Encomendarse a algún santo, rezar durante el camino y apretar el acelerador para que el viaje sea lo más corto posible.
Esa es la realidad de los traileros que durante las noches deben atravesar la ruta 27, que va de Caldera a San José; la carretera vieja conocida como Cambronero (Chepe-Puerto); así como la Braulio Carrillo, conocida como la ruta 32, que va hacia Limón.
Esto se debe a que son los sectores más peligrosos para los transportistas, así lo determinaron los analistas de la oficina de Planes y Operaciones (OPO) del OIJ, quienes con base a las denuncias aseguraron que la mayoría de asaltos se dan durante los trayectos por esas vías.
Naranjo, Orotina, Turrúcares, Santiago de San Ramón y San Antonio de Alajuela son los puntos donde frecuentemente se dan los ataques en la 27 y en Cambronero, mientras que en el Caribe sobresalen Guápiles, Río Blanco, Siquirres y Guácimo como las zonas de más riesgo.
Denia Trejos, jefa de investigación de la sección de Asaltos, afirmó que estos lugares son escogidos por las bandas ya que son trayectos solitarios de varios kilómetros y por los que inevitablemente deben pasar los transportistas, quienes muchas veces traen mercadería internacional.
La investigadora afirmó que mantienen investigaciones contra distintas organizaciones, pero prefirió no identificar ninguna.
Bandas actúan a cualquier hora del día
Guillermo Conejo ha sido trailero 33 de sus 51 años de vida. No olvida que hace cuatro años sufrió un asalto en la ruta 32, cuando iba saliendo de una fábrica de varillas en Jiménez de Pococí.
Este vecino de La Unión de Cartago, cuenta que después de esta experiencia sufrió mucho por los nervios y cuando ve un carro similar al que usaron para asaltarlo es inevitable que apriete el acelerador hasta llegar a un lugar donde haya policías o más gente.
“Uno queda en shock, el día que me asaltaron fui el primero en cargar, llevaba unas varillas gruesas. Para salir del predio hay que pasar unos muertos (reductores de velocidad), cuando pasaba el tercero vi un carro parqueado a un lado de la calle yo solo dije ‘diay sí, me tocó’. En cuestión de segundos vi cuando un hombre se me subió por el lado derecho y otro por el izquierdo, un tercer hombre salió de la maleza”, recordó Conejo.
“Me quitaron del asiento, me esposaron y me tiraron al camarote, creí que me iban a matar”, narró.
Para Denia Trejos, la jefe de Asaltos del OIJ, así es la forma en la que atacan este tipo de delincuentes.
Conejo considera que el hombre que manejó el cabezal tuvo que ser trailero en algún momento, porque asegura que lo conducía muy bien y, además, conocía la ruta.
“Cuando noté que pasamos el túnel Zurquí sentí un poco de paz, porque durante todo ese camino creí que me iban a matar y dejar tirado, recuerdo que fuimos a dar hasta Belén de Heredia, hasta ahí anduvieron ofreciendo la mercadería, pero no les salió el negocio porque el tipo de varilla que llevaba era muy gruesa. Al final se robaron la ropa que andaba”, expresó.
La unión hace la fuerza
La jefa de Asaltos del OIJ asegura que en muchas ocasiones la mercadería ya está vendida desde antes que se roben el contenedor, por lo que una de las recomendaciones que le da a los transportistas es no oponerse, porque los maleantes son capaces de atentar contra la vida de los choferes.
Por su parte, Conejo, después de ese asalto, tomó medidas al igual que muchos de sus colegas, por eso andan con radios de comunicación para avisarse si son víctimas de algún asalto y, además, prefieren andar en grupos.


