Lilliam Salazar Carranza tenía apenas seis meses de estar viviendo una de las etapas más felices de su vida.
Tras años de esfuerzo, por fin ejercía la profesión que había estudiado y que la apasionaba: la pastelería.
La mujer de 45 años trabajaba como chef pastelera en un hotel de La Fortuna de San Carlos, un logro que había alcanzado luego de graduarse del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), donde cursó estudios en pastelería durante la pandemia.
“Estaba feliz porque trabajaba en un hotel en el que ejercía como pastelera; era su pasión. Siempre la buscaban para que estuviera en cocina, pero esta vez ella estaba feliz porque se desempeñaba en lo que había estudiado”, recordó su hija mayor, Daniela Salas.
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Según contó Daniela, el jefe de su madre le comentó que tenía más de 20 años de conocerla y que siempre la recordará como una mujer humilde, honrada y dispuesta a ayudar a los demás.
Sin embargo, la felicidad de Lilliam terminó de forma trágica.
La madre de dos hijas desapareció luego de ser vista por última vez la noche del lunes 15 de junio, cuando Daniela la dejó en su vivienda en El Tanque de La Fortuna. Ambas habían acordado verse al día siguiente para que la joven la llevara al trabajo, ya que el celular de Lilliam se le dañó.
Esa misma noche, Daniela escuchó una discusión entre su madre y un hombre de apellido Arias, de 41 años, quien era la pareja de Lilliam y quien hoy figura como el principal sospechoso del caso.
Al día siguiente, Daniela llegó a recogerla para llevarla al hotel donde trabajaba, pero no la encontró.
“Abrí la casa porque llevaba las llaves, pero ella no estaba. Pensamos que ella se había ido a trabajar porque ella nunca fue irresponsable con el trabajo”, relató la joven.
Las sospechas crecieron cuando tampoco llegó a una visita familiar que tenía programada para esa tarde y, cerca de las 7 p.m., una llamada al jefe de Lilliam confirmó que ella nunca llegó al hotel.
Ese mismo día la familia comenzó a buscarla y posteriormente denunció su desaparición ante el OIJ.
Durante la búsqueda, las hijas intentaron comunicarse con Arias, pero este no respondió las llamadas. Más tarde les indicó que pensaba que Lilliam se encontraba en la casa de Daniela.
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Hallazgo frente a la vivienda
La investigación tomó un giro devastador cuando el viernes 19 de junio anterior fue localizado un cuerpo enterrado en una fosa cerca del río La Habana, en El Tanque de La Fortuna, justamente frente a la vivienda de Lilliam.
Aunque las autoridades continúan con los análisis forenses para la identificación científica, todo apunta a que los restos corresponden a la mujer desaparecida.
“Un vecino nos dijo que él la vio al frente de la casa de ella a las 12:30 de la noche. Cuando mi mamá se peleaba con alguien, buscaba apartarse para tomar aire y tranquilizarse. Cuando entró a la casa, quién sabe qué fue lo que pasó”, expresó Daniela.
La joven también reveló que cuando ingresó a la vivienda para buscar a su madre, encontró todo aparentemente en orden.
“El cuarto estaba ordenado y todavía olía al perfume que ella usaba”, recordó.
Sin embargo, posteriormente los investigadores llevaron a cabo pruebas con luminol y detectaron indicios que podrían ser clave para esclarecer lo ocurrido.
“En el colchón y en una almohada había sangre, eso lo detectó el OIJ”, manifestó.
Daniela también notó la ausencia del uniforme y los zapatos que su madre utilizaba para trabajar. Lo único que encontró fueron los lentes que usaba para leer de cerca.
Una mujer luchadora y querida por su familia
Para sus seres queridos, Lilliam era una mujer trabajadora, independiente y el principal apoyo de gran parte de su familia.
Era la mayor de seis hermanos y, según su hija, muchas personas acudían a ella en busca de consejo y ayuda.
“Mi mamá era una mujer independiente, el pilar de mis abuelos. Siempre la buscaban para refugiarse en ella. Era muy empoderada”, recordó Daniela.
La joven aseguró además que su madre había tenido problemas de violencia doméstica con Arias y que él solía mostrar comportamientos celosos.
“Siempre quería que ella hiciera lo que él quería y ella no se dejó manipular. También se llenaba de celos cuando mi mamá salía a tomar café con las amigas”, relató.
Mientras esperan que las pruebas forenses permitan confirmar oficialmente la identidad de los restos y entregarlos a la familia, los allegados de Lilliam continúan enfrentando el dolor de una pérdida que los ha golpeado profundamente.



