Karen Fernández.3 diciembre
Carlos Fernández, gerente de mercadeo de Monge fue el encargado de entregarle las cositas a doña Clemencia Sancho. Foto: Marcela Bertozzi
Carlos Fernández, gerente de mercadeo de Monge fue el encargado de entregarle las cositas a doña Clemencia Sancho. Foto: Marcela Bertozzi

María Clemencia Sancho es una mujer de 56 años que hace cinco tuvo la experiencia más dura de su vida y que la tiene hoy en silla de ruedas.

Ella era una mujer independiente, que trabajaba como cocinera en los chinamos de las fiestas patronales que andan por todo el país, pero todo cambió desde el 19 de setiembre del 2014, cuando la llanta delantera de un bus de la empresa que da el servicio entre Guadalupe y San José, le pasó por encima a su pierna izquierda y se la tuvieron que amputar.

Ya son nueve las cirugías que le han hecho desde entonces a causa de ese desafortunado accidente que la convirtió en una de las 452.844 personas con alguna discapacidad en Costa Rica y justamente este 3 de diciembre se celebra el Día Internacional de la Persona con Discapacidad.

Debido a una osteomelitis (infección en el hueso), primero le amputaron el pie, luego más abajo de la rodilla y luego a la altura del muslo. Además, en marzo de este año se cayó y se quebró la cadera izquierda, por lo que debieron reemplazársela.

“Yo estaba por el lado del conductor tocándole la ventana para que me pasara la sombrilla, pero él estaba como distraído, arrancó el bus y no se dio cuenta que me atropelló, de no ser porque todas las personas le dijeron que parara porque me había atropellado, me pasaba la piña de atrás por encima”, recordó doña Clemencia.

Quien la atropelló era su compañero sentimental desde hacía cuatro años, pero una vez ocurrido el accidente, agarró las cositas que ella tenía en la casa y se las fue a dejar al corredor de la casa de la mamá.

La camita que le donaron será la primera que estrenará esta humilde mujer vecina de Coronado. Foto: Marcela Bertozzi
La camita que le donaron será la primera que estrenará esta humilde mujer vecina de Coronado. Foto: Marcela Bertozzi

Desde entonces le ha tocado adaptarse a una sociedad que, pese a la existencia de la ley 7.600 para personas con discapacidad, no le brinda facilidades.

“Viajar en bus con las muletas y la prótesis es complicado porque algunos choferes son comprensivos y acercan el bus a la acera para que uno pueda subir más fácil, pero otros quieren salir en carrera y no les importa. Además los espacios diseñados para nosotros están a la mitad del bus y para bajarse por cualquiera de las dos puertas cuando el bus está lleno, pasa uno golpeando sin querer a todo mundo”, recordó la valienta mujer.

Monge le tiende la mano

Doña Clemencia perdió todas sus cositas en una llena en playa Bandera, donde se mudó porque el médico le recomendó vivir en clima caliente por su problema de asma que ya le provocó una neumonía que la mantuvo dos semanas internada en el hospital Calderón Guardia.

La cara de felicidad de doña Clemencia lo dice todo con su nueva silla de ruedas. Foto: Marcela Bertozzi
La cara de felicidad de doña Clemencia lo dice todo con su nueva silla de ruedas. Foto: Marcela Bertozzi

Por eso, ella se animó y le escribió un correo a la empresa contándole su caso y Monge respondió llevándole varias cositas como una refrigeradora, un juego de comedor, un microondas, una olla arrocera, un sartén eléctrico, una cama matrimonial con colchón semiortopédico, una máquina de coser y una silla de ruedas nueva.

“¡Ay qué linda!, esta silla de ruedas será mi compañera de vida, la que me va a acompañar a todo lado de aquí en adelante. Mi machete. Dios me los llene de bendiciones, muchas gracias”, fueron las palabras de esta empunchada mujer.

Otro de los regalos que la hizo muy feliz fue la cama porque nos contó que a sus 56 años, esta será la primera vez que estrenará una.

Con la máquina de coser se ayuda cosiendo fundas, cortinas y algunas cositas que sale a vender en los alrededores del hospital Calderón Guardia para juntar los ¢75 mil por quincena que le toca pagar de casa, pues no tiene pensión.

También necesita reunir ¢400 mil para poder comprarse la prótesis, pues la Caja ya le dio la mitad, pero no tiene de dónde sacar el resto.

En esta mesita colocará la nueva máquina de coser con la que hace las cositas para vender y ganarse la platica para pagar el alquiler. Foto: Marcela Bertozzi/Agencia Ojo por Ojo
En esta mesita colocará la nueva máquina de coser con la que hace las cositas para vender y ganarse la platica para pagar el alquiler. Foto: Marcela Bertozzi/Agencia Ojo por Ojo