Uno hombres arreglaban un carro en la cochera de una casa en Guácimo cuando agentes del SERT les allanaron la propiedad como parte de una operación para desarticular una violenta organización criminal.
Los sospechosos son señalados como integrantes de la banda conocida como Coco Guácimo, liderada por Ronny Ríos Oconitrillo.
El allanamiento forma parte del caso Tridente, una investigación que permitió al Poder Judicial desplegar una serie de operativos durante la madrugada de este viernes 14 de agosto para golpear la estructura criminal que operaba en la zona de Guácimo.
Ríos Oconitrillo, señalado como líder de la banda, murió abatido durante la operación Némesis, ejecutada el pasado 24 de julio y relacionada con la captura de Alejandro Arias Monge, alias Diablo.
Sin embargo, la muerte del líder no significó el final de la estructura. Las autoridades aseguran que continúan investigando a los integrantes de la organización para determinar quiénes podrían asumir el control y cómo se mantiene funcionando la banda.
Vigilaban a quienes les vendían droga
Uno de los aspectos que más llamó la atención de las autoridades es el nivel de control que la organización ejercía incluso sobre personas que formaban parte de su propia cadena de distribución.
Carlo Díaz, fiscal general de la República, explicó que la banda realizaba labores de vigilancia sobre sus propios vendedores para comprobar que comercializaran únicamente la droga que ellos les suministraban.
“Hacían una contrainteligencia, estudiaban a los mismos vendedores de ellos, para determinar si estaban vendiendo o no las drogas que ellos les proveían”, explicó Díaz durante los operativos.
Según el fiscal, cuando detectaban que alguno de esos vendedores estaba comercializando droga de otra organización, la respuesta podía ser mortal.
“Si alguna de estas personas se les detectaba vendiendo droga de otra organización se les daba la orden de ejecución”, afirmó.
Díaz agregó que para concretar esas ejecuciones, la organización destinaba alrededor de ¢2 millones.
La información revela, según las autoridades, una estructura que no solo buscaba controlar territorios y la distribución de drogas, sino también mantener bajo vigilancia a quienes participaban en su propia red.
Las autoridades describen a la organización como altamente violenta y aseguran que sus integrantes actuaban con un marcado desprecio por la vida.
Parte de las investigaciones apunta a que recurrían a emboscadas para atacar a sus objetivos y que la violencia no estaba dirigida únicamente contra personas ajenas a la organización.
