Marcelo Poltronieri.15 marzo, 2018

Don Juan Murillo, hoy de 78 años, pasó un viacrucis de cuatro años por un apartamento que no llegó a estrenar.

Al cumplir 74 años, este zarcereño quiso cambiar de casa por varias razones. Primero porque la suya es muy grande solo para él y, segundo, porque deseaba estar más cerca de sus familiares en San José.

Don Juan Murillo se volvió a ilusionar cuando vio que una de las torres ya estaba en construcción. Foto: Cortesía
Don Juan Murillo se volvió a ilusionar cuando vio que una de las torres ya estaba en construcción. Foto: Cortesía

Don Juan ahorró para la prima de un apartamento. Quería algo no muy grande para no preocuparse por el jardín y contrató el servicio de la desarrolladora que, en ese momento, estaba por iniciar un proyecto en San Antonio del Tejar, en Alajuela.

Los apartamentos eran de 65 metros cuadrados y valían $73 mil (casi ¢44,5 millones) y para reservar el suyo debía depositar $7.300 de prima (¢4,1 millones). Depositó la platica y firmó el contrato y el aparta, según el contrato, debía estar listo en el año 2015; sin embargo, en setiembre de aquel año, o sea, doce meses después, el proyecto no había comenzado.

Y nada de nada...

Según doña Marta Murillo, hija de don Juan, en la constructora les dijeron que les avisarían cuando estuviera el proyecto, que sería en el 2016; sin embargo, el teléfono nunca sonó.

Por eso cuando vieron que pasó todo el año, ya para el 2017, ella y su papá se fueron a dar una vuelta por la construcción.

"Vimos que ya estaban construyendo la primera torre y nos volvimos a ilusionar, sobre todo mi papá; entonces, como la torre de mi papá era la tercera decidimos volver a esperar porque, según nosotros, pronto estaría la de él", contó doña Marta.

Para sorpresa de ellos, pasó todo el 2017 y cuando volvieron a ir al terreno, la torre donde estaría el apartamento de don Juan aún no estaba en construcción.

Con ese panorama, don Juan decidió cancelar el contrato. Doña Marta dice que la empresa le ofreció a su papá una casa pero él no aceptó porque si hubiese querido una casa se quedaba en la que él ya tiene y, además, don Juan había pagado un contrato por un apartamento.

La empresa finalmente aceptó la cancelación del contrato y le dijo al señor que la constructora contaba con 60 días hábiles para hacer el reembolso de la plata de la prima. Es decir, para el 17 de enero del 2018 le estarían devolviendo la platica.

Sin embargo, llegó el día y pasaron casi dos meses y la plata nada que llegaba. Se las dieron apenas este martes 13 de marzo, curiosamente un día después de que La Teja se puso en contacto con la constructora.

Un día antes, el lunes 12, nos contestó Alexis Vega, gerente financiero de Residencias Málaga, quien confirmó que las torres tuvieron un atraso por tramitología y aseguró que el proyecto sigue en pie, a tal punto que ya llevan seis torres construidas.

Ante la consulta de porqué si se habían atrasado en la construcción cuatro años y el cliente había decidido romper contrato, no le habían devuelto el dinero el día en el que tenían la obligación de hacerlo dijo que "estaban tratando de negociar con el cliente para no perderlo".

En eso lo desmintió doña Marta, quien asegura que la única vez que los buscaron para negociar fue cuando ya los había llamado la prensa. Antes de eso solo les habían ofrecido la casa que don Juan no aceptó.

Don Juan Murillo junto con su hija Marta Murillo el día que fueron a ver el proyecto. Foto: Cortesía
Don Juan Murillo junto con su hija Marta Murillo el día que fueron a ver el proyecto. Foto: Cortesía

"Yo no sabía el poder que tenía la prensa en Costa Rica, como que se asustaron porque teníamos años de estar en estas y el mismo día que ustedes los llamaron nos llamaron a nosotros de inmediato para decirnos que mañana (martes) podíamos pasar por el cheque y efectivamente así fue", contó doña Marta.

La señora dice que en la empresa les insinuaron que, como ya les habían devuelto la platica, esperaban que pidieran frenar la publicación.

De la misma manera nos lo hizo creer Vega a nosotros, quien nos dijo que, como ya habían cancelado el dinero, pensaban que era probable que la familia ya no iba a tener interés en continuar la publicación.