Ver que una planta pierde hojas, se pone amarilla o se marchita puede parecer el final. Sin embargo, en muchos casos todavía es posible recuperarla si identifica a tiempo qué le está pasando.
Gabriel Gutiérrez, propietario del vivero Hojas de Vida, explica que la mayoría de las plantas se deterioran por tres razones principales: falta de luz, falta de agua o exceso de riego.
1. La planta no recibe suficiente sol
Si las hojas se ponen amarillas y luego se caen, es posible que la planta no esté recibiendo la luz que necesita. Las hojas son las encargadas de hacer la fotosíntesis y cuando falta luz, la planta las desecha para ahorrar energía. La solución es sencilla: trasládela a un sitio con la cantidad de luz adecuada para su especie.
2. Le falta agua
Cuando una planta tiene sed, las puntas de las hojas comienzan a secarse y, con el tiempo, se ponen amarillas y caen. El problema no siempre es que usted riegue poco: en algunas macetas la tierra se endurece tanto que el agua corre por los lados sin llegar a las raíces. Si eso ocurre, además de regarla, conviene renovar o aflojar el sustrato para que el agua penetre y humedezca las raíces.
3. Tiene exceso de riego
Esta es una de las causas más frecuentes de muerte en las plantas. Las señales son distintas: la tierra permanece siempre húmeda y las hojas no se secan, sino que se pudren junto con las raíces. Si sospecha esto, saque la planta de la maceta y revise las raíces: las sanas son blancas, amarillentas o café claro; si están negras, blandas o pierden fácilmente su capa exterior, están podridas.
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¿Todavía se puede salvar?
Si los tallos siguen verdes o la planta conserva brotes nuevos, hay buena posibilidad de recuperarla. Retire las raíces podridas con una herramienta limpia y elimine las hojas completamente secas. Lave las raíces y déjelas cinco minutos en una mezcla de una cucharada de agua oxigenada por cada taza de agua, para desinfectarlas antes del trasplante. Luego coloque la planta en una maceta limpia, con sustrato nuevo y bien drenado.
Paciencia durante la recuperación
Ubique la planta en un lugar con mucha luz, pero sin sol directo. Según el daño, la recuperación puede tardar entre dos y tres meses. Solo cuando produzca hojas nuevas podrá devolverla a su lugar habitual.
Mientras tanto, riéguela solo cuando los primeros centímetros de tierra estén secos y verifique que la maceta drene bien el exceso de agua. Evite fertilizar durante la recuperación: hacerlo en una planta debilitada puede causar más daño que beneficio.


