Adrían Galeano Calvo, Radio Sinaí.31 julio, 2018
A Gustavo le sobran los motivos y las ganas para estar agradecido. Foto cortesía Radio Sinaí.
A Gustavo le sobran los motivos y las ganas para estar agradecido. Foto cortesía Radio Sinaí.

Gustavo Prendas Madrigal, de 26 años, hizo la romería por séptima vez. Salió de su natal San Vito de Coto Brus y en esta ocasión tenía un motivo muy especial: agradecerle a Dios y a la Virgen la ayuda que le dieron para vencer a la muerte en cuatro ocasiones.

Prendas es un legítimo milagro andante. No solo sobrevivió a un accidente que tenía todos los elementos para ser fatal, también logró sobreponerse a varios problemas de salud generados por ese mismo incidente. Y lo hizo aun cuando algunos médicos pensaban que no lo lograría.

Gustavo contó que todo se inició el año pasado, cuando iba manejando hacia su casa –en el centro de San Vito– como solía hacerlo a diario, pero en aquella ocasión la tragedia se le atravesó.

“La fecha nunca se me va a olvidar, fue el dieciséis de octubre. Yo venía hacia mi casa del lado de Sabalito, prácticamente en el lado de San Rafael el carro me derrapó y no lo pude controlar. Después del golpe prácticamente me acuerdo hasta la fecha en la que volví en mí, fue un mes y veinte días después”, contó.

El golpe fue terrible. El carro quedó despedazado y Gustavo sufrió heridas graves. Fue llevado de emergencia al hospital Escalante Pradilla, sin embargo, allí estuvo solo veinte minutos ya que como su condición era tan delicada lo pasaron al San Juan de Dios.

“A lo que me cuentan se me fueron a colapsar los riñones, un doctor llegó y dijo que me iban a poner un medicamento y que si no respondía a ese medicamento en cuarenta y ocho horas fallecía, pero gracias a Dios no fue así”.

Como si no fuera suficiente en ese tiempo que estuvo inconsciente Prendas también llegó a tener una temperatura de 53 grados y, según cuenta, un doctor indicó que si convulsionaba iba a morir.

Luego del accidente Prendas pasó más de un mes inconsciente. Foto cortesía Radio Sinaí.
Luego del accidente Prendas pasó más de un mes inconsciente. Foto cortesía Radio Sinaí.
Visita muy especial

Gustavo no recuerda nada de lo que pasó durante tiempo que estuvo inconsciente, pero su familia le contó todo lo que sucedió, entre eso una visita muy especial que, consideran, fue enviada por la misma Virgencita.

“Dice mi hermano que luego llegó una enfermera con una vestimenta blanca, distinta a la de las demás, de pelo lacio entre rubio y castaño y que le dio un vidrio, me imagino que de los del accidente, y le dijo que se lo llevara a la Virgencita porque yo estaba bien y que nada me iba a pasar. Mi hermano guardó el vidrio”, cuenta.

Días después, aún sorprendidos por aquella extraña visita, los familiares de Gustavo, quien aún luchaba por su vida, fueron a buscar a esa enfermera y se llevaron una sorpresa enorme.

“Mi hermano y mi mamá buscaron a la enfermera, dieron la características (de la enfermera) y les dijeron que entre el personal no había ni una sola muchacha así, a mí eso me puso los pelos de punta”, añadió.

Más problemas

Las adversidades no terminaban para Gustavo, ya que aunque ya había superado el problema con sus riñones y las heridas causadas por el choque aún le quedaba una prueba más, esta vez con un pulmón.

Esta es la cicatriz de la operación que le hicieron para sacarle el agua del pulmón derecho. Foto cortesía Radio Sinaí.
Esta es la cicatriz de la operación que le hicieron para sacarle el agua del pulmón derecho. Foto cortesía Radio Sinaí.

“Después de todo yo tenía una tos como que me ahogaba y en la última diálisis que me hicieron, porque me realizaron seis en el hospital San Juan de Dios, me mandaron a notificar que revisara mi tos porque no era nada normal. Cuando llegué al Escalante Pradilla me hicieron placas y varios exámenes. Al rato llegó el doctor, me trajo una silla de ruedas y me llevó a un consultorio de chiquito y me dijo que estaba grave, que tenían que hacerme un sello de tórax porque en la placa aparecía el pulmón derecho lleno de agua”, contó.

Después de la operación se dio cuenta de que los médicos le sacaron casi un litro de agua del pulmón, de haber pasado más tiempo tal vez no estaría contando el cuento.

“El Diablo lo intentó por todo lado, primero me intentó llevar con el accidente y no pudo, la segunda vez con los riñones y tampoco pudo, la tercera con la temperatura y tampoco le resultó, la cuarta vez fue con la infección del pulmón y tampoco se le dio, bendito sea mi Dios porque aquí me tiene”, dice ahora.

Gustavo está seguro de que esas victorias sobre la muerte fueron porque Dios y la Virgencita siempre estuvieron a su lado. Por eso fue hasta Cartago para dar las gracias.