David Rodríguez García, vecino de Purral de Goicoechea, tiene 20 años y asegura que su vida cambió para siempre gracias a una zaguatica que llegó justo cuando más la necesitaba.
En medio del dolor por la pérdida trágica de un familiar muy cercano, su papá, David cayó en una depresión que parecía no tener salida.
De un pronto a otro todo cambió porque la vida había perdido sentido y se encontraba en un túnel sin luz.
Fue entonces, en el 2020, antes del inicio de la pandemia, cuando apareció una foto que se convirtió en su salvación: la imagen de una cachorrita de apenas dos meses, de mirada dulce y orejitas inquietas.
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“Ella fue como que me pusieran una luz estando en pura oscuridad”, recuerda con emoción. Desde ese día, la zaguatica a la que llamó Bendi (diminutivo de Bendición), se convirtió en mucho más que una mascota: fue su medicina emocional, la chispa que lo ayudó a superar la tristeza y la depresión.
Corazón de zaguatica
Bendi tiene hoy cinco años y, como dice David, es “zaguatica pura sangre”. Con su carácter alegre, expresivo y lleno de personalidad, le ha demostrado a su dueño y a toda su familia que los perros sin raza también tienen un corazón enorme.
“En cinco años nunca ha mordido a nadie, ni siquiera a una mosca. Ella no sabe lo que es la violencia”, explica orgulloso.
La perrita entiende palabras, reconoce sonidos y hasta se emociona con la palabra “parque”. Cuando escucha “pollito”, se saborea esperando su comida, y cuando le dicen “bañarse” se prepara como toda una peludita superaseada.
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Lo más sorprendente es su sensibilidad: no le teme a los truenos, pero cuando escucha uno se queda cerquita de la familia, como queriendo protegerlos. “Ella se asegura que todos estemos bien”, cuenta David.
Unión en la familia
La llegada de Bendi no solo le devolvió la sonrisa a David, también iluminó a los demás miembros del hogar: su mamá (Tania García), su hermana (Mariela) y su padrastro (Mauricio Abarca).
Antes, la rutina y el silencio pesaban en la casa, pero con la perrita todo cambió. Había que sacarla a pasear, jugar con ella, comprarle alimento, hablar de sus travesuras. Poco a poco, el ambiente familiar se llenó de conversaciones y momentos compartidos al mejor estilo perruno.
Incluso ayudó a Tainy, la french poodle de 15 años que acompaña a la familia desde que David era niño.
Aunque al principio hubo celos, Bendi logró que la adulta mayor se moviera más, jugara y recuperara parte de su energía. “Ella también la iluminó”, asegura David.
Hoy ambas perritas se complementan: la viejita con su calma y la joven con su energía, en un ambiente muy lindo que mantiene viva la armonía en la casa.
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Aventurera y gamer
La vida con Bendi está llena de anécdotas. La perrita disfruta caminar por senderos, corretear en la playa y hasta arrea ganado en la finca de los abuelos de David en Atenas, como si llevara ese talento en la sangre. “Nadie le enseñó, pero sabe arrear las vacas como toda una experta”, cuenta entre risas.
También es toda una “gamer”. Cuando David juega videojuegos como Minecraft, la perrita se emociona con los sonidos de animales y empieza a buscar de dónde vienen.
Incluso se acomoda a su lado como si participara del videojuego. Y cuando llega la hora de ver películas, no importa si son de terror, animadas o documentales, ella se acurruca y disfruta igual. “Le pongo volumen cuando salen animales y comienza a buscarlos, es demasiado curiosa”, cuenta David.
Maestra de vida
Para David, Bendi no es solo compañía: es maestra, amiga y bendición. “Ella me enseñó que vivir sí tiene algo de bonito, me hizo retomar la felicidad por la vida. También me enseñó la responsabilidad y el valor de cuidar a un ser vivo”, asegura.
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Gracias a Bendi, la familia se volvió más unida. Las caminatas se transformaron en excusa para conversar, las comidas de la perrita en motivo para reírse de sus travesuras y hasta la compra de su alimento en un tema compartido. “Ella prendió varias luces en la casa y ayudó a construir puentes familiares”, resume David.
Hoy, cada vez que mira a Bendi jugar, acompañarlo al cine en casa o correr libre en la playa, sabe que la vida le regaló un ángel de cuatro patitas.
Un ángel que llegó disfrazado de zaguatica, pero que terminó iluminando no solo su camino, sino el de toda la familia.