Por: Adrían Galeano Calvo.   12 junio
De los 16 pandilleros detenidos en 2018 ya 10 fueron deportados y uno expulsado. Foto Migración.
De los 16 pandilleros detenidos en 2018 ya 10 fueron deportados y uno expulsado. Foto Migración.

Las detenciones de mareros en Costa Rica se han hecho tan comunes que a estas alturas del año, nuestras autoridades han agarrado al mismo número que en todo el 2017.

Los sujetos vinculados con estas pandillas optan por “visitar” Tiquicia tanto para esconderse como para continuar sus actividades delictivas sin la presión policial que sienten en su país.

Esto queda muy claro al ver los datos que maneja la Dirección General de Migración y Extranjería, en los cuales se indica que en el 2016 se detuvo solo a un marero, pero para el 2017 esta cifra subió y se dieron 16 detenciones.

El problema no se ha detenido y más bien pinta que puede empeorar. Al 9 de junio de este año ya se ha detenido en territorio nacional a la misma cantidad de mareros que en todo el año pasado. Y al 2018 le falta la mitad.

Ante esta problemática la Policía Profesional de Migración se ha puesto las pilas para que estos pandilleros no pasen mucho tiempo en el país. Por eso es que todos los detenidos en el 2017 ya fueron deportados, mientras que de los que fueron detenidos este año 10 han sido deportados, uno expulsado y 5 permanecen en el Centro de Aprehensión, en Hatillo, esperando ser deportados.

Este marero fue detenido luego de que, en apariencia, cometió un asalto en Goicoechea en febrero de este año. Foto MSP.
Este marero fue detenido luego de que, en apariencia, cometió un asalto en Goicoechea en febrero de este año. Foto MSP.
Política permisiva

Para Álvaro Ramos, experto en seguridad, esta situación es producto de varios factores, entre los cuales destacó una política muy permisiva por parte de las autoridades nacionales para limitar el ingreso de estos extranjeros.

“Se nos han metido exmaras con la historia de que son refugiados, se nos han metido elementos que no tienen nada que ver con refugio político, sino que vienen huyendo de sus vida anteriores, por eso es que hay más personas de esa categoría, criminales y excriminales que vienen al país utilizando un ropaje de refugiados, que no tienen en la realidad”, explicó.

Aunque la presencia de los pandilleros ha aumentado en el país, Ramos casi descarta que las maras se extiendan hasta Costa Rica, pero asegura que la llegada de los maleantazos puede traer consecuencias muy negativas.

“Es difícil que se extiendan las maras como tales a Costa Rica, porque no tienen la vinculación histórica o étnica, pero sí pueden enseñar cómo vincularse al control territorial, vincularse a agrupaciones violentas como los grupos mexicanos y pueden enseñar a los grupos criminales de su experiencia”, añadió.

La Policía Profesional de Migración no se ha quedado cruzada de brazos y ha reforzado los controles fronterizos para detectar a cualquier sujeto con tatuajes relacionados con las maras, pero Ramos cree que se necesitan mejores medidas.