxima seguridad solo porque se sintió lesionado en lo personal o porque un reo le hizo una mala cara no es lo normal en Costa Rica.
Los ticos no están acostumbrados a esta nueva cultura de tortura emocional y física, por lo que hasta los mismos privados de libertad se notan confundidos y sin saber qué hacer.
María Ester recuerda que para implantar autoridad no hay que pegar gritos ni humillar, sino establecer límites con persistencia.
Un buen líder, al igual que un buen papá, dialoga y advierte. Si la persona rompe la regla, por supuesto que se le aplica una sanción, pero nunca un castigo emocional ni vejatorio para dar “lecciones” públicas.
