María José Hernández Vargas, de 31 años, fue una mamá esforzada hasta el final de su corta vida. Ahora su familia espera que la justicia sea pronta y cumplida, mientras intenta sobrellevar el dolor de haberla perdido.
María José viajaba en una bicimoto por Lindora, Santa Ana y regresaba del trabajo hacia su casa, donde la esperaban sus dos hijos, un niño de 11 años y una niña de 7 años.
En el camino, fue golpeada por detrás por un vehículo que, según el relato de su familia, viajaba a alta velocidad. Debido al fuerte impacto, la mujer quedó sin vida cerca de una cuneta.
Los ocupantes del carro huyeron del sitio y, de acuerdo con la familia, tampoco se detuvieron para auxiliarla. En el lugar dejaron abandonado un vehículo de lujo, un Audi modelo 2022, inscrito a nombre de SS Bistro G Responsabilidad Limitada.
Papá se topó con fatalidad
Luis Hernández, papá de María José, fue el primero de la familia en enterarse de la tragedia al preocuparse porque su hija no llegaba a la casa. Al recorrer el camino que ella acostumbraba hacer para regresar del trabajo, vio una cinta amarilla, por lo que se acercó al sitio.
“En ese momento se me vino el mundo encima. Reconocí la moto de mi hija y esperaba que me dijeran que estaba en un hospital, pero no, me confirmaron lo peor que puede escuchar un papá”, exclamó.
Este 31 de agosto se cumple un mes de la muerte de María José, un caso por el que, hasta ahora, no hay personas detenidas.
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Su último esfuerzo fue para la graduación de su hijo
María José tenía una ilusión especial: ver a su hijo mayor graduarse de la escuela en 2026.
Con mucho esfuerzo, incluso había logrado pagar por completo el paquete de graduación del niño antes de morir.
Su papá recuerda que ella hacía todo lo necesario para que sus hijos tuvieran lo que necesitaban.
“Ella se desvivía por sus hijos. El varón este año está en sexto, entonces el paquete de graduación, usted sabe que vale un ojo y medio de la cara. Ella decía: ‘Mi chiquito va precioso, veré cómo hago’. Si tenía que vender números, lo hacía para sacar a los niños adelante. Lo último que pagó fue eso. Decía: ‘Ya es una cosa menos que pensar’”, recordó don Luis.
Padre e hija eran muy unidos. Incluso vivían juntos y compartían la responsabilidad de estar pendientes de los dos niños.
Don Luis cuenta que durante muchos años María José había vivido en un círculo de violencia doméstica, pero en los últimos siete meses de su vida, ella y sus hijos se habían trasladado a vivir con él.
“Todos nos cuidábamos. Ella trabajaba en un bar restaurante en Lindora y así sacaba adelante a sus hijos. Regresando de este trabajo fue que me le quitaron la vida”, mencionó.
Papá la reconoció por una mancha de nacimiento
La violencia del impacto fue tal que don Luis no pudo reconocer inmediatamente a su hija.
Según relató, pudo identificarla por una mancha de nacimiento que tenía en la cadera.
El padre también contó lo que la patóloga les explicó sobre las lesiones que sufrió María José.
“Debido al golpe, el casco lo partió a la mitad. La patóloga nos dijo que le había quebrado la columna y las dos piernas. Si mi hija hubiera sobrevivido, hubiera quedado como un vegetal”, señaló.
El dolor se vuelve aún más evidente cuando sus nietos hablan de ella.
“Lo más doloroso es escuchar a los niños cuando recuerdan a la mamá y dicen: ‘Mamá me peinaba de tal manera’ o ‘mamá siempre me decía tal cosa’”, contó don Luis.
Actualmente, todos los miembros de la familia colaboran para cuidar a los menores. La exesposa de Luis también solicitó la custodia completa de los niños al Patronato Nacional de la Infancia (PANI).
María José tenía sueños pendientes
Además de sacar adelante a sus hijos, María José tenía otros proyectos personales.
Uno de sus sueños pendientes era retomar los estudios universitarios, los cuales había dejado durante su primer embarazo.
Ahora, su familia espera que la investigación permita determinar quiénes viajaban en el vehículo que la atropelló y que se haga justicia por su muerte.
Luis reconoce que no solo habla por su hija, sino por otras familias que también han perdido a seres queridos y esperan respuestas.
“Aquí las leyes están hechas para los pobres, porque las personas con plata pagan y no descuentan por el daño que hicieron. Yo solo pido que para mi hija haya justicia. Sé que también hay más familias que quisiéramos que la justicia sea pronta y cumplida”, aseveró el padre.



