Karen Fernández.Hace 4 días
Los llenazos frente a la playa eran comunes en la década de los años 50 en el Puerto. Foto: Rafael Pacheco
Los llenazos frente a la playa eran comunes en la década de los años 50 en el Puerto. Foto: Rafael Pacheco

“Jamás podré olvidar, este lindo verano. Esas noches plateadas de lunas bañadas tu cielo y tu mar. Llena mi corazón una dulce emoción y se olvidan mis penas porque en ti Puntarenas todo es una ilusión que más tarde se irá”, así comienza la canción “Recordando mi puerto”, compuesta por Orlando Zeledón allá por los años 40.

Esa es tan solo una de las canciones dedicadas a los años dorados de Puntarenas y que enamoraron a cientos de vecinos del Valle Central.

“Noche inolvidable, fue aquella noche. Cuando en aquel bello puerto le hablé de mi amor. Con el mar y la luna que fueron testigos de aquellas horas felices que a su lado viví. Hoy al volver otra vez con angustia recuerdo, aquella noche inolvidable que no volverá”, así dice parte del tema “Noche inolvidable”, de Ricardo Mora.

Y finalmente, “Puntarenas”, tema que Ricardo Padilla escribió muy jovencito que dice: “A la deriva en la playa, una rocola que suena, veo a mis amigos bailando todos aquí en Puntarenas...”, tema que reflejaba lo que vivía cada verano este músico nacional.

Conversamos con Padilla y nos contó parte de sus recuerdos de esa época de antaño, cuando entre sus 14 y 18 años, todos los muchachillos se iban detrás de las noviecillas para el Puerto.

Ricardo Padilla compartió sus recuerdos sobre Puntarenas con La Teja. Foto: John Durán
Ricardo Padilla compartió sus recuerdos sobre Puntarenas con La Teja. Foto: John Durán

“Nos íbamos con los amigos en las vacaciones y nos quedábamos en el jardín de la casa porque las mamás nos tenían bien vistos y salíamos a caminar por la playa agarrados de la mano con la novia y la mamá atrás sin perder detalle. Se veía la luna reflejada en el mar”, recordó entre risas Padilla.

Sin quererlo la canción que le dedicó al Puerto le dejó una anécdota vacilona.

Don Ricardo recuerda que el dueño del salón La Deriva lo vio haciendo fila para entrar al lugar y lo llamó para colarlo y hasta lo sentó en una mesa y le regaló un trago como agradecimiento por haberle escrito una canción a su negocio, pero confiesa que él se refería a ir a la deriva en general y no al bar.

El costumbrista nacional Dionisio Cabal nos contó que la época dorada del Puerto fue entre los años treinta y ochentas aproximadamente, donde todas las familias, hasta las que no tenían muchos recursos, ahorraban para ir a pasear a Puntarenas en las vacaciones.

“Puntarenas era muy famosa porque fue la primera playa que despertó en los ticos el ir a veranear y encontrar el amor”, contó el músico Luis Jákamo.

Tren lo impulsó
Con la llegada del tren a Puntarenas, el paseo de los josefinos era fijo a esta zona del Pacífico. Foto: Rafael Pacheco
Con la llegada del tren a Puntarenas, el paseo de los josefinos era fijo a esta zona del Pacífico. Foto: Rafael Pacheco

Dionisio explicó que con la llegada del tren Puntarenas se convirtió en la playa perfecta para los capitalinos porque quedó al alcance de todos, se llegaba fácil y sin gastar mucha platica.

Justamente en los veranos, como las familias estaban de paseo en el Puerto se armaban unos bailongos inolvidables con orquestas nacionales en salones como Los Baños, La Deriva, El Caracol y Victory Club.

Así lo confirmó Carlos Gutiérrez, “Pitusa” padre, quien se dio gusto tocando en Puntarenas en los años sesenta.

“Se llenaba la playa con un montón de gente y hasta dormían en la arena y se mojaban cuando subía la marea. Nos íbamos en tren, que salía a ¢9,5 ida y vuelta”, recordó Pitusa.

Era tanta la asociación del Puerto con el amor que las parejas más acomodadas pagaban hotel para pasar la luna de miel y como las vacaciones eran de enero a marzo, el Día de los Enamorados era común pasarlo en la Perla del Pacífco.

Poetas como Aquileo Echeverría también se inspiraron en la belleza de Puntarenas.

“Se destacó como el destino maravilloso y deseable. Con una atmósfera idealizada que se justificaba con los bellos atardeceres y la luna llena reflejada en el agua del mar”, agregó Cabal.

Paseo por la historia
La exposición está abierta hasta el 28 de febrero de ocho de la mañana a 6 p.m.. Foto: Rafael Pacheco
La exposición está abierta hasta el 28 de febrero de ocho de la mañana a 6 p.m.. Foto: Rafael Pacheco

Si esta nota le trajo recuerdos de sus paseos por el Puerto, lo invitamos a darse una vuelta por la Biblioteca Nacional, ubicada al costado norte del Parque Nacional y observar la exposición sobre la historia de esta provincia.

La exposición estará abierta hasta el 28 de febrero, de lunes a viernes de 8 a.m. a 6 p.m.