Silvia Coto.6 abril

Los buscadores del avión argentino TC-48 aseguran que los violentos baldazos, que fueron como una maldición ya que se iban a adentrar en tierra sagrada para los indígenas, les jugaron una mala pasada en la nueva aventura por dar con la aeronave durante la Semana Santa.

En las redes sociales mucha gente que sigue la búsqueda aseguró que existe algún tipo de “maldición” que hizo que lloviera para impedir que los exploradores llegaran hasta la zona sagrada, donde se cree que podría haber caído la aeronave; sin embargo, José Campos, el experimentado explorador, asegura que aunque la magnitud de las lluvias sí los sorprendieron prefieren creer que fue algo meramente del clima.

A los buscadores les llovió noche y día. Foto: José Campos
A los buscadores les llovió noche y día. Foto: José Campos

Campos y tres hombres más ingresaron a Matama, en Talamanca, el viernes 26 de marzo y salieron el pasado 2 de abril.

La última vez que se supo de la aeronave de la Fuerza Aérea Argentina fue el 3 de noviembre de 1965, en ella iban 54 cadetes, 5 oficiales y 9 tripulantes del país sudamericano.

El buscador aseguró este lunes que todavía se sienten un poco “leñateados” por la búsqueda.

El día que menos caminaron los ticos calculan que fueron unos 8 kilómetros. Foto: José Campos
El día que menos caminaron los ticos calculan que fueron unos 8 kilómetros. Foto: José Campos

“Gracias a Dios nos dejó salir de Matama, porque las lluvias que nos encontramos fueron terribles, indescriptibles, hubo días que nos llovió 22 horas seguidas, pero eran diluvios”, dijo Campos.

La misión que tenían los ticos era revisar siete anomalías que fueron detectadas por un satélite de Missing Aéreo (radar) y que se confirmaron también con dos versiones que recibió Campos tiempo atrás.

Cada kilómetro que calculó el satélite eran cuatro kilómetros de pura montaña. Foto: José Campos
Cada kilómetro que calculó el satélite eran cuatro kilómetros de pura montaña. Foto: José Campos

En el primer caso fue la hermana de un señor ya mayor que estuvo en aquellas montañas y le dijo a ella que vio la aeronave completa con la punta clavada en la tierra y la cola levantada.

El segundo caso es parecido. Un hombre afirma haberlo visto entero, no despedazado, y los dos relatos tienen en común que describen un lugar pantanoso y plano que, se supone, es visto por los indígenas como sagrado.

Los exploradores aprovecharon para cortar unos palmitos y bananos verdes y alimentarse. Foto: José Campos.
Los exploradores aprovecharon para cortar unos palmitos y bananos verdes y alimentarse. Foto: José Campos.

Aunque los hombres tenían grandes expectativas con la búsqueda, el agua los castigó, José nos contó que el día que entraron hacía mucho sol y era un polvazal, pero cuando apenas llevaban una hora de trepada empezó a llover terriblemente.

“Nos habían alertado que venía un frente frío y que parecía que iba a llover, pero bueno, nosotros pensamos que sería lluvia, tal vez un poco más de lo normal, nosotros planeamos ir esa semana porque normalmente es verano, los aborígenes salen a pescar y cazar por el buen clima que hace, hay registro de que en 200 años no llovía así en esta zona”, dijo el montañista.

El día en que menos caminaron los hombres fueron 8 kilómetros y el que más trolearon fueron 18. Durante los días de gira caminaron 88 kilómetros que es como ir de San José a Puntarenas.

En total cuatro hombres se metieron en la montañas a buscar el avión. Foto: José Campos.
En total cuatro hombres se metieron en la montañas a buscar el avión. Foto: José Campos.

El buscador aseguró que en algunas partes metía la bota en el terreno y en lugar de avanzar daba dos pasos para atrás.

“La parte más difícil era levantarse en la mañanas y volver a empacar con dos o tres kilos de agua encima, además con una maleta de 50 libras a espaldas. Honestamente la noche del martes o miércoles fue una cosa terrible, estaba muy oscuro, las gotas que caían era muy gruesas y nos faltaban tres días, entonces había que tener cuidado de un resbalón o una cortada con machete, andaba uno con cierto temorcito”, dijo José, quien era el paramédico de la expedición.

Por suerte apenas sufrieron algunas caídas, resbalones de dos metros y pequeñas heridas por bejucos o espinas.

El avión está desaparecido desde 1965.
El avión está desaparecido desde 1965.

“Nos alcanzó bien la comida, unos cuantos palmitos y bananos verdes nos ayudaron”, dijo.

Campos asegura que los ríos estaban muy crecidos.

“Nos dimos cuenta que las distancias con el GPS son lineales como para un helicóptero, un kilómetro eran cuatro kilómetros de tierra, hubo curvas en las que había que quitarse obstáculos y algunas quebradas.

A los buscadores les hicieron falta días y mejor clima. Foto: José Campos.
A los buscadores les hicieron falta días y mejor clima. Foto: José Campos.

“Cuando llegamos al punto 7, que fue el único que pudimos revisar, había muchos árboles, selva, no hubo buenas condiciones para buscar, pudimos estar apenas 45 minutos ahí, nos hizo falta tiempo, pero teníamos que volver al campamento”,dijo don José.

Campos tuvo comunicación con Suiza todas las noches gracias a un trasmisor satelital que les prestó don Carlos Vargas, dueño de Aerodiva. Ese trasmisor es como un beeper satélital que permitía tener noticias de ellos y cómo avanzaba la búsqueda, los detalles fueron publicados en la página de Facebook: Avión TC-48 los seguimos buscando.

“Al punto siete llegamos el martes, pero teníamos que salir de Talamanca el viernes, necesitábamos más días y mejores condiciones del clima, si tuviéramos plata lo ideal sería llegar en helicóptero, aunque no hay donde aterrizar, pero algo se podría hacer, eso depende del piloto y la capacidad de que se sostenga”, dijo el buscador.

Los familiares de los argentinos se mantuvieron pendientes durante toda la semana y apoyan la idea de que Campos y los demás valientes regresen a Talamanca para revisar el resto de los puntos marcados por el radar.

“Nos quedamos más picados de lo que íbamos, no podemos decir que no está ahí. El punto 1 y 2 son los que nos tienen con más sangre en el ojo, porque antes de que los suizos lo vieran con el satélite ya teníamos información”, dijo.

José asegura que ellos esperan volver en octubre a la zona, pero en una próxima incursión necesitan por lo menos 10 días.

Los hombres caminaron 88 kilómetros. Cortesía José Campos.
Los hombres caminaron 88 kilómetros. Cortesía José Campos.

Con la búsqueda reciente, ya el buscador ha recibido tres informaciones nuevas sobre la posible ubicación del TC-48; sin embargo, algunas fueron descartadas porque podría tratarse de otra aeronave, pues por la trayectoria de vuelo que traía el avión es imposible que cayera en lugares que le pasaron.