La presión arterial alta o hipertensión tiene una característica que la vuelve especialmente peligrosa: en muchas personas no provoca ningún síntoma y puede avanzar durante años sin que la persona se dé cuenta.
Por eso suele conocerse como el “asesino silencioso”, ya que puede ir dañando órganos como el corazón, los riñones, el cerebro y los vasos sanguíneos sin generar molestias claras.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la única forma de saber si una persona tiene hipertensión es medirse la presión arterial de manera adecuada y periódica.
Estas señales pueden aparecer
Aunque la mayoría de las personas con hipertensión no sienten nada, cuando la presión empieza a subir más de lo normal algunas pueden presentar dolor de cabeza, mareos, sensación de inestabilidad, zumbidos en los oídos, cambios leves en la visión o palpitaciones.
Sin embargo, estos síntomas no son exclusivos de la hipertensión y pueden deberse a muchas otras causas, por lo que no deben usarse para autodiagnosticarse.
La recomendación es medirse la presión y consultar a un profesional de salud si las molestias se repiten o existen factores de riesgo como antecedentes familiares, sobrepeso, sedentarismo, tabaquismo o edad avanzada.
¿Cuándo es una emergencia?
La situación cambia cuando la presión alcanza niveles muy altos. La OMS considera especialmente preocupantes cifras de 180/120 mmHg o más, sobre todo si se acompañan de síntomas.
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Entre las señales de alarma están dolor de cabeza muy intenso, dolor o presión en el pecho, dificultad para respirar, náuseas, vómitos, confusión o visión muy borrosa.
Si una persona presenta una presión tan alta junto con alguno de estos síntomas, debe buscar atención médica urgente, ya que podría tratarse de una crisis hipertensiva.
La clave con la hipertensión es no esperar a sentirse mal. Medirse la presión regularmente sigue siendo la mejor forma de detectarla a tiempo y reducir el riesgo de complicaciones.


