En tiempos en los que conseguir atención médica puede convertirse en una experiencia difícil, hay personas que recuerdan el verdadero significado de la solidaridad. Una de ellas es Geovanny Garita, un cruzrojista que lleva más de 20 años al servicio de quienes necesitan ayuda.
Desde Tierra Blanca de Cartago, este funcionario de la Cruz Roja Costarricense se desplaza hasta donde sea necesario para atender a las personas que requieren asistencia.
Lo hace con una sonrisa, amabilidad y una disposición que no desaparecen cuando se acerca el final de su jornada laboral.
Porque, para Garita, ayudar no parece ser simplemente una obligación de trabajo, sino una auténtica vocación de servicio.
Más de 20 años dedicados a ayudar
Geovanny ha dedicado más de dos décadas a la benemérita y casi la mitad de ese tiempo ha sido voluntario.
Ese detalle dice mucho de su compromiso: durante años, su motivación no fue recibir un salario, sino estar presente cuando alguien necesita una mano.
La Cruz Roja existe precisamente para atender emergencias y ayudar a la población. Sin embargo, cumplir esa misión no garantiza que todos sus funcionarios transmitan el mismo nivel de cercanía, paciencia y sensibilidad humana.
En Garita, destacan cualidades que deberían ser habituales en cualquier servicio de atención: empatía, respeto y un trato amable hacia quienes atraviesan momentos difíciles.
Una frase que refleja su forma de servir
Hay una expresión que resume la actitud de este cruzrojista.
“Si tienen que volver a llamar, llamen. Los hospitales están saturados, mientras uno pueda evitar ir mejor, pero si se necesita hay que ir”, les dice a las personas que necesitan solicitar nuevamente asistencia mediante el 911.
Su disposición se mantiene incluso cuando el horario de trabajo está a punto de terminar.
Un ejemplo de humanidad que debería ser la norma
En medio de un sistema de salud saturado, en el que las personas pueden encontrarse con largas esperas y experiencias marcadas por la falta de empatía, historias como la de Geovanny merecen ser reconocidas.
No porque ayudar con respeto y cariño deba considerarse algo extraordinario, sino precisamente, porque tendría que ser la norma.
“Hoy salía a las 6, pero solo yo estaba disponible en Cartago, vengo desde Tierra Blanca y yo dije no importa. No uso Waze ni nada de eso, yo siempre digo que preguntando uno llega. Lo importante es ayudar”.
La labor de los cuerpos de emergencia es indispensable, pero también lo es la manera en que sus funcionarios tratan a quienes dependen de ellos.
Garita demuestra que una atención de calidad no se limita a cumplir un procedimiento. También implica escuchar, comprender y hacer sentir acompañada a una persona en un momento de vulnerabilidad.
Después de más de 20 años, este cruzrojista conserva algo que ninguna capacitación puede garantizar por sí sola: el deseo genuino de ayudar.



