Para muchos, el Día del Padre es una fecha para celebrar rodeados de sus hijos.
Para Roberto Solano, en cambio, es un recordatorio de una ausencia que desde hace casi una década le duele todos los días.
Roberto se convirtió en padre de gemelos y sintió que la vida le había regalado una felicidad completa: un niño y una niña llegaron al mundo al mismo tiempo en mayo de 1998.
Sin embargo, una tragedia le arrebató a su hija Kimberline Solano Salazar, en noviembre del 2016, y desde entonces ninguna celebración volvió a ser igual.
“Para mí es como haber perdido la mitad del corazón; en una sigue mi hijo y en la otra mi hija. Ella siempre fue muy apegada a mí, era mi princesa, la reina, y cuando ella me veía, yo era como su héroe, siempre me llegaba a abrazar”, expresó.
El próximo 26 de noviembre se cumplirán 10 años desde la última vez que vio a Kimberline. Este año ella habría cumplido 28 años.
La joven murió junto a su madre, Grettel Salazar Campos, de 46 años, durante un devastador incendio ocurrido en Los Trillizos, en León XIII de Tibás.
Madre e hija fallecieron abrazadas luego de quedar atrapadas por las llamas.
Según se conoció en aquel momento, ambas habrían ayudado a otras personas antes de que el fuego las encerrara y les impidiera escapar.
A pesar del paso de los años, Roberto asegura que el dolor sigue presente todos los días.
Al recordar a Kimberline, su voz cambia.
Habla de ella como cualquier padre habla de una hija a la que amó profundamente. Recuerda sus abrazos, sus ocurrencias y la alegría que llevaba a cualquier lugar.
Por eso reconoce que cada vez que llega el Día del Padre revive nuevamente la dolorosa ausencia.
LEA MÁS: Ningún incendio dejaba tantos muertos desde el 2005 como el de La Carpio
La última conversación
Por situaciones de la vida, los gemelos vivían con su mamá y Roberto residía en otro lugar.
Aun así, mantenían una relación cercana.
En su memoria sigue presente la última conversación que tuvo con Kimberline apenas cuatro días antes de la tragedia.
LEA MÁS: Por un televisor le arrebataron la vida a un gran papá, sus hijos aún siguen su última enseñanza
La joven estaba feliz porque había aprobado el año lectivo y le contaba a su papá que ya faltaba poco para terminar el colegio.
Ese recuerdo se convirtió en uno de los tesoros más importantes que conserva.
“A ella la vi crecer e intenté protegerla siempre; cuando ocurrió el incendio, no lo supe y no estuve ahí para protegerla. Ese sentir me golpeó y se quedó, es muy doloroso”, manifestó.
La madrugada que cambió todo
La familia siempre había vivido en León XIII.
De hecho, tenían aproximadamente una semana de haberse trasladado al lugar donde ocurrió el siniestro.
“Mis hijos y su mamá siempre vivieron en León XIII, eran parte de la comunidad, tenían quizás una semana de estar viviendo en donde ocurrió el incendio. Yo no sabía que vivían allí”, recordó.
La tragedia ocurrió durante la madrugada.
Curiosamente, el abuelo paterno de Kimberline formaba parte del comité de emergencias de la comunidad.
Sin embargo, nadie imaginaba que entre las víctimas podrían estar su hija y su nieta.
“Mi papá es del comité de emergencias en la comunidad y él estuvo atendiendo la situación, pero fue hasta el amanecer del día siguiente que nos avisan que mi hija y la mamá estaban desaparecidas, que creían que habían quedado en el incendio. De inmediato llegué hasta allí”, recordó.
Una esperanza que duró pocas horas
Durante varias horas, Roberto se aferró a una posibilidad que le daba tranquilidad.
En un principio se decía que Kimberline se encontraba en casa de una amiga.
Esa versión alimentó la esperanza de que estuviera viva.
“Cuando llegué a la escena, ya prácticamente los rescatistas estaban con el escombreo. Cuando hallaron los restos, me habló la gente de Cruz Roja, quienes me conocían.
“Mi hijo se había quedado acompañando a la abuela materna, pues siempre se turnaban los fines de semana para cuidarla”, recordó.
Poco a poco la esperanza comenzó a desaparecer.
