Rocío Sandí.19 diciembre, 2018
El documental es parte de la temporada tres de la serie. Foto: Tomada de Netflix.
El documental es parte de la temporada tres de la serie. Foto: Tomada de Netflix.

Un documental de Netflix sobre la cárcel Jorge Arturo Montero, más conocida como La Reforma, la muestra como una de las peores prisiones de Latinoamérica.

El hacinamiento, la cantidad de drogas que se trafican dentro del centro penal, las malas condiciones en las que viven los reos y la violencia fueron razones más que suficientes para que el periodista y exconvicto Raphael Rowe la calificara como “un infierno en la tierra”.

Rowe y un equipo de cinco personas visitaron “La Refor”, en San Rafael de Alajuela, durante una semana con el fin de conocer desde dentro la realidad que viven los privados de libertad y exponerlo en uno de los capítulos de la serie “Inside the world’s toughest prisons” (Dentro de las prisiones más duras del mundo), el cual ya está disponible en Netflix.

Al llegar a la celda, el periodista fue llevado con Luis (gorra negra), el 'jefe' del pabellón. Foto: Tomada de Netflix.
Al llegar a la celda, el periodista fue llevado con Luis (gorra negra), el 'jefe' del pabellón. Foto: Tomada de Netflix.

El exministro de Justicia Marco Feoli contó que los productores de la serie se comunicaron desde el año pasado con el departamento de prensa para tener un acercamiento con las autoridades ticas y obtener el permiso para grabar.

Luego de meses de conversaciones, los productores hicieron unas visitas para afinar detalles y en enero de este año empezaron las grabaciones. Todo el proceso se dio en paz, ya que siempre hubo vigilancia policial y los reclusos se apuntaron y colaboraron en todo lo que pudieron.

Al inicio del documental, el comunicador anuncia que pasará ‘preso’ varios días en la cárcel donde están recluidos más de tres mil peligrosos criminales; sin embargo, Feoli, quien en ese momento era el jerarca, dijo que el periodista nunca durmió ni comió en la cárcel, sino que solo llegaba a grabar en el día.

El trabajo muestra por dentro una cárcel sucia, mal oliente, peligrosa, que en lugar de rehabilitar a los delincuentes que llegan sirve como una universidad del mal. Ante eso, el exjerarca asegura que es bueno que la gente vea las condiciones reales en las que están los reclusos.

En este patio pasan buena parte del tiempo los privados de libertad. Foto: Tomada de Netflix.
En este patio pasan buena parte del tiempo los privados de libertad. Foto: Tomada de Netflix.

“Nosotros nunca ocultamos la realidad que se vive en las cárceles del país, es un verdadero desastre, es urgente humanizar las cárceles. La gente que está afuera no entiende que si a un privado de libertad se le trata en la prisión como a una bestia, cuando salga no será un derroche de virtudes”, aseguró.

En el primer día de Raphael en la prisión, los policías penitenciarios los revisaron, no muy a fondo, para verificar que no metiera drogas ni armas. Luego lo llevaron a una celda con varios reclusos, en la que todos están esperando a ser asignados a algún pabellón, ahí recibió sus primeros consejos.

“Aquí hay que llevarse bien con la gente, cuando ve algo lo mejor es que haga como si no lo hubiera visto y no toque nada, porque lo matan”, le dijo un hombre que descuenta una pena por homicidio.

Luego de que lo ubicaron en el ámbito B, los reclusos de ese sector se reunieron en el portón y a su llegada empezaron a gritar “¡barco!, ¡barco!”, esa es la palabra clave para anunciar que llegó un nuevo compañero.

Los reos se hicieron un gimnasio para liberar el estrés. Foto: Tomada de Netflix.
Los reos se hicieron un gimnasio para liberar el estrés. Foto: Tomada de Netflix.

Al entrar a la celda lo primero que hizo Rowe fue conocer a Luis, el ‘jefe’ del pabellón, quien le dijo que si quería que todo saliera bien debía seguir sus órdenes. Luego le asignaron una cama en la parte de arriba de un camarote por la que tenía que pagar una cuota no especificada y lo llevaron a conocer los baños, ahí se llevó una gran decepción porque ni siquiera hay duchas.

Los reos se bañan con unos estañones en los que recogen agua y para defecar usan servicios sucios a los que deben echarles agua para lavarlos.

