Las personas buscan dónde esconderse cuando cae un aguacero en La Fortuna de San Carlos, pero el nicaragüense Antonio Padilla Madriz, más bien sonríe y le agradece a Dios.
Después de seis años detrás de su carrito de “Copos Pura Vida”, aprendió algo que todavía sorprende a quienes lo escuchan por primera vez.
“Cuando llueve es de los momentos que más copos vendo. Debajo de la lluvia la gente me sigue comprando. Un día había un tremendo aguacero, creí que no vendería nada, pero se paró un carro y de un solo me compraron seis copos. La lluvia es una bendición”, cuenta entre risas.
Quizás por eso le resulta tan fácil encontrarle el lado bueno a las dificultades. Hace algunos años perdió el trabajo que había tenido durante más de una década en un hotel de La Fortuna debido a la pandemia del covid-19.
LEA MÁS: La historia del nicaragüense que pone a las familias a jugar fútbol en tiempos del Mundial 2026
Lo que parecía una desgracia terminó convirtiéndose en el empujón que necesitaba para cumplir el sueño de poner su propio negocito.
Una vida trabajando
Cuando conversamos con Toño por primera vez, en 2022, apenas comenzaba a abrirse camino como emprendedor. Había sido despedido y trataba de salir adelante vendiendo copos en el parque de La Fortuna, pero no sabía casi nada del producto. Comenzó por pura necesidad. Hoy la historia es distinta.
Aunque reconoce que el turismo tiene temporadas buenas y malas, asegura que el negocio le ha permitido vivir con tranquilidad y continuar sosteniendo a su familia.
“Me ha ido bien, gracias a Dios. Hemos tenido altos y bajos porque aquí vivimos del turismo y cuando el turismo baja, también bajan las ventas, pero ahí vamos. Claro que hemos podido seguir comiendo. Durante la pandemia hubo momentos muy difíciles, pero gracias a Dios, nunca nos faltó lo necesario”, recordó.
La historia de este pulseador comenzó lejos de Costa Rica. Nació en Río San Juan, Nicaragua, donde vivió hasta los 18 años. Después tomó la decisión de venir a buscar oportunidades laborales de este lado del San Juan.
Su camino estuvo marcado por trabajos pesados y largas jornadas. Primero fue la construcción, luego arrancó yuca en una empacadora bajo el sol y la lluvia, más adelante pasó una década trabajando en un aserradero y finalmente encontró estabilidad en el sector turismo.
Poco a poco fue creciendo dentro de la industria hotelera hasta llegar a desempeñarse como recepcionista. Entonces llegó la pandemia y todo cambió.
La oportunidad detrás de la crisis
El hotel cerró sus puertas y Toño se quedó sin empleo. Sin embargo, en medio de la incertidumbre apareció una oportunidad que terminaría cambiando su vida.
Con un carrito de copos, mucho esfuerzo y una enorme capacidad para relacionarse con las personas, comenzó una nueva etapa que hoy suma seis años.
“Dios tiene todo preparado para nosotros. Uno no entiende las cosas cuando pasan, pero después se da cuenta de que había un propósito.
“Ahí va uno día a día saliendo adelante. Este trabajo ha sido una bendición enorme para mí”, aseguró el pasado 18 de junio cuando lo visitamos en el puritico corazón de La Fortuna, el parque central.
La experiencia acumulada durante años atendiendo turistas sigue siendo una de sus mayores fortalezas. Aunque no domina el inglés, eso nunca le ha impedido conversar con visitantes de todas partes del mundo.
“A veces, paso media hora hablando con un turista y no sé si él me entendió o si yo lo entendí completamente, pero al final terminamos conversando y compartiendo”, comentó entre carcajadas.
El secreto no está en el hielo
Durante estos años ha aprendido que vender copos va mucho más allá de raspar hielo y echarle sirope. El trato a las personas sigue siendo la clave de su éxito.
Muchos clientes lo buscan por recomendación y otros regresan cada vez que visitan La Fortuna. Su producto estrella continúa siendo el copo de coco con piña, una mezcla que conquistó el paladar de turistas nacionales y extranjeros. Incluso nos sorprendió poniéndoles barquillos a los copos.
Pero cuando se le pregunta cuál ha sido realmente el secreto para mantenerse tantos años, la respuesta llega de inmediato.
“Habrá gente que piense que vender copos no es gran cosa, pero para mí esto es de lo mejor que me ha pasado en la vida. Me gusta atender a la gente, conversar con ellos y servirles. Todos los días aprendo algo nuevo y conozco personas distintas. Eso me hace feliz”, afirmó.
Seis años después de iniciar su emprendimiento, don Antonio Padilla sigue demostrando que las oportunidades pueden aparecer en los momentos más difíciles. Tal vez por eso, cuando las nubes cubren el cielo de La Fortuna y comienza a caer la lluvia, él no se preocupa.
Al contrario. Sonríe, acomoda su carrito y espera a los clientes, convencido de que, como tantas otras cosas en su vida, hasta los aguaceros pueden convertirse en una bendición.





