Con una culpa que asegura no haber podido superar es como ha vivido Johana Araya desde que su tío materno, Marco Hidalgo Mora, desapareció sin dejar rastro hace casi cuatro años.
La última vez que alguien lo vio fue el 20 de setiembre del 2022.
Desde entonces, su familia no ha vuelto a saber nada de él y mantiene la esperanza de que alguien pueda aportar información que ayude a encontrarlo.
Marco trabajaba como maestro de obras y enfrentó durante años serios problemas de salud. Según recordó su sobrina, desarrolló esquizofrenia tras caer en las garras del alcoholismo y fue internado, al menos, 21 veces en el Hospital Nacional Psiquiátrico.
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Además, padeció el síndrome de Guillain-Barré, una enfermedad que afecta los nervios periféricos y que le dejó secuelas físicas importantes.
Johana contó que lo recibió en su casa para cuidarlo y ayudarlo con terapias, pues tenía problemas para caminar. Debido a las secuelas de la enfermedad, podía recorrer únicamente distancias cortas antes de que sus rodillas se inflamaran.
La noche en que desapareció, Johana había salido de viaje. Afuera caía un fuerte aguacero cuando Marco salió de la vivienda sin que nadie pudiera detenerlo.
“Se cumplen cuatro años de que seguimos buscándolo, por lo menos yo, porque me siento muy culpable por no haber estado esa noche ahí. Si yo hubiese estado, no lo dejo salir”, expresó la sobrina con la voz entrecortada.
Don Marco vestía una camiseta deportiva blanca, un bóxer de cuadros y unas sandalias cuando fue visto por última vez.
No era la primera vez que se ausentaba de la casa. Según explicó su familia, en otras ocasiones desaparecía durante dos o tres días y luego regresaba, por lo que inicialmente no imaginaron que algo grave hubiera ocurrido.
“Él ya nos lo había hecho. Se perdía dos o tres días y no le dimos tanta mente, pero cuando ya pasaron tantos días, pusimos la denuncia en el OIJ”, recordó Johana.
Las investigaciones permitieron ubicar imágenes de una cámara de seguridad cerca de un sector conocido como La Pajarera, en Escazú, donde aparentemente fue captado. También hubo reportes de personas que dijeron haberlo visto caminar hacia San Antonio de Escazú.
Esa ruta conduce hacia Pico Blanco, una zona montañosa que don Marco frecuentaba porque le gustaba caminar por el lugar.
“Nosotros siempre hemos deducido que él se metió en las montañas de Pico Blanco”, comentó la sobrina.
A pesar de múltiples búsquedas realizadas durante estos años, no se ha encontrado ningún indicio que permita determinar qué ocurrió con él.
La incertidumbre ha sido tan dolorosa para la familia que cada año realizan una actividad simbólica en ese lugar.
“Todos los años vamos a Pico Blanco y tiramos globos y flores porque es lo único que tenemos. No hay un cuerpo, no hay un rastro”, señaló.
La familia también pide que se agoten todas las posibilidades para tratar de identificar restos humanos que hayan sido localizados durante este tiempo.
Según Johana, han solicitado que se tome una muestra de ADN a alguno de los hermanos de Marco para ampliar las posibilidades de comparación genética.
“No sabemos si mi tío murió y si ellos solo hicieron la comparación de ADN con la hija. Habrían tenido más opción también con la de un hermano. Quisiéramos que tomen en cuenta a algún hermano y nos ayuden a terminar esta incertidumbre”, manifestó.
La desaparición ha dejado una profunda huella en la vida de Johana, quien no puede contener las lágrimas al hablar de su tío.
“A mí se me fue la otra mitad de la vida. Todos los días es un tormento, nunca volvió a ser igual. Él siempre fue muy bueno conmigo y con mis hijos”, relató.
Si usted ha visto a Marco Hidalgo Mora o tiene información que pueda ayudar a ubicarlo, puede comunicarse de forma confidencial con la línea 800-8000-645 del OIJ.



