Shirley Sandí.1 abril

Los expertos de la Universidad de Costa Rica están poniéndose las pilas para crear, junto con la Caja Costarricense de Seguro Social, una medicina que pueda ayudar en el tratamiento de los pacientes con Covid-19.

La Caja compró cápsulas para el traslado de pacientes con COVID-19 desde zonas alejadas. Foto: Roberto Carlos Sánchez
La Caja compró cápsulas para el traslado de pacientes con COVID-19 desde zonas alejadas. Foto: Roberto Carlos Sánchez

Este centro de estudios informó que, si una persona se recupera satisfactoriamente de esta enfermedad, su organismo genera una inmunidad (resistencia), la cual puede ser extraída del plasma de su sangre y ser usada para salvarle la vida a otras personas con cuadros agudos provocados por el virus.

Esa inmunidad se genera gracias a los anticuerpos o inmunoglobulinas que neutralizan dicho virus. La UCR asegura que Costa Rica posee todo el potencial necesario para generar dicho tratamiento y ponerlo a disposición del país.

¿Cómo se logrará?

La Caja contará con el apoyo del Instituto Clodomiro Picado (ICP) de la Universidad de Costa Rica, el cual posee la capacidad técnica y el personal para realizar los procesos de purificación y formulación de los anticuerpos.

El Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (Inciensa), junto con el Laboratorio Clínico y el Banco de Sangre de la Universidad de Costa Rica (LCBS-UCR), también sumarán fuerzas. Cada uno de ellos coordinados por la Caja.

Así es la prueba que se aplica para descartar o corroborar si se tiene COVID-19. AFP
Así es la prueba que se aplica para descartar o corroborar si se tiene COVID-19. AFP

“Las pruebas de control de calidad ya han sido evaluadas. Los resultados han mostrado que cumplen con todos los estándares internacionales requeridos para estos medicamentos”, afirmó Henning Jensen, rector de la UCR.

En el resto del mundo, la terapia con inmunoglobulinas se ha convertido en una prometedora esperanza ante la situación actual de pandemia. Incluso, grandes compañías farmacéuticas como Grifols, de España, planean su producción para julio del 2020.

De acuerdo con la prestigiosa revista médica Lancet, desde la pandemia de influenza registrada en 1918, diversos ensayos clínicos han sugerido que el uso de inmunoglobulinas obtenidas del plasma de pacientes convalecientes podría funcionar en infecciones por virus respiratorios y han sido usados exitosamente en enfermedades como la rabia o el ébola.

“Los reportes de la eficacia de estas preparaciones para tratar el Covid-19 son escasos, pero algunos países desarrollados ya están optando por esta alternativa”, Guillermo León, coordinador de la División Industrial del ICP-UCR.

La División Industrial del ICP-UCR es donde se producen los sueros antiofídicos. En una instalación similar se produciría el medicamento.

¿Cuál es el plan?

El plan es que la Caja recolectaría plasma de donadores que, después de haber sufrido la enfermedad del COVID-19, se hayan recuperado.

Inciensa y el LCBS-UCR harían los análisis necesarios para demostrar que ese plasma esté libre del virus y otros patógenos.

Cuando se logre todo eso, el Instituto Clodomiro Picado utilizaría su experiencia en antivenenos para producir anticuerpos purificados a partir del plasma.

Finalmente, la Caja aplicaría el producto, con la esperanza de que sea útil en el tratamiento de los pacientes que desarrollen cuadros severos.

“Todavía hay mucha tela qué cortar. La posibilidad de que se llegue a concretar el proyecto requiere de los permisos del Ministerio de Salud. Además de los requisitos, también depende de que las personas que hayan superado de la enfermedad accedan a donar su plasma”, enfatizó Alberto Alape, director del ICP-UCR.

En este momento, el instituto está organizando la documentación necesaria para registrar el producto ante el Ministerio de Salud y obtener la autorización para su producción.

Si se logra, la UCR estima que el proceso de producción tarde aproximadamente un mes, incluyendo las pruebas de control de calidad para obtener el primer lote.

El medicamento final sería inyectado y la dosis variará según la necesidad del paciente.

Se calcula que por 25 litros de plasma recuperado a partir de donantes, se puede generar 50 tubitos de 50 mililitros. Según sea la condición de la persona enferma, un vial (tubito) podría ser suficiente para salvar una vida.

*Con información de la oficina de prensa de la UCR