Durante cinco o seis años siguió pistas, escuchó informaciones que ubicaban a Alejandro Arias Monge, alias Diablo, en distintos puntos del país y participó en una investigación que se convirtió en una de las más importantes contra el crimen organizado en Costa Rica.
Pero nada de ese tiempo evitó que la madrugada de la captura de alias Diablo estuviera marcada por el miedo, la tensión y momentos que, según asegura, nunca había vivido.
Javier Valerio, fiscal adjunto de la Fiscalía Especializada de Delincuencia Organizada, contó en el programa Voces MP, transmitido por Columbia, cómo vivió desde adentro el operativo que permitió capturar al narcotraficante más buscado del país.
“La noche previa al allanamiento no se pudo dormir”, recordó el fiscal al hablar de la tensión que rodeó la operación.
Explicó que el equipo tenía claro que enfrentaba una organización criminal con fuertes medidas de seguridad y que uno de los mayores riesgos era perder el factor sorpresa.
Según relató, la estructura utilizaba sistemas de vigilancia y drones térmicos que realizaban recorridos en horas específicas de la noche y la madrugada, lo que dificultaba a los oficiales acercarse al sitio sin ser detectados.
“Cada cierto tiempo subían el dron: a las 10 de la noche, a las 3 de la mañana, a las 5 de la mañana”, explicó.
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Por esa razón, el operativo de captura de alias Diablo fue manejado bajo un estricto nivel de confidencialidad. Valerio indicó que se trató de un grupo pequeño y cerrado para evitar filtraciones.
Del lado del Ministerio Público, se aseguró que únicamente él y el fiscal general Carlo Díaz conocían todos los detalles del plan.
Los minutos más difíciles
Valerio explicó que ha participado en otros operativos de alto riesgo, pero aseguró que la experiencia vivida durante la captura de alias “Diablo” fue distinta.
“El ingreso estaba previsto para las 3 de la madrugada. Los vehículos tuvieron que desplazarse de manera individual para evitar levantar sospechas y los equipos de choque avanzaron hasta el punto donde se iba a realizar la intervención”, dijo.
A unos 200 metros del lugar, el fiscal comenzó a vivir uno de los momentos más tensos de su carrera.
“Los primeros cinco o diez minutos fueron una zozobra que nunca había vivido”, relató.
Según explicó, durante el enfrentamiento se escuchaba una intensa balacera y por radio comenzaron a llegar reportes de compañeros heridos.
“Se escuchaba como cuando usted mete maíz en una olla para hacer palomitas, como entre 1.000 y 1.500 disparos. Escuchar por radio que hay compañeros heridos genera una tensión horrible”, afirmó.
Valerio recordó especialmente el momento en que observó a un integrante del Servicio Especial de Respuesta Táctica (SERT) herido que levantaba la mano para pedir ayuda.
Lo tenían muy cerca y las ganas de ir por él eran desesperantes; sin embargo, acercarse era imposible porque todavía estaban bajo fuego.
“Era la línea de fuego que estaban disparando desde la casa”, explicó.
En ese instante, su admiración por los oficiales que estuvieron al frente del operativo policial creció.
“Mi respeto para esos compañeros y mi admiración. Hay que ser muy valiente para hacer lo que hicieron esos compañeros de choque”, dijo.
El fiscal aseguró que en todo momento se respetó la vida de los sospechosos y que uno de ellos fue abatido al salir de la vivienda donde se resguardaba Roney Ríos Oconitrillo, alias Coco Guácimo.
Una investigación de años
El fiscal insistió en que la captura de alias Diablo no fue producto de la casualidad.
Rechazó las versiones que calificaron el resultado como un golpe de suerte y aseguró que detrás hubo años de trabajo de inteligencia, seguimiento e investigación.
“Decir que fue una chiripa es ignorancia y hasta irrespetuoso”, afirmó.
Por su parte, Mauricio Boraschi, fiscal adjunto de las Fiscalías Territoriales, explicó en el mismo espacio que la investigación requirió años de trabajo entre el Ministerio Público, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y la colaboración internacional.
Indicó que para llegar a una acusación sólida se debe construir la prueba mediante un proceso que se inicia con denuncias, equipos de investigación y distintas acciones judiciales.
También defendió el trabajo realizado durante el operativo y cuestionó las opiniones de personas que han criticado la actuación policial sin conocer los detalles de lo ocurrido.
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Según Boraschi, quienes pueden valorar realmente lo sucedido son los integrantes del equipo que estuvieron en el lugar, especialmente los oficiales que enfrentaron la situación directamente.
Mientras el proceso judicial contra alias Diablo continúa, los fiscales que participaron en la investigación recuerdan aquella madrugada como el resultado de años de trabajo, pero también como una de las experiencias más intensas que les han tocado enfrentar.



