Adriana Pérez Chavarría tenía apenas 14 años cuando supo que estaba embarazada. Ese mismo año se convirtió en mamá y, como ella misma reconoce, los temores fueron enormes.
“Mucho miedo, en realidad. Era muy joven también. Miedo e inseguridad, pero gracias a Dios, ahí vamos fuertes y valientes”, cuenta la joven que ahora tiene 23 años.
Las críticas tampoco faltaron. Mucha gente le hizo sentir que por convertirse en mamá tan joven había echado a perder su vida, pero Adriana tuvo algo que para ella fue fundamental: apoyo.
LEA MÁS: Torretón de la Alegría superó por mucho su meta y el padre Sergio no pudo contener las lágrimas
“Mi mamá me apoyó mucho. No es lo que normalmente, a los 14 años, se espera de una hija, pero estuvieron ahí para mí. Mi mamá, el padre Sergio Valverde aquí en Obras del Espíritu Santo, toda la gente de la iglesia, aconsejándome y estando ahí para mí y para mis hijos”, recuerda.
Padre Sergio le dio fuerzas
Adriana conoce las Obras del Espíritu Santo desde que era una niña. Tenía tres años cuando llegó con su mamá a un albergue para madres y desde entonces este lugar ha formado parte de su vida.
Por eso, cuando quedó embarazada, sabía dónde podía buscar apoyo. Cuando le contó al padre Sergio que esperaba un bebé, recibió unas palabras que todavía recuerda.
“Hijita, muy fuerte y valiente y primero Dios todo va a estar bien”, le dijo el sacerdote. Para Adriana, el padre Sergio terminó convirtiéndose en otra figura paterna.
“El padre para mí es un papá. Se puede decir que tenía más confianza en mí que yo misma”, dice. Y esa confianza fue importante para una adolescente que tuvo que aprender muy rápido a ser mamá.
Dos hijos que son un orgullo
Hoy Adriana es jefa de hogar y vive sola con sus dos hijos. El mayor tiene ocho años y el pequeño cuatro.
Su hijo mayor estudia en la escuela República de Nicaragua y el menor permanece en la guardería de Obras del Espíritu Santo mientras ella trabaja.
Hablar de ellos le cambia la expresión. Son su mayor orgullo y la razón por la que sigue adelante.
LEA MÁS: Estudiantes del INA escriben historia de oro en el Mundial de Habilidades 2026 en China
“Son lo mejor que me pudo haber pasado. Son unos grandes niños, soy muy orgullosa de ellos, me siento muy feliz, le doy tantas gracias a Dios por ellos. No me arrepiento de nada. Tal vez no era la edad, pero todo pasa por algo”, asegura.
Adriana tuvo que poner en pausa sus estudios para trabajar y sacar adelante a sus pequeños, pero nunca abandonó el deseo de regresar a las aulas.
“Me gustaría estudiar para empezar asistente para preescolar. Me gusta más el lado de los niños más pequeños”, explica.
Torre que significa esperanza
El sueño de Adriana tiene ahora un nuevo impulso. El pasado sábado 26 de setiembre se realizó la III Torretón de la Alegría, organizada por las Obras del Espíritu Santo para recaudar dinero destinado a construir la segunda Torre Espíritu Santo. La meta era de ¢700 millones y la jornada terminó con una recaudación de ¢1.048 millones.
La primera torre ya está funcionando en Cristo Rey y recibe a 372 hombres jóvenes. La segunda será para 372 mujeres de 18 a 25 años, incluidas jóvenes madres y mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad.
Para Adriana, esa construcción representa mucho más que paredes y habitaciones.
“Yo lo veo como un proyecto, como un sueño, como una esperanza. Yo sé que ahí voy a tener apoyo y voy a cumplir mis metas y yo sé que mis hijos también”.
La joven sabe que vivir en un lugar pensado para mujeres en su situación podría darle un respiro enorme.
“Siento que va a ser un apoyo en el estudio, en dónde vivir. Ya es algo como que desahoga para uno cuando es mamá sola, con dos niños. La guardería para ellos, todo eso es un gran apoyo en general para mí y para mis hijos. Esa torre que se va a construir es el pilar de mis sueños y los de mis hijos. De esa torre para mujeres saldré graduada en educación. Lo sé y lo siento en el corazón”.
Quiere ser un ejemplo
Ella sabe que existen muchachas que están pasando por lo que ella que vivió siendo apenas una adolescente.
Por eso, si pudiera hablar con una joven que acaba de descubrir que está embarazada y siente que su mundo se ha terminado, le pediría que no abandonara sus sueños.
“Que pongan todo en manos de Dios, que al final Dios tiene el control de todo. Sí es muy difícil, pero los hijos son una bendición de la manera que lleguen. Dios siempre va a tener el control de todo y no hay que perder las esperanzas ni los sueños”.
Y mientras espera que la Torre para mujeres se haga realidad, tiene muy claro que aquel embarazo que llegó cuando apenas era una niña no significó el final de su historia.
Más bien, fue el comienzo de una vida que todavía tiene muchísimos sueños por cumplir. “Ya quiero vivir en esa torre”, dice con esperanza y sueños.
Se ocupa todavía mucho dinero, puede ayudar al SINPE Móvil 8457-2024.






