A más de 16 mil kilómetros de distancia y con una diferencia horaria que nos lleva casi un día entero de ventaja, el amor por Costa Rica se mantiene intacto.
Doña Susana Hurtado González lleva 26 años viviendo en Melbourne, Australia, y sabe muy bien lo que es llevar la patria en el pechocuando se está tan lejos. Por eso, promueve en este mes una reunión de ticos para disfrutar de música, comida y fervor patrio.
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“Para mí esta fiesta es como cuando uno estaba pequeño y llegaba el fin de año, la famosa ‘fiesta de la alegría’. Mis hijas nacieron aquí y no tengo familia costarricense cerca, así que la familia tica que tengo son ellos”, nos contó Susana con la emoción a flor de piel.
Aunque sean poquitos, la tradición de reunirse el 15 de septiembre jamás se pierde en la residencia de Yarra Glen.
En esta ocasión, la mesa se convirtió en un verdadero festín con sabor a hogar gracias a un grupo de WhatsApp en el que todos se organizan para aportar su cuchara.
“Tuvimos arroz con pollo, frijolitos molidos con queso, picadillo de papa y ensalada rusa. Don Álvaro, un guanacasteco que tiene 47 años de estar acá, nos hizo chorizos caseros y tortillas.
“Carlita hizo empanadas de chiverre que le trajo la mamá desde Costa Rica y hasta conseguimos salchichón en una carnicería de italianos”, asegura entusiasmada.
Para los compatriotas que van llegando al país de los canguros, este tipo de encuentros se convierte en un refugio invaluable donde reencontrarse con sus raíces.
“Nosotros no necesitamos alcohol para estar felices. Con fresco de tamarindo y cafecito chorreado nos reímos y somos felices. Es tan rico hablar español entre ticos.
“Yo a todos estos chiquillos y a los más viejitos los veo como mi familia. Es un honor vivir esto tan lejos, porque donde hay un tico, siempre hay paz y alegría”, aseguró doña Susana a miles de kilómetros de distancia.






