Karen Fernández.4 septiembre
María tiene dos Días de la Madre sin poder festejar con sus hijos. Foto Jorge Castillo
María tiene dos Días de la Madre sin poder festejar con sus hijos. Foto Jorge Castillo

Como les hemos venido contando esta semana en La Teja, le traemos otro fuerte testimonio de María, una vecina de Pavas, que paga con seis meses de cárcel una deuda por pensión alimentaria a su expareja.

Esta mujer, de 48 años, está encerrada en el módulo de pensiones de la cárcel de mujeres desde el pasado 11 de abril. Esta es la primera vez que vive la experiencia; sin embargo, teme que si no consigue trabajo en un mes después de salir, le tocará regresar otros seis meses.

“Ya casi salgo de aquí, (10 de octubre) y voy para afuera sin un trabajo, ni esperanza, ni donde vivir”, indicó la mujer.

María empezó pagando una pensión de ¢110 mil y ahorita se la dejaron en ¢90 mil, se la debe pagar al padre de sus dos hijas menores, de 10 y 12 años y quien según ella describe, las tiene en abandono, no se preocupa por sus citas médicas ni la escuela.

“Convivimos durante 14 años y hace seis años lo abandoné. Mientras estuvimos juntos fui víctima de agresión, al punto que una vez me agarró a patadas estando con seis meses de embarazo y me mató el bebé. Tuve que ir a parir un niño muerto al hospital”, recordó aún con profundo dolor.

Asegura que ella le puso cinco denuncias por violencia doméstica en contra de su expareja antes de dejarlo, por eso hoy aún no comprende cómo el PANI lo dejó a cargo de sus hijas, creyendo el testimonio de él, quien la acusa de ser violenta.

“Siempre he sacado adelante a mis hijas, desde que nacieron, mientras él se dedicaba a tomar guaro y consumir drogas. Luego de separados apareció un día a llevarse a las niñas a pasear y comenzó a meterles ideas en la cabeza. A decirles que yo trabajaba de puta en San José, por lo que un día, la mayor, de 12 años, me gritó feo.

"Reconozco que le pegué por la boca y le pedí que me respetara porque yo trabajaba como costurera, ahí me dijo que su papá le decía eso y que si él lo decía, era cierto”.

Según cuenta, de ese altercado con su hija se agarró el padre para llevar a las menores al PANI y acusarla de ser una persona violenta, además de decir que la casa olía a marihuana.

“Le dije a la mujer del PANI que nos mandara a hacer pruebas doping a ambos porque nunca me he fumado ni un cigarro en mi vida. Le pedí que fuera a hablar con mis vecinos para que le dijeran la clase de persona y madre que soy. Llevé cartas de la escuela y que cómo iba a darle a mis hijas a un drogadicto, pero solo me mandó las pruebas a mí”, explicó María.

Dice que, incluso, la hermana de su expareja fue a hablar con la funcionaria del PANI para decirle que su hermano era un irresponsable y que ella María es una buena madre, que siempre había luchado sola por sacar a sus hijas adelante.

“La intervención inició en el 2016 por denuncias de maltrato físico, sicológico y verbal, además de exposición a drogas. Se dio el proceso especial de protección y ambas niñas están con el padre. Están estables. Existen dos procesos judiciales por violencia doméstica contra la señora”, respondió el PANI mediante correo electrónico.

Cuando salga de la cárcel deberá ir a pedirle posada a alguna amiga, porque no tiene ni dónde meterse. Foto Jorge Castillo
Cuando salga de la cárcel deberá ir a pedirle posada a alguna amiga, porque no tiene ni dónde meterse. Foto Jorge Castillo
Triste Día de la Madre

María recuerda con dolor el Día de la Madre del año pasado, cuando asegura que su hija menor la llamó para decirle que su papá andaba borracho y que metió viejas a la casa y que estas se estaban agarrando entre ellas y no se podían dormir.

Desde hace poco más de un año no puede verlas porque su papá no las deja, aunque ningún juez ha dictado que no pueda hacerlo.

“Un día por teléfono me dijo que con la plata que yo le daba se limpiaba el trasero porque mi plata no le importaba, solo desea hacerme el mal”, explicó la presa por pensión.

En diciembre del 2018, asegura que la llamó la policía porque su hija menor se había escapado a la casa de su tía paterna cansada de que él las dejara solas en la casa para irse a tomar licor con una mujer. Cuando iba a ir a recogerla, tuvo que devolverse, porque su expareja se apareció con la orden de apremio.

“Cuando él ha ganado buena plata, nunca me ha dado ni sal para un jocote para mantener a mis hijas”, María, presa por pensión.

Por eso ahora espera que los diputados aprueben la ley de pensiones que les daría trabajo a las personas con necesidades como ellos para poder pagarla.

“Por mi edad cuesta mucho conseguir trabajo, por lo que ese proyecto sería una buena opción para garantizarme una estabilidad laboral y poder cumplir con mis obligaciones”.