El ‘teniente’ Michael, otro de los reclusos, fue el encargado de darle un paseo por el lugar y explicarle como es la vida en La Reforma. Él lleva preso ocho años de una condena de 35 años por dos asesinatos. La primera vez que pisó una prisión tenía solo 13 años y fue por un homicidio.

El reo contó ante las cámaras que no tuvo niñez, ya que su padrastro era adicto a la piedra y siempre le daba golpizas, por lo que a muy corta edad conoció la maldad que abunda en el mundo. Además, asegura que los que entran a esa cárcel sin ser criminales salen siéndolo, no hay rehabilitación, asegura que solo es una escuela del crimen.

Los reclusos se apuntaron al documental y colaboraron en lo que pudieron. Foto: Tomada de Netflix.
Los reclusos se apuntaron al documental y colaboraron en lo que pudieron. Foto: Tomada de Netflix.
Desagradable premio

En el segundo día en prisión, el ‘jefe’ del pabellón puso al periodista a hacer un trabajo para ganarse el respeto de los demás, le encomendó sacar agua con basura de una alcantarilla mal oliente. Como recompensa recibió una taza de caracolitos en una especie de salsa sin sabor a nada, una de las comidas más comunes en la prisión, pero el ‘premio’ más bien le dio asco a Raphael.

También lo llevaron a un ingenioso gimnasio en el que los reos liberan gran parte del estrés que acumulan por estar encerrados, el lugar fue acondicionado por los propios reclusos, como ellos no pueden tener pesas ni nada parecido, hicieron unas con botellas de plástico llenas con agua.

En otro de los días que estuvo en la prisión alajuelense, Rowe ayudó en la cocina y fue a repartir papayas a las celdas en compañía del gringo Glen, quien le contó que él hace favores a los otros reos y es capaz de conseguir cualquier tipo de droga para ellos.

Él está preso por haber secuestrado y asesinado a dos estadounidenses y reconoció tener un problema de sociopatía.

A la llegada del periodista todos gritaban
A la llegada del periodista todos gritaban "¡barco!", esa es la clave para anunciar que llegó un nuevo compa. Foto: Tomada de Netflix.

Raphael compartió también con los policías penitenciarios, quienes les dijeron que ellos luchan a diario para decomisar drogas, armas, teléfonos, chips y chicha, entre otras cosas. Le contaron que mientras hacen sus labores reciben salivazos y hasta pedazos de excremento.

Al final del reportaje se muestra una nueva sección de la cárcel completamente distinta. Edificios bonitos, paisajes llenos de jardines y salones bien pintados, los cuales albergan a reos de baja contención que al pasarse ahí firman un contrato en el que se comprometen a cumplir las reglas de convivencia.

Marco Feoli expresó que ese final da una esperanza para que el sistema penitenciario se reforme para bien y poco a poco queden atrás las cárceles frías e inhumanas, dando paso a nuevos centros que ayuden a una atención integral de excelente nivel para los reclusos.

Al consultarle a los actuales jerarcas del Ministerio de Justicia qué opinan del documental, el viceministro interino del Sistema Penitenciario, Fabián Solano, dijo por medio de un comunicado que los problemas que se muestran en la serie son reales y se vienen dando desde hace muchos años.

Este es el nuevo centro, que está a la par de las viejas instalaciones de La Reforma. Foto: Tomada de Netflix.
Este es el nuevo centro, que está a la par de las viejas instalaciones de La Reforma. Foto: Tomada de Netflix.

“Aunque el documental trata sobre situaciones y problemáticas que se venían arrastrando durante décadas en el sistema penitenciario, como los índices de hacinamiento y situaciones vinculadas con el consumo de drogas, es necesario aclarar que la presente administración, en el momento de su ingreso, identificó estas problemáticas e inició la aplicación de varias acciones para mejorar estas condiciones y aumentar los elementos vinculados con los derechos humanos y la seguridad en general”, expresó.

En cuanto a la sobrepoblación, Solano aseguró que trabajan en la construcción de tres mil espacios nuevos para desahogar las cárceles. Sobre el consumo de drogas, las autoridades hacen requisas periódicas y están implementando el programa de “Comunidades Terapéuticas” para ayudar a los reos adictos.