Cada lunes, decenas de niños y jóvenes de una comunidad vulnerable en Sagrada Familia esperan con ilusión la llegada de un grupo de voluntarios que, más allá de llevar alimentos o actividades recreativas, buscan recordarles que son importantes, valiosos y amados.
Detrás de esa misión está Roxana Arguedas Carvajal, integrante del ministerio Niño Jesús Perdido y Hallado en el Templo, de Obras del Espíritu Santo, un proyecto que está próximo a cumplir 10 años de trabajo en la comunidad.
“Lo que buscamos es llevar amor y esperanza”
Roxana explica que el objetivo principal del ministerio va mucho más allá de una ayuda material.
“Lo que busca este ministerio es llevar ese mensaje de amor y esperanza que nos enseña Jesús en el Evangelio”, comentó.
Actualmente, trabajan con cerca de 100 niños y jóvenes de todas las edades. El más pequeño está por nacer y algunos de los mayores ya se preparan para cumplir 18 años.
Cada semana realizan actividades como oración, teatro, juegos, pintura, danza, fútbol y espacios de formación en valores.
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“Tratamos de enseñarles lo que es la vida en comunidad y los valores cristianos a través del juego, de títeres, de cantar y de compartir”, relató Roxana.
Un espacio seguro para alejarse de los peligros
Además de las enseñanzas religiosas y los alimentos que brindan, el proyecto intenta ofrecer espacios sanos de recreación para menores que viven en zonas vulnerables.
“Muchos de ellos se ven tentados por otras cosas que hay en la comunidad o en la calle, entonces es muy fácil no venir, es muy fácil perderse”, explicó.
Precisamente por eso, uno de los mayores retos del ministerio es lograr que los niños permanezcan dentro del proyecto y continúen asistiendo cada semana.
“El reto más grande es que esos chicos permanezcan y confíen siempre en que Dios está en sus vidas”, afirmó.
Gracias al apoyo de Obras del Espíritu Santo, los menores también han podido asistir al Teatro Nacional, participar en actividades deportivas y disfrutar espacios recreativos como el Arca de Noé.
“Aquí no es tanto lo que uno da, sino lo que uno recibe”
Roxana llegó a la asociación hace casi ocho años gracias a la invitación de una amiga. Desde entonces asegura que servir cambió completamente su vida.
“Yo vine a ver qué era, cómo era, y desde ese momento no he podido salir de aquí”, recordó entre risas.
Para ella, el voluntariado no solo transforma la vida de quienes reciben ayuda, sino también de quienes sirven.
“Aquí no es tanto lo que uno da, sino lo que se lleva de vuelta a casa”, expresó.
También destacó el trabajo de cientos de voluntarios que forman parte de las diferentes áreas y ministerios de Obras del Espíritu Santo.
“Sin duda alguna, la vida de todas estas personitas cambia, pero principalmente la que cambia es la vida de uno”, aseguró.
Actualmente, el ministerio continúa creciendo y mantiene abiertas las puertas para cualquier persona que quiera ayudar, ya sea mediante voluntariado, donaciones o acompañamiento comunitario.





