Un abrazo, un “mamita, te amo” y la promesa de avisar cuando llegara para saber que todo estaba bien es hoy el último recuerdo que tiene Evelyn Rojas de su hija Luz Adriana Segura Rojas, de 24 años, víctima de un terrible accidente de tránsito.
La tragedia golpeó a la familia vecina de Costa de Pájaros, en Puntarenas, poco después de las últimas palabras que compartieron madre e hija el 24 de enero de este año.
La mamá nos contó que Adriana, a quien de cariño le decían Nana, dejó a su mamá en una parada de buses e iba en su moto para la casa del novio cuando, minutos despúes de esa despedida, se dio la tragedia que le costó la vida a la muchachita.
El accidente ocurrió en una recta frente a una ferretería en Costa de Pájaros, entre las 3 p. m., y las 3:30 p. m.
“Yo iba para una capacitación, nos despedimos y ella me dijo que la llamara para saber que yo había llegado bien, mi viaje era de dos horas, pero no iba ni por la mitad cuando recibí la llamada de que ella había sufrido un accidente”, recuerda la mamá.
Al parecer, Nana iba bien cuando se dio el choque.
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“Lo que sabemos es que ella iba en su carril y el conductor de un carro que venía en sentido contrario le invadió para hacer un viraje y meterse a la ferretería, entonces la chocó”, relató la mamá.
Doña Evelyn tiene un hijo de 15 años que fue quien la llamó para avisarle.
“‘Mamita, Nana tuvo un accidente’, me dijo mi hijo, yo no podía creerlo, me bajé del bus en Chomes y él y su papá llegaron al sitio del accidente, ella estaba consciente”, narró la mamá.
La señora dice que su hija les decía que le dolía mucho el cuerpo y que tenía miedo, pero como ellos la vieron hablar y casi que lo único que tenía era un golpe en la boca jamás pensaron en la desgracía que se avecinaba.
La joven fue llevada al Hospital Monseñor Sanabria, en Puntarenas. Su mamá logró verla con vida en el centro médico, pero lo último que le dijo fue: “Mami, aguante, mi chiquita”.
En el centro médico intentaron salvarla, fue operada, pero las lesiones internas eran graves. Su cuerpo estaba contaminado.
“El doctor me dijo que sus horas eran cruciales, pero que no iba a sobrevivir. Yo me aferraba y le dije que para Dios no hay nada imposible, pero para ellos no había nada que hacer”, recordó Evelyn.
A las 8:15 p. m., la familia recibió la peor de las noticias.
La mamá asegura que vive día a día, porque el dolor que sienten es demasiado, no hay día que en su casa no lloren por Nana.
“Mi hija había estudiado turismo y en ese momento cursaba la carrera de educación primaria en la UNED. Realizaba sus prácticas en una escuela de la comunidad, con la ilusión de convertirse en docente, eso la tenía muy ilusionada, yo también estudio lo mismo, por lo que compartíamos ese sueño”, dijo la mamá, quien también aseguró que ellas eran inseparables.
La joven era también un apoyo de su hogar. Ayudaba a su madre en la venta de comidas, que ofrecían por redes sociales para ganarse un dinerito.
“Todo lo hacíamos juntas”, cuenta Evelyn con mucho dolor.
La motocicleta en la que viajaba la había comprado con esfuerzo hace unos dos años. Era uno de sus logros, uno de esos sueños que iba cumpliendo poco a poco.
Su mamá cuenta que la compró de segunda, pero se sentía muy feliz y era muy cuidadosa para manejar.
Le gustaban los animales, el fútbol y compartir con su familia. Acompañaba a su hermano en entrenamientos y presentaciones, siempre cerca, siempre presente.
“Para él ha sido muy duro, porque ella no se le despegaba, siempre andaban juntos para todo lado, ella era como si fuera su mamá, ha sido duro para todos, para su abuelita, todos estamos mal”.
Hoy cada recuerdo se ha convertido en un tesoro para su madre, ella tiene cosas valiosas de su hija en una cajita. Además, confiesa que le cuesta poder salir de la casa.
El caso permanece en investigación por parte del OIJ. La familia asegura que no ha tenido contacto con el conductor involucrado y mantiene la esperanza de que se haga justicia.
“Nosotros solo esperamos que el accidente de mi hija tenga justicia porque es muy díficil vivir con este dolor que sentimos, yo extraño a mi hija cada segundo, ella era mi compañía, siempre me decía, ‘mamá, apenas consiga trabajo nos vamos a endeudar para irnos de viaje’, es un dolor que no lo deja a uno vivir”.