“En un principio se decía que mi hija se había quedado en la casa de una compañera, pero luego eso se descartó cuando el taxista que siempre llamaba dijo que andaba con otro servicio y no estaba. Mi hija decidió quedarse con la mamá para que ella no durmiera sola”, lamentó.
La noticia terminó confirmando el peor escenario posible.
Una despedida que nunca llegó
Uno de los aspectos que más dolor le provoca a Roberto es que siente que nunca pudo despedirse realmente de su hija.
Por la magnitud del incendio, no hubo un cuerpo que pudiera velar.
En Medicatura Forense únicamente le entregaron restos que le indicaron correspondían a Kimberline.
“Para mí, como papá, no tuve esa despedida al no poder sepultarla y fue como si se me hubiese desaparecido. Me quedó ese sinsabor de no poder despedirme”, expresó.
Incluso hoy asegura que muchas veces siente como si ella simplemente hubiera desaparecido.
Ese vacío sigue acompañándolo.
Cuatro años de sufrimiento
Los primeros años fueron sumamente difíciles.
Roberto reconoce que atravesó fuertes episodios de tristeza y depresión.
“Sufrí mucho los primeros cuatro años, fue muy fuerte, pasé muchas depresiones, lloraba mucho, llegaba de trabajar y lloraba; si iba a alguna actividad, también lloraba”, expresó.
Su familia intentó ayudarlo. Querían que asistiera a cumpleaños, reuniones familiares y actividades especiales. Sin embargo, él no encontraba fuerzas para hacerlo.
“La familia quería incorporarme en actividades especiales con ellos, cumpleaños de los primos, el cumple de los gemelos, pero no podía, me sentía destrozado”, recordó.
Fechas que ya no son iguales
A medida que pasan los años, Roberto ha aprendido a convivir con el dolor.
Sin embargo, admite que hay fechas que siguen siendo especialmente difíciles. Una de ellas es el Día del Padre.
Otra son los cumpleaños de los gemelos. A veces, incluso despierta pensando en llamarlos a ambos.
“Recientemente, cumplieron años el 25 de mayo. Pienso en llamarlos, luego analizo que mi hija está en el cielo y mi hijo sí sigue con nosotros”, dijo.
Tampoco ha logrado verla en sueños.
“Quisiera creer que algún día llegaría otra vez a estar conmigo, pero muchas personas me aconsejan que deje ir esa idea, porque ya ella está en el cielo”.
Aferrado a la fe
Roberto reconoce que la fe ha sido fundamental para seguir adelante.
“Por dentro siempre llevo un ardor, he buscado guías espirituales y me he agarrado mucho de Dios para seguir”, manifestó.
Aunque el dolor nunca desaparece, encuentra consuelo al saber que muchas personas recuerdan a Kimberline y a Grettel como heroínas.
Este Día del Padre compartirá con su propio padre, quien sigue con vida, y agradece las llamadas de sus ahijadas.
Sin embargo, admite que la alegría ya no es la misma.
Una tragedia que marcó a Costa Rica
Además de madre e hija, otras cuatro personas murieron durante el incendio.
Las llamas destruyeron 72 viviendas y dejaron más de 200 damnificados.
La investigación concluyó que el fuego fue provocado.
“Se descartó un cortocircuito y no se encontró evidencia alguna de que se haya usado gasolina ni ningún otro hidrocarburo. Lo que concluimos es que el fuego fue provocado en una cuartería y que habría iniciado en un colchón”, explicó en aquel momento Héctor Chaves, director de Bomberos.
Las autoridades determinaron que el responsable fue Didier Jiménez Peraza, de 30 años, quien habría provocado las llamadas por un problema con su expareja sentimental.
El sospechoso aceptó los cargos mediante un procedimiento abreviado y recibió una condena de 13 años de prisión.
La Fiscalía del II Circuito Judicial de San José informó que Jiménez Peraza aceptó los hechos acusados y fue sentenciado sin necesidad de realizar un juicio.
“La audiencia preliminar en la que se fijó la pena se realizó el 28 de noviembre de 2017, y el 12 de febrero de 2018 el Tribunal Penal de la zona ratificó dicho proceso abreviado”, informaron las autoridades.





