Con apenas 22 años, Cristopher Reyes tiene claro qué quiere dejar detrás de cada proyecto en el que participa: oportunidades para que otros jóvenes encuentren un espacio donde desarrollar sus capacidades y sentirse parte de su comunidad.
Reyes es instructor de natación, está terminando la carrera de Educación Física en la Universidad Autónoma de Centroamérica (UACA), participa en iniciativas juveniles y ocupa el puesto de síndico suplente de Santiago de Paraíso, de Cartago. Según explicó, es el síndico más joven del país.
Sin embargo, detrás del cargo hay una historia que comenzó mucho antes, entre actividades deportivas y comunales que hicieron que sus vecinos empezaran a conocerlo.
Un joven que encontró su espacio y ahora quiere abrirlo para otros
Cristopher asegura que haber sido tomado en cuenta cuando era más joven marcó su camino. Esa experiencia es precisamente la que intenta trasladar ahora a adolescentes y muchachos de su comunidad.
“¿Cuál es la diferencia de una persona como yo a una persona que tal vez terminó en la calle? Yo creo que la diferencia se marca en que en su momento a mí me tomaron en cuenta”, afirmó.
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Para él, ofrecer oportunidades de deporte, cultura y participación puede ayudar a crear sentido de pertenencia. Por eso ha participado en talleres de liderazgo para jóvenes de 12 a 18 años y para personas entre los 18 y 35, además de iniciativas culturales y recreativas.
Cristopher reconoce que repartir el tiempo entre tantas responsabilidades no resulta sencillo. “Mi tiempo es bastante fragmentado”, admitió al explicar cómo combina los estudios con el trabajo comunitario.
“Que si yo pude, ellos también lo pueden hacer”
Más que destacar por su edad, Reyes espera que ser joven sirva para demostrarles a otros que no tienen que esperar muchos años para comenzar a aportar.
“Mi objetivo más marcado es dejar un legado para las futuras generaciones, ir rompiendo esa brecha de que las personas jóvenes simplemente somos jóvenes que no tenemos experiencia”, expresó.
Incluso espera que quienes vienen detrás superen lo que él pueda conseguir.
“Demostrarle a esos jóvenes del distrito, no solamente del distrito, del cantón y del país, que si yo pude, ellos también lo pueden hacer y puede que hasta lo hagan muchísimo mejor”, aseguró.
Para él, colaborar y sembrar un semillita de amor en su comunidad, es lo mejor que hay.
“El trabajo comunal es la cosa más compleja, pero al mismo tiempo más hermosa que tenemos”, afirmó.
A sus 22 años, Cristopher continúa entre clases, piscinas y actividades comunales. Su intención es vivir en una comunidad mejor, con mejores oportunidades para todos, específicamente para los niños y adolescentes que vienen después de él.




