El viento pasa entre los enormes arcos de piedra. No hay techo, pero sí siglos de historia.
La luz se esfuma poco a poco y, como ha ocurrido durante generaciones, alguien vuelve a repetir en voz baja la historia del padre que perdió la cabeza... literalmente.
Unos sonríen, otros hacen la señal de la cruz y no falta quien apresure el paso. Así comienzan muchas de las leyendas que envuelven a Las Ruinas de Cartago, uno de los sitios más emblemáticos, religiosos y misteriosos de Costa Rica.
Les tenemos un video completo sobre este tema en nuestro canal de YouTube “La Teja”.
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Quien visite este monumento encontrará mucho más que una construcción que nunca se terminó.
Sus paredes guardan relatos de una supuesta maldición, un crimen entre hermanos, apariciones nocturnas, túneles secretos y terremotos que cambiaron para siempre el destino del templo. Pero, ¿cuánto de todo eso pertenece a la historia y cuánto a la tradición popular?
Para despejar esas dudas, La Teja conversó con el historiador cartaginés Franco Fernández, quien conoce como pocos el pasado de la Vieja Metrópoli y asegura que las leyendas forman parte del alma de Cartago, aunque la historia documentada cuente una versión muy distinta.
¿Se impuso la maldición?
La historia más famosa asegura que una maldición pesa sobre la construcción y que cada vez que alguien intentó terminarla ocurrió un terremoto que volvió a dejar la obra inconclusa. Esa creencia se fortaleció con el paso de los años y dio origen a otra de las leyendas más conocidas de la provincia.
“La leyenda dice que un sacerdote mató aquí a su hermano porque venía a casarse con la novia o la amiga del cura. Desde ese momento nació la maldición y cuentan que su espíritu nunca pudo ir ni al cielo ni al infierno.
“Es el famoso padre sin cabeza que, según la gente, todavía vaga por las noches por las calles de Cartago. Incluso hay quienes dicen que una piedra que sobresale de uno de los costados representa el puñal con el que cometió el crimen”, explica Fernández.
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El historiador aclara que se trata de una tradición oral transmitida durante décadas, una de tantas historias que han dado identidad al monumento y que todavía hoy despiertan curiosidad entre vecinos y turistas.
El misterio de los túneles
Otra de las creencias más populares afirma que bajo la antigua capital existe una extensa red de túneles secretos que conectaba distintos puntos de la ciudad. Sin embargo, Fernández asegura que esa historia nació de una confusión que terminó convirtiéndose en leyenda.
“En Cartago no hay ningún túnel. Lo que la gente encontraba eran antiguas zanjas por donde corría el agua antes del terremoto. Eran estructuras de unos 80 centímetros de alto donde los chiquillos nos metíamos a jugar y para nosotros esos eran los famosos túneles.
“De ahí comenzaron a surgir historias de encuentros secretos y pasadizos ocultos, pero las excavaciones arqueológicas nunca encontraron túneles”, asegura el historiador.
Lo que sí apareció durante algunas excavaciones fueron restos humanos pertenecientes al antiguo cementerio de Cartago, que funcionó entre 1.575 y 1.813, un hallazgo que sorprendió, incluso, a quienes participaban en los trabajos.
Historia real detrás de Las Ruinas
Aunque las leyendas siguen vivas, la historia también explica por qué el templo nunca llegó a terminarse.
La construcción comenzó en 1.860 con el propósito de levantar uno de los templos más importantes del país. La comunidad organizaba turnos para recaudar fondos, muchas personas trabajaban gratuitamente y la propia Iglesia católica puso plata para sacar adelante el proyecto.
“Fue un esfuerzo comunal enorme. Muchísima gente trabajó de gratis porque ayudar a construir el templo era una expresión de su fe.
“Hubo recursos del cabildo y también de la Iglesia católica, pero los terremotos del 13 de abril y del 4 de mayo de 1910 cambiaron la historia para siempre. La ciudad quedó devastada y la construcción nunca pudo terminarse”, aclara Fernández.
El historiador agrega un detalle que pocos conocen: el monumento ni siquiera debería llamarse Las Ruinas de Cartago.
“Aquí le llamamos ruinas, pero en realidad es una iglesia inconclusa. Lo correcto sería decir iglesia inconclusa de Santiago Apóstol, porque nunca llegó a convertirse en un templo terminado. Santiago Apóstol era el santo patrono de Cartago y también de Costa Rica en aquella época”, explica.
Conviven la fe, la historia y las leyendas
Más de un siglo después de los terremotos de 1910, la iglesia inconclusa de Santiago Apóstol continúa siendo uno de los monumentos históricos más visitados de Costa Rica.
Quienes llegan buscando conocer su arquitectura terminan descubriendo siglos de esfuerzo, devoción y solidaridad. Quienes llegan atraídos por el misterio se llevan historias que han sobrevivido gracias a la tradición oral.
Y quienes escuchan hablar del padre sin cabeza, de la supuesta maldición o de los túneles secretos entienden que, verdaderas o no, esas leyendas ya forman parte del corazón de Cartago.
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